Ojo Secreto: Neuropolítica

ANDRÉS NEUMAN
Ojo Secreto: Neuropolítica

La neurocirugía es la ciencia política del futuro. Si existen las ciencias políticas, ¿por qué no va a existir la política científica? Y de pronto, todo parece más claro. Andábamos perdidos, preguntándonos por qué la política diaria es como es, por qué nuestros supuestos representantes públicos sufren tan a menudo delirios en nuestro nombre o se enzarzan en cuestiones que a nosotros nos parecen menores, cuando no disparatadas. Pensábamos, lo admito, que en general lo hacían por interés, vanidad o incompetencia. Pero ahora, después de leer los estudios del doctor Olaf Blanke, deberíamos pedir disculpas. La ética no tenía nada que ver con el asunto. Todo era una cuestión de corrientes eléctricas y el girus angular.

Explícome. El doctor Blanke, neurólogo de la École Polytechnique Fédérale de Lausana (institución que no tengo el honor de conocer pero que, con ese nombre, nos inspira un reverencial respeto), ha estado llevando a cabo una serie de experimentos que demuestran cómo determinadas sensaciones que calificábamos de inexplicables o paranormales, en realidad provienen de una simple estimulación eléctrica del cerebro. Yo me fío de las conclusiones del doctor Blanke, porque los suizos siempre han sido expertos en normalizar lo sobrenatural. Especialmente si son cuentas corrientes.

Según el científico y su equipo, el más espectacular de los fenómenos alcanzables por medio de un estímulo en determinadas zonas del cerebro es el de la levitación: si alguien te coloca un electrodo en el lugar preciso, tendrás la sensación exacta, vívida, innegable de que tu cuerpo empieza a suspenderse. Sospecho que esa es la verdadera causa de que tantos presidentes, cuando llevan un tiempo recibiendo estímulos dudosos, empiezan a alejarse del suelo que pisan los demás ciudadanos. Sólo una cosa así puede explicar satisfactoriamente por qué un jefe de Gobierno (incluso uno de tradición obrera, popular y crítica, como Lula) puede llegar al punto de negarse a asistir a todos los debates que se organicen con el resto de candidatos. Convenga o no, digan lo que digan las encuestas, un representante político tiene la obligación de dar cuenta de sus ideas y programas a la ciudadanía, aviniéndose a confrontarlos con los otros. Pero quizás el triste vacío de las sillas de Lula en los diversos debates no fuera tal. Quizás el señor presidente se encontraba allí, presente como todos, rozando el techo del plató. La neurocirugía es la ciencia política del futuro. Si existen las ciencias políticas, ¿por qué no va a existir la política científica?

Otro de los fenómenos descritos por el doctor Blanke es la intensa sensación de que alguien te sigue o se encuentra a tu lado, cuando en realidad no había nadie. La responsable de estas figuraciones es una región cerebral llamada girus angular, que parece tener un sentido del humor considerable. Esto explica el comportamiento de algunos líderes (especialmente los nacionalistas), que viven dirigiéndose a una multitud imaginaria que no deja de escucharlos y corear sus soflamas sobre la identidad, mientras en sus casas el personal ausente se preocupa de tonterías como las condiciones del trabajo, el fin del terrorismo, la contaminación o el precio de la vivienda.

Un caso interesante es el efecto potenciador causado por la combinación de estímulos sensoriales simultáneos. Dicho de otra forma, parecer ser que si oímos el ladrido, somos capaces de divisar mejor al perro. A lo mejor por eso algunos ideólogos gritan tanto, con la esperanza de que, a fuerza de saturarnos los oídos, comencemos a ver sus ideas invisibles. «Chíllame, que no te veo», ¿qué eslogan ejemplar para el PP en el Parlamento! Otra de las enseñanzas del doctor Blanke es que, con el estímulo adecuado, todos podemos experimentar la ilusión de desdoblamiento de nuestro propio cuerpo, hasta el extremo de contemplarnos a nosotros mismos como si se tratara de un intruso. Estoy convencido de que algo así le pasó a Bono con lo de la alcaldía de Madrid: un yo suyo dijo que tal vez, mientras él contestaba que no.

Pero el doctor Blanke no está solo. Su colega Peter Burgger, neurocientífico del Hospital Universitario de Zúrich, ha narrado las asombrosas experiencias de pacientes que siguen sintiendo el miembro amputado. A buen seguro que Arnaldo Otegi y algunos de sus compañeros batasunos, que solían viajar a Zúrich, están sufriendo lo mismo con su viejo brazo armado. O, al otro lado de la democracia, eso es lo que durante un tiempo le pasó al PSOE con Felipe, y lo que hoy continúa sucediéndole a Rajoy: le han amputado el miembro Aznar, pero sigue doliéndole e incluso moviéndose.

«Estábamos comprobando las áreas de lenguaje con nuestros electrodos», cuenta el doctor, «cuando la paciente se volvió hacia la derecha sin motivo racional aparente». La vieja guardia del PP, que siempre ha tenido vocación de patriota, debe de haber donado su cuerpo a la ciencia en vida y me apuesto lo que sea a que está siendo víctima de un delicado girus angular. Todo ha sido un generoso experimento. Zaplana en realidad es un hombre de centro, y Acebes es socialdemócrata convencido. Ya verán cuando terminen sus respectivos tratamientos.