El baile prohibido

En 1556 fue censurado, pero los campesinos siguieron bailando a escondidas el fandango antequerano. Siglos después, una docena de aficionados mantiene viva aquella tradición

TEXTO:CARMEN MARTÍN
GRUPO AZUCENA. Doce bailaores han llevado el fandango antequerano a varios puntos de España./
GRUPO AZUCENA. Doce bailaores han llevado el fandango antequerano a varios puntos de España.

LA historia del fandango antequerano es la de un baile prohibido y la de aquellos que hicieron frente a la censura de la Iglesia con tal de no dejarlo caer en el olvido. Gracias a muchos campesinos anónimos que siguieron practicándolo en sus cortijos y en las reuniones familiares ha podido sobrevivir hasta nuestros días y llegar hasta una docena de personas que han hecho de él una seña de identidad del pueblo antequerano. Ahora lo bailan en las fiestas de la ciudad, en festivales provinciales, regionales e internacionales e incluso en programas de televisión, mostrando a todo el mundo la gracia de este fandango que más se parece a un baile de salón que a los populares de otras localidades.

Rosa Mari Bracho es la más veterana del Grupo Folclórico Azucena, el único que practica este baile «reposado y ceremonioso» en toda la ciudad de El Torcal. Ahora tan solo lo forman doce personas, pero en sus inicios fueron más los antequeranos que se adhirieron al grupo para aprender el baile típico de Antequera, «cuyos orígenes se desconocen». «Sabemos que en el siglo XVI ya existía porque en 1556 el prelado Bernardo Manrique lo prohibió por ser un baile muy provocador», cuenta Rosa Mari. Y es que el fandango antequerano nació para el coqueteo entre hombres y mujeres. Tal es así que debe ser bailado por doce personas, a ser posible seis hombres y seis mujeres porque «hay cruces de parejas y pasos entre tres», aunque al final se termine con la misma persona con la que se inició el baile.

El fandango antequerano suele bailarse en dos partes de tres estrofas cada una y cada estrofa está compuesta de un paso y un paseíllo que se repite en todas. El almirez, instrumento casero que domina tanto el cante y la música como el baile, marca el compás. El Grupo Azucena sabe llevarlo. No en vano llevan constituido desde 1988, aunque su historia se remonta aún más atrás.

De cortijo en cortijo

Rosa Mari Bracho cuenta que, tras la prohibición de la Iglesia, el baile continuó vivo en el campo. Así fue hasta los años 40, cuando la Sección Femenina de la Falange fue hasta los cortijos para recuperarlo. El pintor antequerano José María Fernández fue el encargado de estudiar cómo eran originariamente los trajes. Vestidos que para el Grupo Azucena se han confeccionado las propias bailaoras, aunque para el de los hombres tuvieron que recurrir a modistas.

Pero la intención de la Sección Femenina no cuajó y el fandango antequerano volvió a desaparecer hasta que Pepita Torres, que había pertenecido a ella, decidió volverlo a establecer en Antequera. «Yo y otra más del grupo fuimos sus alumnas y luego llegaron otros como Mariló», relata Rosa Mari. Así fue como se formó el Grupo Folclórico Azucena con la idea de bailar no solo el fandango antequerano, sino también otros bailes típicos de la ciudad como 'Feliciano' y 'Zapatilla', dos canciones propias de reuniones familiares y excursiones que son parte del folclore antequerano y para las que Sección Femenina creó un baile. Estas y otras danzas regionales son las que el grupo practica los viernes por la tarde y los sábados por la mañana en la Casa de la Cultura. Allí ponen la música que la rondalla de la Sociedad Excursionista de Antequera grabó bajo la dirección del cantaor, Antonio Bermúdez. Y es que el cante del fandango ha perdurado más fácilmente en las generaciones antequeranas que el baile, tanto que Rosa Mari recuerda a su abuelo cantarlo.

Mariló Quintana es otra de las componentes del grupo, su afición al fandango antequerano consiguió enganchar a su hoy marido, Pablo del Campo, quien se queja de que el baile más típico de la ciudad «se promociona bastante poco en Antequera». Ignacio Arcos es el otro hombre del grupo, ya que Azucena tan solo tiene en la actualidad dos componentes masculinos. Precisamente, él comenzó a recibir clases porque se había fijado una actuación del grupo en el año 1992 y una amiga le comentó que necesitaban hombres para poder bailar. Desde entonces lo hace siempre que puede, ya que la profesión de cada uno y la vida familiar les impiden ensayar tanto como quisieran. Como él, María José Hidalgo también empezó por amistad y a sus 27 años es una de las componentes más jóvenes de este grupo que lucha porque la tradición no vuelva a perderse.

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