La esperanza del cannabis contra el cáncer

Un equipo de la Universidad Complutense constata en laboratorio y con ratas las ventajas para la salud que puede abrir el compuesto activo de la marihuana. «Será un chollo si a nivel clínico logramos algún impacto», asegura el director

FERMÍN APEZTEGUIABILBAO
ENSAYO. El investigador Manuel Guzmán ha coordinado los trabajos de este equipo de especialistas. / PEDRO URRESTI/
ENSAYO. El investigador Manuel Guzmán ha coordinado los trabajos de este equipo de especialistas. / PEDRO URRESTI

Está demostrado y sobre el asunto no cabe discusión posible. El consumo de drogas puede generar graves daños a la salud. El de la marihuana, en concreto, está relacionado con la aparición de problemas respiratorios, del sistema cardiovascular, de la actividad motora y de pérdida de memoria. Es tan amplio el conocimiento científico sobre los efectos devastadores de determinadas sustancias, legales e ilegales, que ya nadie duda sobre la necesidad de luchar contra ellas. Una investigación llevada a cabo por la Universidad Complutente de Madrid ha demostrado, sin embargo, que el cannabis puede tener efectos muy beneficiosos contra el cáncer. El principio activo del hachís se ha mostrado capaz de acabar con las células cancerígenas, de matarlas, y al mismo tiempo mantener vivas las que están sanas.

El responsable de los trabajos que han permitido llegar a esta conclusión es el catedrático Manuel Guzmán, del departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Complutense. Los buenos resultados obtenidos sólo se han logrado, de momento, en el laboratorio y trabajando con ratas, no con humanos.

Las respuestas logradas permiten pensar en futuros tratamientos, tal vez mejores y más certeros, contra el cáncer, pero aún queda mucho camino por recorrer. «Hay problemas muy complejos de resolver, porque dilucidar a nivel molecular cómo una sustancia, la misma, puede producir efectos duales entre una célula normal y una tumoral, no es nada obvio», advierte el científico.

Futuro fármaco

Es posible que los laboratorios, el suyo o los muchos grupos internacionales que trabajan en este proyecto, resuelvan el rompecabezas en los próximos años. A partir de este hallazgo, la consecución de un fármaco que pueda ser utilizado en la terapia contra el cáncer, es harina de otro costal. El tiempo necesario para la obtención de resultados que puedan ser aplicados en la práctica clínica, en el trabajo diario de los hospitales, «es incalculable» en el supuesto de que todo marche sobre ruedas. Lo importante de esta investigación no es, en cualquier caso, las consecuencias prácticas que pueda tener a corto plazo, sino la puerta que abre en la investigación contra el cáncer.

El trabajo del equipo de Manuel Guzman estudia la manera en la que los compuestos activos de la marihuana, los denominados canabinoides, actúan sobre el organismo. Desde hace más de diez años se sabe que los canabinoides se valen en el cuerpo humano de unas moléculas específicas -los receptores de canabinoides-, localizadas en diferentes tejidos, especialmente en el cerebro. Su misión consiste en reconocer la presencia de sustancias similares al cannabis.

La marihuana y el hachís mimetizan, son capaces de imitar la acción de esas sustancias y unirse a los receptores. De alguna manera les 'engañan' haciéndoles creer lo que no son. Los receptores del cannabis, activados por la marihuana, son quienes provocan en el individuo una alteración en la percepción de colores, en su movilidad y los que, en definitiva, le conceden esa sensación de cuelgue tan característica que se deriva del consumo de esta droga.

Los trabajos que se desarrollan en la Universidad Complutense intentan responder, entre otras cuestiones, a si los canabinoides son capaces de inducir la muerte de células nerviosas, es decir de neuronas; o si por el contrario pueden llegar incluso a fomentar su supervivencia. Muchas sustancias que se utilizan en farmacología, muchos medicamentos, son buenos para unas cosas, pero resultan demasiado tóxicos para otras partes del organismo. Ese efecto dual, en el caso del cannabis, por lo que parece, permite proteger a las células normales y, al mismo tiempo, inducir la muerte de las tumorales.

«Esto es un chollo si a nivel clínico logramos algún impacto», afirma de manera realista el responsable de las investigaciones. El catedrático explica que ahora es necesario diseñar ensayos clínicos, con pacientes, para comprobar si lo que se ha visto en células cultivadas en laboratorios y en ratas, sucede también en las personas. Pero antes habrá que dilucidar otras cuestiontes. Como por ejemplo, las dosis necesarias para conseguir uno y otro efecto.