TIEMPO PASADO: Don Tomás Livermore

JOSÉ MARÍA OCAÑAapiedecalle@diariosur.es

UNA de las personalidades más influyentes en el ámbito comercial, industrial y social de Málaga en el siglo XIX fue don Tomás Livermore y Page, inglés de sangre irlandesa, nacido en Halsted, condado de Essex. Hombre extraordinariamente afable y jovial, había venido a España con el ánimo de establecerse, lo cual intentó primero en Sevilla y luego en Carmona. De profesión curtidor, se asoció en esta ciudad con un negociante llamado Pedro Salas. Tan bien se entendieron en lo comercial y en lo amistoso, que a poco viéronse vinculados más estrechamente, al desposarse Livermore con la hija de su socio. Deseosos de ampliar sus negocios se trasladaron a Málaga, en cuyo barrio de Capuchinos instalaron una importante tenería. Los negocios le fueron muy bien y, como afirma Hernández Girbal, conquistaron una situación envidiable, a más de la estimación de cuantos los trataban.

Seis lindas jovencitas eriquecieron el domicilio de los Livermore Salas. Ana María cotrajo matrimonio con Miguel Ryan, Isabel con Manuel Agustín Heredia, María Dolores con José de la Cámara, Josefa con Martín Heredia, Petronila con José Salamanca y Mayol, marqués de Salamanca y conde de Los Llanos, y Matilde con Serafín Estébanez Calderón.

Cuando Tomás Livermore llegó a Málaga, instalóse en la casa número 44 de la calle del Álamo. El domicilio lo tenían muy bien amueblado con mobiliario antiguo, ricas alfombras y cuadros de cierto mérito adquiridos en varias almonedas. No había en ello, sin embargo, nada ostentoso y exagerado. Todo elegido con gusto y ordenado tacto como correspondía a su excelente gestión comercial. Sin embargo, al hacerse el paseo de la Alameda, Tomás Livermore, por consejo de su yerno, Manuel Agustín Heredia, se trasladó a la casa sita en el número 30 de la citada avenida.

La nueva casa de Livermore fue el centro de reunión de los familiares e íntimos amigos que debatían sobre los nuevos proyectos de la saga que habría de encumbrar a Málaga con la construcción de nuevas fábricas y mercados. Manuel Agustín Heredia exponía los proyectos preparatorios para la fundación de su gran ferrería 'La Constancia', en la que también participaría Martín Larios, asiduo asistente a las reuniones de Livermore.

Hombre de exquisita educación y fino humorismo, en cierta reunión le hicieron ver que entre sus yernos predominaban los castellanos: Manuel Agustín Heredia, Martín Heredia, José de la Cámara y Miguel Ryan, mientras que José de Salamanca y Estébanez Calderón eran andaluces. A la pregunta de por quiénes se inclinaba más, si por los castellanos o por los andaluces, Livermore soltó una leve sonrisa y afirmó: «Pues... En verdad; para mí, todos».

Tomás Livermore tuvo también dos hijos varones, Tomás y Juan, fallecidos, con tan sólo dos años de diferencia. Cierta mañana de domingo, cuando se disponía a dejar unas flores en sus tumbas, falleció en la calle de la Victoria, pese a los cuidados prestados por el doctor José de Salamanca, su muy querido amigo y estimado consuegro.