La excavación de La Marina revela indicios de la existencia de una atarazana en la ciudad

Los arqueólogos que trabajan en el solar sitúan la construcción entre los siglos V y XII d. C. Una segunda hipótesis apunta a una continuación de la muralla

SANDRA BALVÍNALGECIRAS
¿MURALLA O ASTILLERO?. Excavación realizada en la avenida de                                     La Marina, en Algeciras. / GARCÍA TÉLLEZ/
¿MURALLA O ASTILLERO?. Excavación realizada en la avenida de La Marina, en Algeciras. / GARCÍA TÉLLEZ

Las murallas meriníes acaparan en los últimos meses toda la atención en lo que a patrimonio histórico se refiere. Su recuperación es posible gracias a un largo proceso originado en las primeras excavaciones realizadas por los arqueólogos municipales, con la colaboración de los pertenecientes a otras empresas. Los expertos continúan trabajando en diversas zonas de la ciudad y las actuaciones más recientes, como la realizada en la avenida de La Marina, han dado frutos de gran interés histórico y arqueológico.

«El solar va deparando hallazgos impensables», explicó ayer el arqueólogo de la empresa, Salvador Bravo. La segunda fase, que se lleva a cabo en el centro del solar, ha revelado la existencia de una muralla de 22 metros de largo por 3,20 de ancho y 1,50 metros de altura. El descubrimiento es relevante por dos motivos. Por un lado, sugiere la presencia de una construcción que Bravo calificó de «monumental», por otro lado, podría tratarse además de una atarazana (un lugar de construcción y reparación de embarcaciones) del siglo X, una edificación poco frecuente en la época y que sólo se encuentra en puntos en los que la navegación era clave, como Pechina (Almería) o Sevilla, a orillas del río Guadalquivir.

Construcción peculiar

Todavía no hay pruebas concluyentes, pero todas las pistas de las que disponen los expertos apuntan en la misma dirección. Tanto Bravo como el arqueólogo municipal, Rafael Jiménez, destacan en primer lugar el método empleado para colocar los sillares del muro. La fórmula empleada es la denominada 'a tizón', una colocación muy poco frecuente en la que las piedras se colocan mostrando al exterior la cara de menor superficie del sillar.

El método 'a soga', en el que las piedras se asientan horizontalmete sobre su superficie más amplia es el más habitual por ser más cómodo y económico. La construcción 'a tizón' es, por contra, mucho menos frecuente que se usó en una etapa muy concreta: la época califal.

Este dato acota en gran medida la primera aproximación realizada por Bravo y Jiménez empleando criterios estratigráficos (según las capas del terreno), que situaban a la edificación entre los siglos V y XII. Así, ambos consultaron fuentes bibliográficas de la época y posteriores que ratificaron que Algeciras tuvo uno atarazana en el siglo X, es decir, en la época califal.

Testimonios escritos

Los diversos textos consultados narran que Abd-al-Rhaman III mandó a construir una atarazana en Algeciras entre los años 910 y 915 D. C. Así, Al Himyari, un autor del siglo XIV, daba fe de que en Algeciras había unos astilleros para la construcción naval a los que llama 'Dar-Al-Sina'a', una palabra que etimológicamente da origen a la actual «dársena» . Asimismo, atribuye la edificación a Abderramán III y añade que «la rodeó de altos muros».

Ibn Jaldún, uno de los grandes pensadores musulmanes, también escribió que en el año 915 D. C. el califa en persona viajó a Algeciras «para pasar revista a los nuevos barcos construidos».

La fortaleza de las murallas es, por añadidura, propia de este tipo de estructuras. Como indica Bravo, «no se trataba sólo de defender un edificio de gran importancia militar y económica, sino de demostrar a tus enemigos lo fuerte que eres».

Cerca del mar

El último argumento a favor de que haya un astillero en la avenida de La Marina es la proximidad geográfica del lugar a la orilla del mar. «No hay que olvidar», dice Jiménez, «que hasta los años 50 el agua llegaba hasta la acera de La Marina, con lo que creo que no estamos planteando ningún disparate».

Aunque han aparecido utensilios relacionados con la náutica, los arqueólogos, reconocen, que todavía necesitan la prueba definitiva. Esta prueba podrían aportarla o bien la aparición de naves, o bien de restos de barcos. Para explicar la estructuración en naves, Jiménez muestra la planta de las atarazanas de Sevilla que, a pesar de ser cristianas, tendrían una estructura muy similar. Así, en el dibujo en planta se aprecia la división el edificio en grandes pasillos mediante arcos y pilares para colocar, meter y hacer salir los barcos.

Mientras tanto, las excavaciones prosiguen. Los arqueólogos aclaran que la finalidad principal de su trabajo no es la conservación del hallazgo, lo cual es en última instancia competencia de la Delegación Provincial de Cultura, que tiene en cuenta todos los intereses en juego. Lo esencial, concluyen, es que aportan nueva información sobre la historia de Algeciras.

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