Héroes bajo el obelisco

En la plaza de la Merced se levanta el monumento que cubre la tumba de los militares ajusticiados por Fernando VII

LOURDES MORENO
RECUERDO. Monumento de la plaza de la Merced. / CARLOS MORET/
RECUERDO. Monumento de la plaza de la Merced. / CARLOS MORET

ROMA es la urbe con más obeliscos del mundo, aunque en casi todas las grandes ciudades su esbelta imagen se encuentra presente. Algunos proceden de Egipto y otros fueron construidos posteriormente, es el caso del situado en la Plaza Navona realizado por el emperador Domiciano, y que después se constituyó en parte integrante de la fuente de los Cuatro Ríos, de Bernini. El de la plaza de la Concordia de París tiene su propia leyenda (parece que fue una petición de Josefina a Napoleón antes de su expedición a Egipto, en 1798). Los obeliscos de High Park en Londres la aguja de Cleopatra y de Central Park en Nueva York proceden del mismo lugar y fueron erigidos por Tutmés III. Hay obeliscos conmemorativos en Washington, en Buenos Aires, en Florencia, en El Cairo, en Estambul... Incluso hasta la torre Eiffel es un gran obelisco metálico. Su simbología hace alusión a la piedra sagrada de Heliópolis cuya forma piramidal simboliza un rayo de sol petrificado. Con el urbanismo barroco perdió su significado ancestral y pasó a ser un hito en torno al cual redefinir espacios centralizados.

Como elemento conmemorativo para perpetuar la memoria del General José María de Torrijos y las cuarenta y ocho víctimas de infortunio se pensó en un principio realizar un monumento en las playas de San Andrés, donde fue fusilado el general junto a sus compañeros españoles y un súbdito inglés, Robert Boyd, quien no está enterrado junto a ellos, sino en el Cementerio Inglés, donde su lápida dice: 'Amigo y compañero de martirio / que murió en Málaga en la / Sagrada Causa de la Libertad'. Finalmente el lugar escogido fue la plaza de la Merced, llamada también de Riego, para ello se tuvo en cuenta no sólo sus antecedentes liberales sino además la amplitud del espacio y su localización en el centro de la ciudad.

Suscripciones y rifas

El dinero para los trabajos provenía fundamentalmente de una suscripción pública abierta por el Ayuntamiento y de diversas rifas organizadas. Por medio de la Comisión Oficial del Monumento a Torrijos se cursó una invitación pública a los artistas para la presentación de proyectos, pero sólo acudieron dos. De ellos se ejecutó el del arquitecto municipal Rafael Mitjana, quien además tenía una vinculación personal con el general, pues éste había sido su coronel durante la Guerra de la Independencia. El 11 de diciembre de 1842 tuvo lugar el traslado de los restos en tres carros fúnebres desde el cementerio de San Miguel a la cripta del monumento ya finalizado.

El resultado final es un una construcción híbrida, con un zócalo de piedra sobre el que se alzan dos cuerpos de basamento, decorados el primero con textos y el segundo con los nombres de los fallecidos, el tercero tiene forma de pirámide almohadillada con secciones que se asientan sobre láminas de plomo y lecho de arena, probablemente este material pudo haberse utilizado con carácter simbólico, dado el lugar donde fueron fusilados. El terremoto de 1884 desplazó una de las partes del tercer bloque de piedra, visto desde la parte inferior, y así se ha mantenido hasta el día de hoy, respetando escrupulosamente lo que se considera que es un capítulo más de su historia. En la reciente restauración se han encontrado restos de pan de oro en las letras y en algunos elementos decorativos como las coronas de laurel enlazadas; su recuperación ha otorgado una visión novedosa del monumento, ya que el dorado, contrastando con el blanco de la piedra o el negro de las cartelas, ha descubierto una estética neoclásica, pero el mensaje sigue siendo romántico, buscando la exaltación del sentimiento: 'A vista de este ejemplo, ciudadanos, antes morir que consentir tiranos'.

En la plaza más evocadora de la ciudad, este obelisco rinde su sombra ante el héroe trágico, que es el que se rebela ante el destino y sucumbe ante la adversidad con entereza. Así fue representado Torrijos en el cuadro de Antonio Gisbert, en 1860, donde constituido en un símbolo de la libertad, mira al horizonte con actitud decidida, sin querer tapar sus ojos, o en el soneto de José de Espronceda que dibuja el escenario de una mar indómita y un final cruel: «...y las costas de Málaga los vieron / cual sol de gloria en desdichado día».

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