El chino y el alemán, sin sitio en las aulas

La crisis dispara la demanda de unas lenguas que son testimoniales en las aulas españolas

DAVID VALERAMADRID
Un alumno, en una clase de chino./ B.Corral/
Un alumno, en una clase de chino./ B.Corral

Good morning, bonjour, bon dia, bo dia o egunon. Estas son las cinco lenguas distintas al castellano en las que un alumno puede oír decir buenos días en un colegio o instituto de España. Sin embargo, difícilmente escuchará ese saludo en alemán o chino. Y es que esos dos pujantes idiomas correspondientes a la cuarta y segunda economías del mundo, respectivamente, son un asunto testimonial en el sistema educativo.

La crisis ha convertido a Alemania y China en refugios donde desarrollarse profesionalmente acorde a la formación académica recibida. Sin embargo, la principal barrera para iniciar cualquier actividad en ambos países es el idioma. En el sistema educativo español, tanto el alemán como el chino están completamente marginados. Con la dictadura del inglés como primera lengua, el segundo idioma ofertado en la enseñanza Secundaria es una asignatura voluntaria a elección de los centros. Y en esa decisión el francés sigue siendo mayoritario por incomparecencia de sus rivales, es decir, por la imposibilidad de ofrecer otra opción ante la falta de profesores que dominen otras lenguas.

Además, no hay visos de que la nueva reforma educativa del Gobierno de Mariano Rajoy contemple cambios sustanciales a ese respecto. Es decir, que serán las comunidades autónomas y los centros docentes quienes tendrán la última palabra sobre qué lengua impartir en cada caso. Y ahí, otros idiomas distintos al inglés o francés no tienen ninguna posibilidad pese a su demanda creciente en la sociedad.

«El interés por el idioma alemán está creciendo a una velocidad inaudita», explican desde el Instituto Goethe de Madrid. Este centro de fomento de la cultura y lengua germana ha notado cómo con la crisis el número de alumnos se ha multiplicado. En 2011 tuvieron un 40% más de inscripciones y un 50% más en 2012 respecto a los años anteriores a la debacle económica. «Continúa la tendencia al alza que comenzó hace casi dos años», explica Manfred Ewel, director académico del Instituto Goethe de Madrid.

El perfil de los alumnos y el objetivo que les impulsa a aprender la lengua del autor de Fausto está bien definido. «Aproximadamente un 25% de todos nuestros estudiantes son ingenieros, médicos o especialistas informáticos que buscan un futuro profesional en Alemania», afirma Ewel. Para atender el perfil profesional de sus estudiantes el Instituto ha desarrollado unos cursos especiales enfocados al ámbito laboral. En ellos se les enseña a redactar un currículum o una carta de presentación. También practican las entrevistas de trabajo. «Pretendemos preparar a los alumnos para el mundo laboral alemán», aseguran.

Las aulas

Este interés y este auge de las academias de alemán contrastan con la presencia testimonial en los centros educativos. En el curso escolar 2009-2010 el alumnado que aprendía alemán suponía un insignificante 0,4% del total, según datos del Instituto Goethe. Estas cifras van en la misma dirección que las oficiales. En la Comunidad de Madrid los centros que ofrecen alemán como segunda lengua se reducen al 6%. El francés acapara con un 86% esa oferta y el italiano 1% (el resto es inglés como segunda lengua). Pese a las dificultades, algunos centros apuestan por el bilingüismo. En Andalucía un acuerdo entre la Junta y el Instituto Goethe ha permitido que el 2% de la enseñanza bilingüe.

Pero si la presencia del alemán es muy reducida en el sistema educativo español, la del chino es nula. A priori, aprender esta lengua puede resultar una tarea casi imposible por las enormes diferencias. Sin embargo, hay nuevos métodos que afirman reducir el tiempo de aprendizaje notablemente. «Dedicándole media hora al día puedes aprender a hablar chino en 8 meses», asegura Anxo Pérez, creador del programa 8belts.com. Este políglota habla ocho lenguas realizó un viaje a China en 2006. A su regreso decidió desarrollar un curso basado en la teoría del descarte, es decir, en enseñar solo el 20% del idioma que se utiliza en el 80% de las conversaciones.

«Hay palabras que no tienen utilidad. Apostamos por la jerarquización de la lengua», explica. Para ello estructuran las palabras en su frecuencia de uso y el grado de combinación. «Este método está llamado a revolucionar el aprendizaje de idiomas», explica. De momento, sus alumnos le dan la razón, entre ellos, el embajador español en China.