Los vestigios del franquismo

Calles, escudos, lápidas, placas y monumentos de la dictadura perduran en Málaga. Ahora, algunos de estos elementos pueden verse afectados por la Ley de la Memoria Histórica

TEXTO: ANTONIO M. ROMERO FOTOS: SUR
Cruz levantada en honor de los caídos del bando franquista en los jardines de la Catedral./
Cruz levantada en honor de los caídos del bando franquista en los jardines de la Catedral.

LA historia siempre suelen escribirla los vencedores. Lo mismo ocurrió en este país tras la finalización de la Guerra Civil, el 1 de abril de 1939. El régimen que surgió de aquella lucha fratricida y que se autodenominó 'La nueva España' actuó en todo momento para que los valores que defendía estuvieran muy presentes en la vida de los ciudadanos. Actos de exaltación patriótica, calles en honor a sus héroes, lápidas en recuerdo a sus muertos y monumentos y placas para conmemorar sus hazañas y proyectos se convirtieron en sus armas propagandísticas, todo ello, cargado de una gran simbología.

Hoy, cuando han pasado más de treinta años desde la muerte de Francisco Franco, aún perduran en los espacios y lugares públicos vestigios de una época que, para bien o para mal, ya forma parte de la historia de España. También en Málaga persisten estas huellas del franquismo. Sin embargo, algunos de estos elementos pueden tener los días contados si las administraciones hacen suya la recomendación incluida en el proyecto de ley de la Memoria Histórica, que el Congreso de los Diputados debatirá próximamente, de retirar los símbolos franquistas de los edificios de titularidad pública, siempre y cuando no afecte al conjunto o valor artístico del inmueble.

Aún hoy son muchas las familias, algunas incluso lo ignoran, que viven y reciben su correspondencia en calles con nombres de militares, falangistas o personas que de una u otra manera respaldaron o formaron parte activa del Movimiento. Y es que, tras la guerra, el callejero malagueño, en aplicación de la norma dictada en octubre de 1938, cambió los nombres de muchas de sus vías, otras volvieron a las rotulaciones anteriores a la República y, con el paso del tiempo, las nuevas calles se bautizaron con nombres que hacían referencia «a los salvadores y mártires asesinados por Dios y la Patria», como se recogía en los documentos de la época.

Investigación

Así aparece también en una investigación, que verá la luz próximamente, elaborada por el historiador y concejal socialista en el Ayuntamiento de la capital Sergio Brenes y que supone la primera aproximación a los restos del franquismo que aún perduran en la ciudad. El caso más sintomático se da en la barriada de Olías. Allí aún hay calles que se llaman Generalísimo Franco, Queipo de Llano o Ruiz de Alda, entre otras de reminiscencias franquistas. Pero estas vías también perduran en otras partes de la capital: en Gamarra aún se mantienen las vías General Mola y General Sanjurjo; en la barriada 25 Años de Paz se encuentran calles en honor a los militares de la División Azul: Comandante Román; Sargento Crooke López y Sargento García Noblezas; en Girón se conservan los nombres Francisco Ballesteros y Martos Escobar, falangistas fusilados durante el periodo republicano; Teniente Fernández-Nespral, muerto en la Guerra Civil; José Croque, muerto en la División Azul, y Manuel Assiego, subjefe provincial del Movimiento entre 1946 y 1949; en Haza del Campillo continúan los nombres de dirigentes y militantes de Falange fusilados por los republicanos y de dirigentes católicos o de partidos conservadores. En Haza de Cuevas, Brenes ha documentado 22 calles con las graduaciones y los apellidos de capitanes, tenientes, alfereces y capellanes del bando franquista.

Los monumentos fueron otro de los vehículos utilizados por el régimen que rigió los destinos de España durante casi cuarenta años para loar a sus héroes. «Andrés Rivas Fernández y Domingo Lozano Molina, primeros jefes provinciales de la Falange Española en el alborear de nuestra revolución. Presentes. Perpetuamos sus memorias para que nos sirvan de ejemplo. Málaga, octubre de 1941». Esta inscripción, hecha en un monolito de piedra labrada sobre un plinto troncopiramidal de mampostería, pasa casi desapercibida para quienes recorren los alrededores del Parador de Gibralfaro y honra a dos de los jefes del que sería considerado, durante casi toda la dictadura, como 'El partido del régimen'.

De igual forma, en la base aérea de Málaga un busto recuerda la figura de Joaquín García Morato, considerado uno de los grandes aviadores españoles, fallecido en 1939 cuando hacía una exhibición aérea. Los recuerdos a ases de la aviación franquista también se encuentran en calles, como Eugenio Gross -capitán fallecido en diciembre de 1939- o Félix Assiego, comandante muerto en un accidente en 1954.

El régimen también marcó una impronta en el estilo de las nuevas barriadas que se construyeron en la capital. Reflejo de ello son los casos de las promociones de Haza de Cuevas, Nuestra Señora del Carmen, Herrera Oria o la barriada 25 años de Paz. Y para perpetuar su memoria se colocaron grandes cerámicas de color azul con el yugo y las flechas (elementos que ya aparecen en el Pabellón Real de los Reyes Católicos, datado en 1492, y que Falange hace suyos como recuerdo de aquella época en la que germina el imperio español).

Sin embargo, estas cerámicas, aunque se quisiesen, no se podrían quitar porque el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de 1997 establece sobre estas viviendas y sus elementos una protección arquitectónica de primer grado (la mayor), por lo que para retirarlas habría que bajarle o quitarle esa garantía.

Carreteras

Las carreteras y los edificios públicos son otros de los sitios en que perdura el recuerdo de un tiempo no tan lejano. «Lugar de martirio. Una oración por los que cayeron al servicio de Dios y de España. XVIII Julio MCMXVI - Febrero MCMXXXVII». Esta es la inscripción hecha en mármol que aparece en un monumento, adosado a una roca, en la carretera de Olías, en recuerdo del lugar donde fueron fusiladas personas que no simpatizaban con el régimen legalmente constituido de la República. Asimismo, en el antiguo edificio de Tabacalera, que en el futuro albergará algunas dependencias municipales, se conserva una placa en honor a un militante falangista: «Eduardo Bayo Alessandri. Caído por Dios y por España el 23 de julio de 1936. ¿Presente!», reza la inscripción.

En los primeros años del franquismo la presencia del escudo nacional, los emblemas de Falange y las placas colocadas con motivo de la inauguración en las construcciones «tenían un carácter propagandístico y aleccionador». Aún hoy perduran en algunos edificios. Así, se encuentran escudos preconstitucionales en el colegio público José María Hinojosa, en la antigua casa de acogida conocida como La Gota de Leche, en la calle Parras, en el Centro de Arte Contemporáneo (antiguo mercado de mayoristas) o en la base aérea militar de Málaga. Sin embargo, como reconoce el propio investigador, «no se podrán quitar porque algunos de estos edificios tienen algún tipo de protección arquitectónica».

A lo largo del periodo democrático han sido varias las iniciativas municipales encaminadas a retirar estos elementos. Así, en junio de 1979 el pleno, con la abstención de la UCD, sustituyó algunos nombres de calles: la plaza José Antonio pasó a llamarse plaza de la Constitución; la avenida del Generalísimo pasó a ser la Alameda Principal y la plaza Queipo de Llano se convirtió en la actual plaza de la Marina. En 1996, el pleno, con la abstención del PP, aprobó una moción de los partidos de izquierda (IU y PSOE) para sustituir los nombres de las calles de los militares que participaron en el golpe de Estado de julio de 1936. Aún hoy perduran.

Como también ocurre en numerosos templos e iglesias de la capital y la provincia, donde hay lápidas que recuerdan a sacerdotes asesinados por los republicanos o como la de una capilla de la Catedral en la que se encuentran los restos de 1.100 personas fusiladas por sus ideas conservadoras, ser creyentes o apoyar el levantamiento militar. Sin embargo, el proyecto de ley no hace ninguna mención expresa a la Iglesia Católica, por lo que sus autoridades tendrán libertad plena para mantener o no esas placas.

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