La madurez de Mario Rosas

El medio punta del Castellón llegará el domingo a La Rosaleda en el mejor momento de su carrera, llena de altibajos y cambios de equipo

TEXTO: PEDRO LUIS ALONSO FOTOS: 'MEDITERRÁNEO', EFE
CASTELLÓN. Mario Rosas, ante Nagore en la actual campaña./
CASTELLÓN. Mario Rosas, ante Nagore en la actual campaña.

¿PERO de verdad que sólo tienes 26 años?» Le espetan incrédulos a Mario Rosas sus compañeros en el Castellón. Cuesta creer que un jugador que apareció en primera línea informativa en los tiempos de Cruyff en el Barcelona apenas haya llegado al ecuador de su carrera. Sin embargo, es la realidad del menudo medio punta malagueño, ahora en las filas del Castellón, que después de saltarse en su juventud las etapas con suma precocidad se diluyó en una carrera inestable.

De hecho, este último verano fue el primero en el que no hizo las maletas para cambiar de equipo desde el del año 2000. Lo peor es que fue dejar el filial azulgrana, en el que marcó 19 goles en una temporada gloriosa en Segunda B (1997-98), y diluirse. Internacional en categorías inferiores, ojo derecho de Cruyff -él y Celades y, al final, ninguno ha llegado a ser una estrella-, convocado por el primer equipo del Barcelona, con el que jugó en la 'Champions' contra el Newcastle, su trayectoria ha dado para menos de lo esperado.

En el Alavés, su primer destino en la máxima categoría, dispuso de un contrato de 360.000 euros por temporada, pero sólo jugó 117 minutos con Mané. Le dieron confianza en el Salamanca, en el que recaló cedido, pero no continuó, y sufrió otra etapa imposible en Vitoria, donde le apartaron del equipo. Se entrenó con Piterman en el Palamós e hizo la pretemporada con el Metrostars de Nueva York, de la Mayor Soccer League (MLS) yanqui y gracias a la mediación de Stoichkov, que jugaba en el equipo. «Quería cambiar de aires, pero me di cuenta que no era mi sitio. Tenía 22 años y no era la edad adecuada para esa experiencia», reconoce con la distancia que otorgan los años.

Rumbos diversos

Cádiz (Segunda), Girona (Segunda B), Castellón (sólo 160 minutos en ocho partidos la primera temporada)... Mario Rosas lleva media vida fuera de casa, desde que a los 13 dejara el Portada Alta para completar su formación en La Masía. Esteban Vigo fue el artífice de su marcha, que negoció con el presidente del club malagueño, Francisco García Rojano. El infantil le fue aportando dinero, casi 23.000 euros al equipo de esta popular barriada por su progresión. Casi el presupuesto de un año.

Sólo ahora se siente jugador de verdad, en un proceso de maduración que, salvando ausencias, recuerda al de otro diamante de la cantera del Barcelona, Iván de la Peña. Fue más cerca de la treintena y entrada en ella cuando 'Lo Pelat' comenzó a ser una pieza indiscutible en un club de Primera, el Espanyol. Y de ahí a la selección.

Mario lo explica a su manera: «Quizás cuando era mas joven tienes deseos de sacar el mejor pase sin pensarlo, y me jugaba todos los balones. Ahora ya sabes que en determinadas zonas del campo hay cosas que no puedes hacer, porque se puede generar un contragolpe del rival».

Hace ya tiempo que Mario tenía ganas de lucir en La Rosaleda. La pasada campaña, la primera en el Castellón, Pepe Moré le sacó sólo los últimos cinco minutos, y con el choque resuelto (0-2) en el duelo contra el Málaga B (8 de enero). Desde que pasase por allí con el Barcelona B (1998-99) no había vuelto a pisar el campo para un partido oficial. Hoy, a escasos meses de acabar contrato, ni siquiera descarta regresar al equipo en el que jugó de alevín: «A todos les gusta actuar en el conjunto de su ciudad. Yo por circunstancias no pude luego seguir, y sí, lo reconozco, me gustaría jugar en el Málaga».

Ni en el entorno del Castellón se explica el salto de calidad de Mario de una temporada para otra. Menos aún si se considera que Pepe Moré sigue estando al frente del equipo. No excesivamente sobrado de talento, el conjunto levantino explota la visión de juego del medio punta, el principal asistente del 'tanque' argentino Tabares, que lleva siete dianas. De no haber sufrido fiebre en una cita ni problemas con los árbitros -nada menos que siete amarillas y una roja- hubiera jugado de titular en todos los encuentros, pero por estos motivos se ha perdido dos. Otra cosa es que tenga fondo para acabar los partidos, un detalle que sigue sin alcanzar. Es, además, el primer lanzador de los penaltis.

¿Y qué piensa del Málaga y su situación actual? «Sé que está pasando por momentos malos, sobre todo en lo económico, lo que no le hace ningún bien. Creo que Fernando Sanz está haciendo las cosas bien, pero se ha encontrado con problemas que vienen de la directiva anterior... Se habla de bajas y eso afecta mucho a los jugadores, pero he visto que con Muñiz le van las cosas mejor».

Incluso, no descarta que el Málaga tenga opciones de ascenso: «A todos los que bajan de Primera les cuesta al principio. Pienso que hay una muy buena plantilla y quedan muchas jornadas aún». Y previene cara al partido del domingo (17.30 horas): «Tenemos gente rápida al contragolpe y estamos más cómodos fuera de casa».