Sanidad financia en Málaga un programa piloto con hombres que se prostituyen

El trabajo de campo realizado por la asociación Ojalá ha permitido establecer contacto con 120 chaperos que ejercen en la capital y en Torremolinos Más del 80% son inmigrantes y la mayoría manda dinero a sus esposas e hijos

GEMA MARTÍNEZMÁLAGA
OFERTAS. La asociación ha contactado con todos los chicos que se anuncian en periódicos. / SUR/
OFERTAS. La asociación ha contactado con todos los chicos que se anuncian en periódicos. / SUR

Prevenir el VIH/Sida y otras enfermedades de transmisión sexual en el colectivo de hombres que ejercen la prostitución masculina, una población con la que apenas se ha trabajado en este campo. Este es el objetivo del programa piloto financiado por el Plan Nacional contra el Sida del Ministerio de Sanidad, que desarrolla en Málaga desde hace dos años la asociación Ojalá. El trabajo ha permitido durante este tiempo establecer contactos con un total de 120 chaperos, un número que se aproximaría bastante al total que ejerce en estos momentos en la provincia.

Así, el equipo de cinco personas que trabaja en el proyecto coordinado por Marco Barqero, del área de Salud de Ojalá, ha ido contactando con todos los hombres que se anuncian en los periódicos ofreciendo sus servicios; con aquellos que trabajan en bares de ambiente en los que se establecen contactos y con los que se encuentran en pisos dedicados a la prostitución masculina, en estos dos últimos casos todos localizados en la capital y en Torremolinos. «Tan sólo nos faltarían dos pisos que existen en Marbella y que también queremos incorporar al programa», explica Javier García, miembro del equipo.

Procedencia

El trabajo de campo ha permitido no sólo establecer el número de hombres que se dedican a la prostitución masculina, sino también sus perfiles. Así, más del 80% pertenece al colectivo de inmigrantes y procede mayoritariamente de Latinoamérica, Países del Este y Marruecos. Casi todos aseguran que se plantean ejercer la prostitución masculina sólo por un periodo de tiempo y con la intención de ganar dinero, en muchos casos para mandar a sus familias. «Nos hemos encontrado bastantes casos que envían dinero a sus esposas e hijos», afirma Javier García, que asegura también que normalmente la actividad del hombre es conocida por la mujer.

En este sentido es importante no perder de vista un dato que han revelado en el transcurso de las entrevistas: Si bien el 90 % asegura usar preservativo en sus relaciones con hombres; sólo el 50% usa este tipo de protección cuando mantiene relación con mujeres, bien sean parejas estables o esporádicas.

Es por tanto frecuente, sobre todo en los casos de los hombres procedentes de Países del Este y de Marruecos, que se declaren heterosexuales y que afirmen ejercer la prostitución sólo por motivos económicos. En este sentido, el informe realizado por Ojalá hace notar que, por ejemplo, en el caso de Rumanía, hasta hace poco la homosexualidad ha estado castigada con penas de uno a cinco años de cárcel, mientras que en el caso de Marruecos, el islam prohíbe el sexo extramatrimonial y la homosexualidad. «Los chicos árabes son los que llegan de un ambiente más intolerante, por lo que una vez aquí viven en una fuerte contradicción con los cánones socioculturales de sus países de origen y sólo cuando va aumentando el distanciamiento se liberan de tabúes y prejuicios», indica el análisis.

Casas y bares

El trabajo de campo ha localizado en Málaga capital cuatro casas que ofertan servicios de prostitución masculina y otras cuatro en Torremolinos, más las dos de Marbella con las que se quiere empezar a trabajar. De igual modo, el programa ha trabajado en siete bares de ambiente a los que acuden chaperos para realizar contactos, cuatro de ellos localizados en la capital, y además de una sauna en Torremolinos.

De las entrevistas realizadas se desprende que más de la mitad de los hombres que ejercen la prostitución tienen entre 18 y 29 años; mientras que un 34% se sitúa en la franja de edad de 29 a 39 y sólo un 9% dice tener más de 40 años.

Según Javier García, a diferencia de lo que ocurre con las mujeres, el equipo no ha detectado en la prostitución masculina existencia de mafias, y sí un alto grado de autogestión, tanto en los servicios que realizan como en la organización de los propios pisos, muchos de ellos alquilados y compartidos por hombres que ejercen: «Están muy unidos por nacionalidades. Salvo excepciones, conforman grupos en los que todos se conocen y se prestan ayuda en caso de que alguno tenga problemas».