Fotocopias a todo volumen

La pistola imprimible ha desatado el interés por la reproducción de objetos en 3D. Estas 'impresoras' abandonan ahora el ámbito industrial y llegan a particulares con dispositivos asequibles.

MICHAEL MCLOUGHLINMADRID
Impresoras 3D en una exposición de Nueva York. / Afp/
Impresoras 3D en una exposición de Nueva York. / Afp

Junto a temas de calado como la recuperación económica o la seguridad nacional, la tecnología tuvo un pequeño cameo en el discurso que Barack Obama pronunció en el último debate sobre el estado de la Unión. «Un almacén en otro tiempo cerrado en Youngstown es ahora un laboratorio donde se está dominando la impresión 3D, algo que tiene el potencial de revolucionar la manera en que hacemos casi todo», recordó. El actual inquilino de la Casa Blanca sintetizó así la pujanza de una de las tendencias más comentadas en los últimos meses: la impresión física de objetos en tres dimensiones. Algo que ahora ha saltado al ámbito particular permitiendo fabricar en casa desde lámparas o repuestos para bicis hasta un revolver.

Hasta hace poco este avance, que amenaza con cambiar incluso el alma del proceso industrial, era un reducto de islotes inconexos, insuficientes para crear un archipiélago, que quedaba en manos de las grandes corporaciones. «Llegará el día en que acabemos imprimiendo en casa el repuesto para el asa de la nevera». Esto lo afirma Lorenzo Chavalet, uno de los creadores de WitBox, un equipo de reproducción de objetos que será presentado en el Euskal Encounter del próximo mes de julio en Bilbao, pasando a engrosar el corto listado de dispositivos de este tipo fabricados en España.

Witbox formará parte de una generación de equipos que han abierto las puertas a particulares y pequeñas empresas. «El abaratamiento de la tecnología ha permitido que ahora todo esté al alcance de, por ejemplo, estudios de arquitectura que necesiten hacer una maqueta», aclara Chavalet. Algo impensable hasta ahora, dado que la inversión que requería hacerse con una de estas máquinas podía alcanzar cifras estratosféricas. Dependiendo el material escogido para la producción el coste podía ir desde los 150.000 euros por algunas que trabajaban con plástico hasta el millón de euros que rondan las que trabajan con polvo de arena. Ahora la horquilla se ha abierto y hay varios equipos más asequibles con precios de salida desde 500 euros. En la mayoría de casos, las piezas se adquieren por internet y las monta el usuario por su cuenta o en un pequeño cursillo que organizan algunas empresas. «La verdadera revolución es la incorporación al medio doméstico gracias, en parte, a los equipos de código abierto», comenta David Bordonada, responsable de la aragonesa Cooking Hacks, que la semana pasada puso a la venta su propio equipo basado en esta filosofía ofreciendo todas las piezas necesarias en una misma web por apenas 650 euros.

El funcionamiento de estas máquinas es sencillo. Tras diseñar la figura en un ordenador, el archivo se carga en el equipo y a partir de ahí la máquina calienta el material a través de un sintetizador y va modelando la figura de manera aditiva, es decir, colocando sustancia allí donde se necesite, con el ahorro de coste que ello supone frente a fórmulas sustractivas como esculpir.

Cada vez son más comunes plataformas como Thingiverse, que ofrece la posibilidad de descargarse miles de plantillas, desde pesas hasta juguetes o herramientas. Esto abre también un nuevo frente: el de los derechos de autor. «Pasará como con la música. Habrá gente que registre sus creaciones y otros que opten por las licencias 'creative commons' y compartirlo libremente», augura Bordonada quien cree que «visto lo visto», la impresión 3D «no tiene límites». «Hasta la NASA se ha planteado instalar algunas en la Estación Espacial Internacional para generar repuestos», cuenta Chavalet. Desde la automoción o la construcción hasta la industria farmacéutica. El interés salpica a todo tipo de sectores y gremios profesionales.

La frontera parece ser la imaginación en casos como el de la bioimpresión. Investigadores salpicados en uno y otro lado del mundo han conseguido ya 'fotocopiar' desde tejidos humanos que ayudan a cicatrizar lesiones o reproducir orejas que ayuden a superar malformaciones. La medicina puede aprovecharse de la posibilidad, entre Hay, incluso, quien ya trabaja para lograr crear carne para consumo humano. Algo que ha llamado la atención del adinerado Pether Thiel, cofundador de Paypal, que hace unos meses anunció una generosa inversión en uno de estos proyectos.

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