LA INVESTIGACIÓN: La Sangre, cinco siglos de historia

La archicofradía de San Felipe Neri se encuentra inmersa este año en la celebración del quinto centenario de las primeras constituciones conocidas.

TEXTO:JOSÉ MARÍA DE LAS PEÑAS ALABARCE
EN LA MERCED. Imagen del grupo escultórico en la iglesia./
EN LA MERCED. Imagen del grupo escultórico en la iglesia.

LA devoción y el culto a la Preciosísima Sangre de Jesucristo son de fuerte arraigo en la historia de la iglesia, alcanzando en la Edad Media un gran apogeo. En España se va a propagar primeramente por Cataluña, donde a finales del siglo XIV San Vicente Ferrer funda en la iglesia de Nuestra Señora del Pino de Barcelona la Archicofradía de la Sangre. San José Oriol propaga y extiende por el levante español la devoción a la Preciosa Sangre del Redentor, fundando en Valencia el beato Juan de Rivera la hermandad de la misma advocación, así mismo siguen las fundaciones por ciudades como Alicante, Tarragona y Murcia. Será la Orden de la Merced la que hará suyo en el siglo XV la propagación del culto a la Sangre de Cristo, apoyando la fundación de instituciones en todos sus conventos con este objetivo devocional, muy especialmente en los de nueva fundación. Hemos de recordar que el fundador San Vicente Ferrer era acompañado en sus viajes apostólicos por un padre mercedario: fray Juan Gilabert.

En 1499, se establece en Málaga la Real, Militar y Celeste Orden de Nuestra Señor de la Merced, redentora de cautivos, asentando su primer convento en una ermita situada entre el cerro de Gibralfaro y el de San Cristóbal, junto al camino que iba de Málaga a Vélez-Málaga, donada a la comunidad de religiosos por el capitán Alonso Fernández de Rivera, uno de los conquistadores que acompañó a los Reyes Católicos en la reconquista de Málaga. La estrechez del sitio y el peligro de las incursiones de los berberiscos que desembarcaban con relativa facilidad en las playas de La Caleta, hicieron que la Orden en 1507 obtuviese de la ciudad un solar frente a la Puerta de Granada, en el arrabal de los ganados, consagrándose su iglesia en 1509. Es en estos años cuando hay que situar la fundación de la Cofradía de la Sangre en Málaga, unida a la comunidad mercedaria, colaborando con la Orden en todas sus actividades caritativas y también en la liberación de cautivos.

Las primitivas constituciones de la Archicofradía de la Sangre datan de 1507. Aseveramos este dato documentalmente, ya que poseemos copia de unas reformas de las constituciones del año 1789, depositadas en el Archivo Histórico Nacional, en Madrid, donde se transcriben anteriores constituciones del año 1507. En este documento aparece el párrafo: « Constituciones de la Venerable Cofradía de la Sangre de Jesucristo Nuestro Señor, situada en el Real y Militar Convento de Nuestra Señora de las Mercedes de esta ciudad de Málaga en el año de 1507 ». Al final de este mismo documento se hace un resumen de las singularidades de la Cofradía y se dice: « tan antigua que por congruentes tradiciones, no dista mucho su erección de la conquista de esta ciudad, que por desolación repetida de epidemias y pestes, hay noticia de haberse oscurecido tan bellas memorias tan dignos monumentos de su creación y de cuya primitiva época aún resuena la heroicidad de sus primeros cofrades, no habiendo quedado de su inmemorial institución más vestigios que el patronazgo que goza sin contradicción sobre todas las Hermandades situadas en dicho Real y Militar Convento de Nuestra Señora de las Mercedes ».

Afortunadamente para la cofradía, las constituciones originales de 1507 aparecieron en 1991. Al final de dicho original se encuentra la fecha en que son escritas, perfectamente legible, 1 de abril de 1578. La fecha de 1507, aún no estando claro su origen, seguramente corresponda al momento en que la Cofradía de la Sangre, ya constituida, se instala en el recién alzado convento de la Merced. No formaliza sus constituciones hasta 1578, aunque éstas pudieron estar redactadas con anterioridad. Esta diferencia de tiempo, justifica las repetidas veces en que la frase «como ha sido uso y costumbre hasta aquí» aparece en las mismas, refiriéndose a distintas actividades de la cofradía.

Salida procesional

Es importante señalar el largo intervalo de tiempo que una hermandad tarda en formalizar unas constituciones en esta época. No obstante, por su interés y como ejemplo transcribiremos el capítulo 10 de nuestras primitivas constituciones que hace referencia a la salida procesional. Dice así: «Ordenamos y constituimos y tenemos por bien que el prioste y mayordomo todos los Jueves Santos en la noche de cada un año, para siempre jamás, saquen la procesión de la Sangre de Jesucristo, como ha sido uso y costumbre hasta aquí, con sus luminarias encendidas, que esta Cofradía tiene en el monasterio de Nuestra Señora la Madre de Dios, extramuros de esta ciudad, la cual dicha procesión ha de andar las estaciones en remembranza de la pasión de Ntro. Señor Jesucristo, y desde el dicho monasterio ha de ir a Ntra. Sra. de la Victoria, y desde allí al Señor Santiago y a la Iglesia Madre (la Catedral), y al Señor San Juan y a los Santos Mártires y desde allí ha de volver a la dicha capilla y monasterio de Ntra. Sra. la Madre de Dios».

De la dilatada historia de esta archicofradía citaremos brevemente algunos hechos importantes en la vida de esta corporación: En 1606, Juan Alonso de Moscoso, a la sazón obispo de Málaga, hace una clasificación de hermandades distribuyéndolas en diversas categorías, y coloca a la Sangre en el segundo lugar en unión de la Vera-Cruz. Uno de los numerosos privilegios que le fueron concedidos por los Pontífices, fue la agregación a hermandades de los Estados Pontificios, así Urbano VIII, en 1626, le concedió la agregación a la del Santísimo Crucifijo y Preciosísima Sangre, radicada en San Marcelo de Urbe de Roma, gozando todos sus hermanos de las múltiples gracias e indulgencias, indultos y privilegios que tenía la cofradía romana.

Más tarde se le concedió también agregación a la Cofradía de San Jorge de Roma. En 1633 un Breve Pontificio invistió al guión de la Sangre del privilegio de presidir todas las hermandades que estaban establecidas en la iglesia conventual de la Merced y que hicieran estación de penitencia en Semana Santa. Aquella hermandad que se resistiera o no cumplimentara esta disposición, sería multada. Tan alto se valoraba el llevar el guión en la procesión que el 6 de marzo de 1649 Gabriel Lasso de la Vega, segundo Conde de Puertollano, para reivindicar su derecho a ser el portador del guión, como de tiempo inmemorial lo hacían sus antecesores, promueve procedimiento legal en el Obispado. Los documentos de este pleito se custodian en el archivo histórico de esta archicofradía.

El 23 de septiembre de 1677, un Breve del Papa Clemente X concede indulgencias «a quien habiendo confesado y comulgado visitare la capilla de Ntro. Padre Jesús de la Sangre en la iglesia de Ntra. Sra. de la Merced, al mismo tiempo le son concedidos 6 Jubileos de sol a sol, distribuidos en días feriados o no feriados de la siguiente forma: Primer domingo de agosto, día de Ntra. Sra. de las Mercedes, día de la Inmaculada Concepción, Circuncisión del Señor y Jueves Santo, dejando los dos restantes a voluntad de la Archicofradía».

Cabe destacar que en el siglo XVII tuvo la Archicofradía de la Sangre, hermandades agregadas y establecidas dentro del Convento de Nuestra Señora de la Merced, que se beneficiaban de las numerosas gracias y privilegios que por su tradición y arraigo gozaba la de la Sangre. Estas tres corporaciones filiales, que años más tarde se harían independientes, fueron la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de Llagas y Columna (1634), la Hermandad de los 72 Hermanos del Santo Sudario (1644), cuya tradición y advocación continúa hoy en la Sangre, y la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Humildad (1694). Cuentan las crónicas que la procesión de 1798, ya puesto el sol, efectuaba su recorrido con sus hermandades filiales y las demás cofradías radicadas en el templo mercedario, presididas todas por el guión de la Sangre, de acuerdo con el privilegio de que gozaba.

Siglo XVIII

A finales del siglo XVIII, la Orden de la Merced hace un nuevo templo junto al primitivo que es el que llegó hasta nuestros días. La archicofradía construye a sus expensas una capilla que sobresalía del parámetro de la fachada a la calle San Juan de Letrán, situada en el lateral izquierdo del crucero de la iglesia, al lado del Evangelio. Allí fue trasladada la imagen del Santo Cristo para su culto, hasta los tristes sucesos del 12 de mayo de 1931 que fue incendiado el templo mercedario.

En 1835, el convento de la Merced fue afectado por la legislación desamortizadora auspiciada por el Ministerio de Mendizábal, destinándose sus claustros y dependencias a cuartel militar, esto supuso la exclaustración de la Orden de la Merced, entrando en un periodo de crisis todas las cofradías que radicaban en el convento. La Archicofradía de la Sangre acusó esta difícil coyuntura, viviendo momentos de postración, hasta que a mediados de este siglo es nombrado hermano mayor Jorge Gross, adquiriendo bajo su mandato una gran preponderancia. Incrementa notablemente el número de hermanos, figurando entre ellos a petición propia, el obispo de la diócesis, Juan Nepomuceno Cascallana. Uno de los actos de caridad que practicaba la hermandad, consistía en dar de comer a los presos de la cárcel el tercer viernes de cada mes y todos los de cuaresma. En 1858, el escultor malagueño Antonio Gutiérrez de León y Martínez, hermano de la archicofradía, talló y donó una imagen de la Virgen de los Dolores, sentada al pie de la cruz, efectuando su primera salida procesional en la Semana Santa de este año. En la actualidad sigue formando parte del grupo escultórico del trono del Cristo, gracias a la perseverancia del que fuera hermano mayor José Cabello Guirado, salvándola de los incendios de 1931 y de la Guerra Civil en 1936. Este mismo artista sería el encargado de completar el paso, años mas tarde, con otras dos esculturas.

En 1879, el hermano Manuel García Guerbós hizo entrega a la archicofradía de la imagen de María Magdalena que a sus expensas la había hecho tallar al citado Gutiérrez de León y según consta en acta de cabildo de 3 de septiembre de 1879, la había obsequiado con el objeto de completar el grupo con las efigies de la hermandad. Así mismo en 1880, se incorporó al paso una nueva imagen de San Juan Evangelista que vino a sustituir a una anterior documentada en el inventario de 1818, al objeto de completar el misterio del Calvario. La última salida procesional en el siglo XIX, la efectuó el Jueves Santo de 1867, uniéndose a la procesión de Nuestro Padre Jesús El Rico y Nuestra Señora de los Dolores de la iglesia de Santiago, para ir a la cárcel con el motivo de liberar al preso. Al final de este siglo las circunstancias políticas impiden el culto externo, por lo que se ve obligada a suspender su salida procesional como hacen la mayor parte de las demás hermandades. Continúa el culto interno y el Jueves Santo es velado el Santo Crucifijo por hermanos.

Entusiasmo

En 1909, tras una reunión celebrada el 24 de abril, el entusiasmo de varios hermanos, entre ellos el citado José Cabello Guirado y Ricardo Ramírez Vergara, se intensifica el culto al Cristo y el domingo 7 de julio de 1910, se celebra misa con comunión general en honor suyo. Conviene aclarar que la festividad principal de la archicofradía venía celebrándose de acuerdo con los estatutos el 3 de mayo, festividad de la Invención de la Santa Cruz, pero desde la extensión a la iglesia universal de la festividad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, por el papa Pío IX, en 1849, se celebra la fiesta principal el primero de julio de cada año.

A principios del siglo XX, aunque no se salía en procesión, sí se montaba el grupo escultórico sobre modesto trono expuesto delante de la capilla que la archicofradía poseía en la iglesia de la Merced. Durante la segunda década del pasado siglo XX, se crea dentro de la parroquia de la Merced una congregación paralela a la archicofradía, llamada Asociación Procesional, con el ánimo de procesionar el Cristo por las calles en Semana Santa. El 15 de marzo de 1918 estos hermanos de procesión se integran dentro de la archicofradía, pero ya está en marcha la inquietud de salir procesionalmente el próximo año. Continuando con tesón su labor, consiguen los hermanos ver en la calle nuevamente a sus titulares, lo que llevan a cabo en la Semana Santa de 1919, con la colaboración de la Hermandad del Rico, haciendo juntas el mismo recorrido.

Es de hacer notar que dos o tres años antes de 1919, los hermanos sacaron en procesión penitencial al Cristo por las calles de la feligresía. En 1920, es nombrado hermano mayor Antonio Baena Gómez, iniciándose con ello, gracias a su labor y generosidad, una de las etapas más gloriosas de esta archicofradía. Hace nuevos todos los efectos procesionales, incorpora al trono, en 1922, las imágenes de Longinos a caballo y un sayón que sujeta las bridas del animal, realizadas por el escultor valenciano Francisco Marco Díaz-Pintado, más las figuras de las dos marías restantes, Cleofás y Salomé, de autor anónimo. De esta manera aparece un nuevo planteamiento iconográfico, la Sagrada Lanzada. En 1924, se realiza un nuevo trono, obra del escultor granadino Luis de Vicente, sustituyendo las imágenes anteriores de la Virgen, San Juan Evangelista, María Salomé, María Cleofás y María Magdalena por otras, talladas por Marco Díaz- Pintado. Obtiene del Rey Alfonso XIII el privilegio especial del uso del Pendón Morado de Castilla, por Real Orden de 4 de abril de 1922, al que se le rinden los correspondientes honores militares, siendo portador del mismo el primer año, el coronel del Regimiento de Borbón, César Muro de Zaro.

El Miércoles Santo de 1927, se celebró un acto singular. Una vez que el trono estuvo fuera de la iglesia de la Merced a los acordes de la marcha real fue sacado el Pendón de Castilla, y el cónsul de Chile, Daniel Vial Prieto, ante la imagen del Cristo de la Sangre hizo entrega a Baena de una bandera con los colores nacionales de su país, en prueba de admiración y afecto hacia la Archicofradía de la Sangre. Continúa la serie de valiosas reformas, que culminan el año 1929 con la salida procesional de un segundo trono, también realizado por Luis de Vicente, con la imagen de María Santísima de Consolación y Lágrimas, cuya bendición solemne se celebró el domingo 10 de marzo, al final del tradicional quinario de cuaresma, siendo efectuada por el canónigo penitenciario Antonio García y García, pronunciando un elocuente y piadoso sermón sobre el valor de las lágrimas de la Virgen.

Pérdidas

En los lamentables sucesos del 12 de mayo de 1931, la quema de la iglesia de la Merced, supuso un duro golpe para la Archicofradía de la Sangre, perdiendo todo su patrimonio. Este lamentable incendio destruyó la intensa labor de muchos siglos de vida cofradiera y espiritual. Entre los años 1932 a 1936 se celebraban solemnes misas los Miércoles Santo en la iglesia de Santiago, en honor a los Titulares de la hermandad, reproducidos en una fotografía iluminada. En 1937, un grupo de fervientes cofrades celebraron una misa en honor del Cristo desaparecido, en la parroquia de los Santos Mártires. Estas misas se repitieron en 1938, en Santiago, y en los años 1939 y 1940 en el santuario de la Victoria.

La archicofradía comienza a reorganizarse en 1940, gracias al impulso de un grupo de antiguos cofrades, trasladando su sede canónica a la iglesia parroquial de San Felipe Neri. En 1941, el imaginero malagueño Francisco Palma Burgos, talla la actual imagen del Cristo, que es bendecido por el obispo de la diócesis Balbino Santos Olivera y procesionada el Miércoles Santo de este año, acompañada tan sólo por la Virgen Dolorosa de Gutiérrez de León. Entre 1942-1943, la iconografía se había ampliado con las imágenes de una Dolorosa cedida por la comunidad cisterciense de la Encarnación y una talla de San Juan Evangelista del escultor levantino Amadeo Ruiz Olmos, siendo transformada la antigua Dolorosa de Gutiérrez de León en María Magdalena. Años más tarde, esta última volvería a recuperar su estado original, adaptando el busto a un nuevo candelero para presentarla erguida.

En la Semana Santa de 1945, después de catorce años, volvió a salir en procesión la Virgen de Consolación y Lágrimas con el suntuoso manto que estrenara en 1929 y que se salvó por no estar en la iglesia de la Merced, así como las barras de bronce que sostiene el palio. Más adelante en 1963, Pedro Pérez Hidalgo tallaría para el trono del Cristo, las figuras de Longinos a caballo y el sayón. En 1997, el escultor malagueño, Rafael Ruiz Liébana talló las imágenes de las tres marías, completando de nuevo el grupo escultórico de la Sagrada Lanzada, destruido en los sucesos de mayo de 1931. Finalicemos esta breve historia recordando que cuando veamos pasar por las calles de Málaga a la bendita imagen del Santísimo Cristo de la Sangre, pidámosle con fe nos derrame su misericordia y confiemos en la ayuda valiosa que nos presta su Santísima Madre, Nuestra Señora de Consolación y Lágrimas.

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