Un malagueño, número 1 en las oposiciones a registrador de la propiedad

Con 27 años, Jacobo Fenech ha sido el primero de España en las oposiciones a registrador de la propiedad

TEXTO: MARÍA JOSÉ CRUZADO FOTO: ESTEFANÍA MARTÍNEZ
RECOMPENSA. Fenech espera elegir pronto destino./
RECOMPENSA. Fenech espera elegir pronto destino.

DESDE el pasado 26 de julio es uno de los jóvenes más envidiados del país. Fue el día que con tan sólo 27 años, Jacobo Fenech Ramos consiguió una verdadera proeza: presentarse a las oposiciones del Estado de registrador de la propiedad, mercantil y bienes inmuebles y conseguir el puesto número uno del país. Este malagueño compitió con 741 opositores para 40 plazas en todo el territorio nacional y consiguió elevarse a lo más alto del podium. «Salí tan contento que celebré una fiesta en casa con los amigos», comenta.

No es de extrañar que sacara los 66 puntos que lo encumbraron al número uno del 'ranking'. Fue el primero de su promoción en la Facultad de Derecho con 23 matrículas de 25 asignaturas, lo que le hizo merecedor de una mención especial como premio fin de carrera. Después de la Facultad se propuso ser registrador de la propiedad y no sólo lo ha conseguido sino que el ser el número uno le da el privilegio de elegir destino. «En Andalucía será complicado, pero espero estar lo más cerca posible. Esperaré hasta el último momento para elegir la plaza, aunque creo que, con un poco de suerte, empezaré a trabajar para mediados de noviembre», apunta.

Cinco años

Las oposiciones le han costado cinco años de estudio, pero sabe que ha logrado lo que desean uno de cada tres jóvenes españoles según las estadísticas: un puesto fijo de funcionario para toda la vida con un excelente sueldo.

De joven sin un duro que aún vive en casa de sus padres con su novia de toda la vida ha pasado a ser un prometedor registrador de la propiedad que se convertirá en marido el próximo 2 de diciembre, cuando contraiga matrimonio con una profesora de Derecho Civil de la Universidad de Málaga. «Mi primera decisión fue poner la fecha de la boda, después de diez años de noviazgo», apunta Jacobo.

Ha sido una carrera de fondo no exenta de renuncias. Dice que ha sacrificado varios años de su vida. «Tienes que tenerlo muy claro y que te guste mucho el Derecho Hipotecario, y aún así siempre está el riesgo de que si sale mal te encuentres con 30 años, sin trabajo, y viviendo con tus padres». Pero Jacobo apostó... y ganó.

Durante esos años estudió entre ocho y diez horas diarias «sin contar la maratón intensiva de los días previos a los exámenes». Mientras, veía a los jóvenes de su edad salir y divertirse, y a muchos de sus compañeros de facultad «trabajar en despachos de abogados y empezar a ganar dinero». Él también tuvo la oportunidad de hacerlo. No sólo por su buen currículum académico sino porque su padre es dueño de un bufete en la capital.

«Esa opción siempre estaba ahí, pero desde que terminé la carrera tenía claro que quería ser registrador y prepararme las oposiciones». Fue entonces cuando recurrió a un preparador personal para estudiar los 373 temas de las oposiciones y presentarse a los dos exámenes prácticos y los dos teóricos que exige la convocatoria. Al poco tiempo de empezar a estudiar decidió presentarse «para ver cómo iba todo aquello», aunque tan sólo aprobó el primer ejercicio. Años después, «fue a por todas».

Recuperar aficiones

Jacobo asegura que ahora «vive al día». «Voy a la playa, salgo con mi novia, con mis amigos, empiezo a divertirme y a hacer cosas propias de mi edad». Explica que siempre le ha gustado la música y la lectura, pero que durante estos cinco años las ha dejado «un poco aparcadas» para dedicarse casi por completo a estudiar las oposiciones a registrador.

Asegura que no sabe si podría volver a pasar por esos cinco años de estudio y sacrificio, aunque no todo ha sido negativo. Destaca el gran apoyo que ha tenido en su preparador, un registrador de la propiedad de Málaga al que llama «maestro». «Fue fundamental -explica- después de suspender la primera vez que me presenté; me dio ánimos para seguir y paciencia para saber que esto era una carrera de fondo que más tarde o más temprano daría sus frutos». Por eso aconseja a todos los opositores que no se desanimen y no se obsesionen con los exámenes, «todo es cuestión de estudio y disciplina». Dice que sus padres y el resto de la familia están muy orgullosos de lo que ha conseguido. Y no es para menos.

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