La rebelión de las intocables

Una mujer 'dalit' llega al poder en Uttar Pradesh, y millones más hacen su revolución callada contra el sistema de castas hindú

TEXTO: MANU MEDIAVILLA FOTOS: BSC
EL POZO. El punto en el que recogen el agua se ha convertido en un motivo de debate social./
EL POZO. El punto en el que recogen el agua se ha convertido en un motivo de debate social.

LA rebelión, cotidiana y sutil, de las 'dalits' o intocables contra el rígido y excluyente sistema de castas hindú acaba de romper otra barrera con el acceso al poder de Mayawati Kumari en Uttar Pradesh, el Estado más poblado de la India, con 186 millones de habitantes. Pero más importante aún que el gran éxito político de una de las suyas, es la revolución callada que protagonizan a diario las mujeres de ese grupo social, condenado a los trabajos más serviles y al que se niega incluso la posible seña de identidad de la casta.

Los 140 millones de 'dalits' de la India están, simplemente, fuera del sistema. La misma palabra, procedente del sánscrito 'dal', lo dice todo: significa roto, oprimido. Y este significado, que los propios activistas anti-castas utilizan para representar a la vez su extrema marginación y su esperanza de liberación, se redobla en el caso de las mujeres, que ven añadir a la discriminación de casta la de género.

Pero ellas no se rinden. Incluso dentro del campo de juego marcado por la tradición, las 'dalits' desarrollan estrategias de resistencia que desafían la dominación patriarcal y les permiten conquistar espacios de autonomía. Así lo desvela el libro 'El columpio de seda. El universo cultural de las mujeres intocables de la India', que recoge una investigación participativa realizada durante tres años por la ONG 'Behavioural Science Center' en el Estado de Gujarat y cuyo elemento clave son las propias voces de las intocables. Felices de poder romper el muro de silencio que las ha acallado durante siglos, ellas desgranan sus sentimientos, confirmando esa rebelión de las 'dalits' en sus canciones y relatos.

Ganar batallas

Como dice Valeria Méndez de Vigo, responsable de la edición española y autora de una esclarecedora introducción sobre la realidad india, «la mujer no aparece como víctima pasiva, sino como persona activa que reacciona y consigue revertir el orden establecido». Y ello aunque aparque la confrontación y recurra a subterfugios y reivindicaciones, que le permiten ganar batallas posibles y conseguir pequeños logros cotidianos. Estrategias de supervivencia para aumentar su autoestima en un contexto asfixiante.

Fernando Franco, jesuita con 37 años de experiencia en la India y coautor del libro junto a Jyotsna Macwan y Suguna Ramanathan, subraya que los sistemas de casta y de género se refuerzan uno a otro hasta componer una situación tremenda de doble discriminación para las dalits. El primero sobrevive gracias a la endogamia, «y para eso hay que controlar la sexualidad de la mujer, que no puede casarse con quien quiere». Esa opresión de casta se refuerza de modo violentísimo: si un grupo de dalits tiene que limpiar unas cloacas secas, el trabajo recaerá en la mujer. «Ellas están al final de otro final».

Pero frente a esa doble exclusión, coinciden Franco y Méndez de Vigo, el feminismo occidental de reivindicaciones explícitas no vale; el feminismo indio esquiva la confrontación abierta para centrarse en una especie de revolución de las pequeñas cosas. Un buen ejemplo de esa rebelión a la 'dalit' son las 60 intocables de 37 pueblos que fueron prestando la voz de su universo cultural hasta dibujar este columpio de seda, un auténtico símbolo de la vida femenina como vaivén entre la casa natal y la casa matrimonial.

Méndez de Vigo descubre los perfiles de esa revolución callada en subterfugios como enfurruñarse, que sirven a la mujer que exige respeto para marcharse a su hogar natal y advertir así de que no va a tolerar malos tratos; el libro muestra la eficacia de tal protesta: «Mi marido ya no me regaña», «no ha vuelto a pegarme ni a levantarme la voz». Otro método puede ser la creación de espacios propios, a veces aprovechando lugares como el pozo de agua como sitio de reunión y comportamiento libre. Y otro más, el recurso a las técnicas de planificación familiar, que les dan cierto ámbito de decisión sobre su vida.

Frente a la invisibilidad laboral de la mujer, recluida en la esfera doméstica, el trabajo remunerado les suena a las intocables a liberación. Incluso a pesar de su doble jornada. Pero su voz no deja dudas: «Yo contribuyo con mi trabajo, no se puede decir que mi marido nos mantenga».

Fernando Franco, coordinador de la acción social de los jesuitas en todo el mundo, añade otro ejemplo, la cooperativa de crédito, que no sólo desafía a la dominación de las castas altas, sino a la masculina. Hoy la llevan más de 3.000 mujeres, y la cooperativa agrícola de los hombres no tuvo más remedio, cuando falló la cosecha, que pedir un crédito y escuchar lo que nunca había imaginado: «No hay problema en prestaros el dinero, ¿pero qué nos vais a dar de hipoteca?». Además de créditos para educación y pequeños negocios, las intocables han creado su Oficina de Estudios Legales para perseguir las amenazas de las castas altas.

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