Leyenda viva

El salitre que resbala de los barcos del Real Club Mediterráneo enmarca las páginas más interesantes de este deporte; algunos de sus regatistas le agradecen la eterna apuesta

TEXTO:JOSÉ ANTONIO GARCÍA-CS
PRESIDENTE. Luis Merino aspira este año a ser reelegido en el cargo./
PRESIDENTE. Luis Merino aspira este año a ser reelegido en el cargo.

NO se recuerda al puerto de Málaga liberado un solo día del exceso de tráfico, del acopio de todo tipo de mercancía. Primero fueron las altas fragatas, los esbeltos bergantines o los pataches panzudos los que hacían cola en la bahía en espera de poder acostar sus bandas en el pétreo malecón de los muelles. Ahora, a partir de septiembre de 1873, desde su nacimiento, además, arriban triunfantes los regatistas del Real Club Mediterráneo con un botín repleto de medallas alumbradas con victorias en Juegos Olímpicos, Campeonatos del Mundo y de Europa, siempre con el paseo de la Farola abrazado al mar. Hasta hoy. Leyenda viva, eterna y encima Premio Día de Andalucía, el primero que recibe por parte de la ciudad a la que prestigia.

Pese a su avanzada edad, no existe un rastro de antigüedad en el interior del Real Club Mediterráneo, el primero que se fundó en España y que en enero de 1998 fue decorado con la Placa de Oro del Mérito Deportivo, la más alta distinción que se otorga a una entidad deportiva en el país. La renovación nunca descansó, como tampoco conoce la relajación el espíritu de la entidad, su principal modelo de vida: el fomento de los deportes náuticos como la vela, el remo o el piragüismo. Paradigma de la exaltación de los valores más nobles del ser humano, hipérbole de la relación social más sana y cortés. Así funciona el club, que se acostumbró desde el primer día a barrer cualquier síntoma de agotamiento para no dejar morir este proyecto.

Quienes más lo agradecen son los regatistas. Del amplio repertorio de deportes ofertados destacó la vela. Es más, no hubo otro que le otorgara más fama al club. La razón es sencilla: aunque el éxito no desatendió el remo o la natación, hasta la pesca deportiva, con la vela granjeó una amistad preferente. De ese trato descolgaron éxitos, victorias y medallas, abundantes, abundantísimas. Leyendas de la vela como Félix Gancedo, Francisco Carlos Llamas o Theresa Zabell se encargaron de un suministro permanente. Los rivales desconocían el desarrollo de la prueba, mas aventuraban por manida la derrota. A palo seco. Grapada en la frente y tatuada en el casco.

Herencia

El último gran campeón es César Travado, quien ejerce también de monitor. En 2006 se colgó la medalla de oro en el Campeonato de España y de Europa de clase snipe. Heredó casi sin proponérselo, como por inercia, toda esa energía positiva que desprende la entidad. Cierto es que su talento se presupone innato, aunque no tardó en trabajarlo para que no se rebaje. En eso está. «Claro que es un orgullo pertenecer a un club de la solera y la tradición del Mediterráneo; esto lo tuve claro desde el primer día. Si encima puedo honrarle con victorias, pues mejor que mejor», aporta en la conversación.

Travado es sólo uno de los elementos que articulan el funcionamiento de la vela en el club, que premia la voluntad y la disciplina de los 100 regatistas por encima de cualquier otra virtud. Las clases se orientan a la estimulación de todos esos valores para después convocar a la victoria. La cantera respetó siempre la llamada y aceptó la imitación de las personalidades del club.

«Es verdad que la superioridad siempre estuvo de nuestra parte y que gracias a todos esos éxitos el club goza de una fama mundial que yo creo incomparable», expone Gancedo, a quien la afición a este deporte no le deja retirarse del todo. Va y viene. Explica y aconseja. Como otros, aun con el puño cerrado en señal de victoria, atrapa al vuelo cualquier mensaje de optimismo respecto al futuro.

Presidente

Si en el club reside alguna persona especialmente interesada en mantener viva esa filosofía, ese modelo de actuación, aun en tiempos de menos beneficio, es Luis Merino, el presidente. De su discurso emana el apego a la actividad deportiva por encima de la propia competición. Así se entiende la supervivencia gloriosa del club después de tantos años. «Recorro mentalmente todo este tiempo y la verdad es que el balance es para estar orgulloso y feliz», concreta.

En esta evaluación Merino se acuerda tanto de quienes contribuyeron con sus méritos como de la cantera que ahora se esfuerza en no defraudar. Todo apunta que a Merino, que cuenta con el apoyo masivo de los socios, no le costará renovar el mandato este año, cuando se celebren las elecciones si es que surge alguna candidatura alternativa.

Una de las referencias de esa base es Álvaro Martínez, quien acaba de competir en el Campeonato del Mundo de optimist en Uruguay. «El Mediterráneo se caracterizó siempre, entre otras cosas, por saber cuidar de sus deportistas, y esto es muy importante, sabe. La victoria es pasajera y lo que queda después es la enseñanza», alega Martínez. Otro que hace cola.

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