Javier Gómez Bermúdez: de Los Olivos a juez del 11-M

El magistrado malagueño dirige el más importante proceso judicial contra el terrorismo de Europa. De familia de juristas, ya desde niño destacaba por su brillantez intelectual entre los de su pandilla

MONTSE MARTÍN MÁLAGA
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De pequeño ya destacaba por su inteligencia en la pandilla de amigos de Álora, donde nació hace 44 años. La integridad y la rectitud de su carácter apuntaban ya maneras para desempeñar el difícil oficio de juez, que finalmente le ha llevado a dirigir, en una de las más altas instancias judiciales del país como es la Audiencia Nacional, el más importante proceso contra el terrorismo en toda Europa: el juicio por los atentados del 11 de marzo en Madrid.

De familia de juristas por los cuatro costados, Javier Gómez Bermúdez es el segundo de cinco hermanos. La saga comienza con su abuelo materno. Fue magistrado en el Tribunal Popular de Málaga durante la II República, pero tras la toma de la capital por las tropas nacionales sufrió la represión franquista, que le llevó a pasar seis años en la cárcel. El padre de Javier ha dedicado más de 50 años a la abogacía, al igual que dos de sus tíos. Los mismos pasos ha seguido su hermano Paco, el mayor de los Gómez Bermúdez, mientras que la más pequeña, Isabel, ha preferido la judicatura, profesión que desempeña actualmente en un juzgado civil de la ciudad. Resulta obvio pues decir que Javier Gómez lleva el Derecho en las venas.

El intelectual

Sus compañeros del colegio Los Olivos le envidiaban: su inteligencia natural le permitía llevarse de calle con brillantez todas las asignaturas sin matarse a estudiar. Como a todos los chicos de su edad, a Javier lo que más le gustaba era salir con los amigos y andar arriba y abajo con la moto. Pero entre charlas y colegueos con los de la pandilla, siempre le quedaba tiempo para leer; le gustaba y le sigue gustando la literatura. «Era el intelectual del grupo», no duda en definirlo un amigo de entonces, también 'perote' (de Álora) como él, quien asegura que siempre fue un «auténtico liberal».

Tras estudiar Derecho en Granada, Javier Gómez se convirtió en juez a los 24 años. Joven y con ganas comenzó a escalar peldaños en la judicatura en la que ha desempeñado la totalidad de los destinos posibles en la jurisdicción penal. Los comienzos fueron en localidades pequeñas como Torrox (Málaga), Montilla (Córdoba) y Roquetas de Mar (Almería), recalando finalmente varios años en la capital almeriense donde llegó a ser juez decano.

Pareja periodista

Es en Almería donde conoce a su actual pareja, la riojana Elisa Beni, una periodista del diario 'La Voz' con la que Javier -que tiene dos hijas de su primer matrimonio- rehizo su vida sentimental. La pareja decidió marchase a Madrid. Ella se trasladó primero para trabajar en 'Diario 16'. Luego se marchó él. Era 1999 y Javier Gómez ya había alcanzado una plaza de magistrado en la Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, de la que sería nombrado presidente cinco años después.

El aterrizaje en este tribunal, que lleva todos los casos de terrorismo y narcotráfico, cambia la vida de este magistrado. La tranquila estancia en la ciudad de provincias deja paso al desasosiego y los agobios de la seguridad personal, con un escolta que, por razones obvias, no le abandona ni a sol ni a sombra. Javier Gómez únicamente tiene intimidad cuando entra en su casa, cierra la puerta y se relaja escuchando música clásica, de la que es un auténtico apasionado. De hecho, siempre que puede asiste a conciertos y a representaciones de ópera del Teatro Real.

La importante presión de la gran ciudad la sustituye con frecuentes escapadas a Málaga con la que sigue manteniendo un importante vínculo. Disfruta mucho con las reuniones familiares, las jornadas en el mar -lo que más echa de menos en Madrid-, el 'pescaíto' frito y los partidos de pádel con los amigos. Le encanta la Semana Santa y la feria de agosto.

Los que le conocen dicen que es «muy trabajador», que es «capaz de tirar de su carro y de veinte más» y de forma totalmente vocacional. De carácter firme y recto, el magistrado gana en las distancias cortas, en las que se desprende de la solemnidad propia de la sala de vista para desplegar afabilidad y cercanía. Ejerce de 'boquerón' porque pese a estar lejos se enorgullece de su tierra y aunque no es chistoso sí tiene esos golpes de ingenio y gracia propios del carácter andaluz.

El magistrado es especialmente sensible con las víctimas del delito en general y con las del terrorismo en particular, a quienes reserva los viernes de cada semana para recibirlas en su despacho y facilitarles información sobre las marcha de los procesos penales que les afectan. Esta dedicación le valió en 2004 la concesión del Primer Premio del Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco.

El del 11-M no es su primera experiencia en macrojuicios. Con anterioridad dirigió la vista del 11-S (los atentados de Nueva York) que encauzó a la célula española de Al Qaeda. Además, ha presidido la sesiones del juicio conocido en medios periodísticos como 'Comando Dixan' y otra decena de procedimientos contra el terrorismo islamista. Además, son suyas también las sentencias contra miembros de ETA, por el asesinato de los concejales del PP Gregorio Ordóñez y Miguel Ángel Blanco y el atentado contra el socialista Eduardo Madina. Está considerado también el promotor de la denominada 'Doctrina Parot', que varió las posiciones del Tribunal Supremo en relación a la forma de computar las redenciones de condena.

En 2004 consiguió alcanzar la presidencia de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional de manera un tanto accidentada, ya que el Tribunal Supremo revocó el nombramiento realizado por el Consejo General del Poder Judicial y otro juez, José Ricardo de Prada, lo ha impugnado reiteradamente, estela que ha seguido también otro aspirante al cargo, el magistrado Baltasar Garzón.

Javier Gómez Bermúdez ha preparado minuciosamente el juicio por los atentados del 11-M y ha sido protagonista en las primera sesiones del mismo por alguna de sus intervenciones, como la que hizo para «reñir» a los intérpretes por no estar «finos» en las traducciones, o por pedir perdón al abogado de uno de los terroristas acusados por si se había excedido cuando cortó en varias ocasiones su intervención.

A lo Yul Briner

Su cabeza rapada se ha hecho famosa hasta el punto de haberse ganado el apodo del 'Yul Briner' de los jueces. «No le molesta que le llamen así. De hecho, fui yo la que cuando empezó a faltarle cabello le animé a que se rapara. A él también le gusta ese 'look', de hecho se afeita la cabeza a diario e incluso, en ocasiones, dos veces al día. Yo creo que está muy guapo así», explica divertida Elisa, su mujer, con quien el magistrado ha escrito un manual de periodismo judicial titulado 'Levantando el velo', que se publicó el año pasado.

Juez y periodista ha sido siempre una combinación difícil de encajar, pero, curiosamente, en el caso de Javier Gómez Bermúdez y Elisa Beni ha resultado ser de lo más armoniosa tanto en el plano profesional como en el sentimental.

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