ASADOR GUADALMINA. Sabores vascos

Una buena materia prima y una cocina de corte tradicional son la base de esta casa situada en Marbella

TEXTO:ENRIQUE BELLVER
BUEN HACER. El equipo que está al frente del Asador Guadalmina, en la sala./
BUEN HACER. El equipo que está al frente del Asador Guadalmina, en la sala.

HACE unos años, no muchos, un donostiarra, José Arias abrió esta asador movido por sus afición a las cosas del comer y con el objetivo de que fuera un auténtico asador tal y como se conocen en el País Vasco.

Para comenzar una buena comida en esta casa nada mejor que abrir boca con algo muy clásico y popular como un revuelto de hongos, plato que en esta ocasión llegó muy correctamente a la mesa en contraposición a las mollejas que habíamos solicitado, ya que estaban demasiado fritas y bastante resecas. Otro de los entrantes que más gustan en esta casa es la morcilla de caserío, una morcilla fina de cebolla que bien frita es una auténtica delicia, lo mismo que los pimientos de Guernika y que no debemos dejar de tomar siempre que existan existencias.

Siempre se ha dicho que esta cocina es famosa por sus cuatro salsas creadas para el pescado -la roja para los platos que se califican como ' a la vizcaína', la blanca para ligar al pil-pil, la negra para los chipirones y la verde para la merluza- y que nadie como los vascos saben cocinar el bacalao. Pues bien, los tacos o lomos de merluza a la brasa nada tienen que envidiar a los pescados salseados, que saben preparar de diez.

Carnes a la brasa

Las carnes rojas a la brasa son otra de las grandes especialidades de esta singular cocina. La carne de vacuno que tiene José Arias es de lo mejor que podemos encontrarnos en Marbella y sus alrededores y hay que tomarla en su punto, bien atemperada y vuelta y vuelta. Sólo así podremos disfrutar de todo su sabor. Quizá el chuletón o chuleta, como gustan llamarla en tierras del Norte, es lo mejorcito que podemos tomar. Lo mejor es pedirlo con un acompañamiento de pimientos, pues las patatas dejan mucho que desear y no están a la altura de la categoría del chuletón, llegan a la mesa refritas y, lo que es peor, aceitosas.

La carta de vinos está plagada de referencias riojanas de corte demasiado tradicional, algunos buenos Riberas, también clásicos y ciertos vinos de Toro y champagnes.