Rafael Ábalos, escritor: «El niño que había en mí acabó echando al abogado»

Nació en Archidona / Sólo en España ha vendido ya 100.000 ejemplares de 'Grimpow'/ Productoras americanas quieren convertirlo en película / El libro se va a editar en 24 países / UNA ENTREVISTA DE GEMA MARTÍNEZ

¿CÓMO mira uno al éxito cuando el éxito dice «aquí estoy»?

Con mucha calma.

¿De verdad se puede?

Si me hubiera cogido en otra edad, todavía, pero uno tiene ya la madurez suficiente como para saber que son cosas que pasan. Quizá ahora la dificultad está en mantenerse.

¿La presión del éxito?

Cuando un libro se escribe con tanto apasionamiento uno cree que no va a poder llegar más allá. Por fortuna, la imaginación vuelve a ponerse en marcha y vuelve a sorprender al escritor con las ideas que surgen.

¿Para que la imaginación fluya hay que dejarla a su aire?

No, yo creo que hay que forzarla. Yo no soy un experto, porque mi incorporación a este mundo ha sido tardía, pero mi experiencia ha sido que uno se empieza a adentrar en una idea, en una chispa, en un detalle, y de ahí va tirando del hilo. La creatividad es casi el resultado de una obsesión. No es la pasividad la que conduce a la creatividad. Una vez que has alcanzado un determinado desarrollo, esos personajes y esa historia empiezan a fluir con mucha más naturalidad. Casi experimentas una situación de cierto relajamiento, como si ya no tuvieras que forzar tanto.

«Ya estamos aquí, ya vamos a vivir...»

Con Grimpow mi experiencia fue muy mágica, porque era un puzzle inmenso cuyas piezas poco a poco se iban encajando. Ves cómo se van ajustando situaciones que no pensabas que podían llegar a confluir; un personaje que tú mandas a algún sitio porque sí y luego resulta que llega a tener un protagonismo importante. Es un proceso muy bonito.

¿Retornamos a la búsqueda de respuestas en lo oculto?

Yo creo que ese ha sido un afán del ser humano desde que habita este planeta; desde que miró para arriba y dijo: «¿Qué hay en toda esta inmensidad?»

¿No cree que le hemos dado la espalda a ese cielo?

Es que en las ciudades ni siquiera se ve. Es verdad que el cielo ha desaparecido bastante de nuestras vidas, quizá porque tenemos demasiado en la tierra para mirar. Pero sigue siendo apasionante formularse preguntas, tener dudas, tener la inquietud de encontrar respuestas. Lo que he intentado plasmar en 'Grimpow' es que las respuestas no están en las divinidades que se explicaron en el pasado. Siendo un libro medieval busca las respuestas en el futuro.

¿Andamos por caminos invisibles?

'El camino invisible' no es un subtítulo caprichoso. De alguna manera no es sólo el camino invisible que tienen que recorrer Grimpow , sino que es un poco el camino invisible que la misma humanidad ha recorrido desde que empezó a formularse preguntas, desde esa primera mirada al cielo, cuando ve ese sol que aparece y desaparece y esa luna que cambia de formas. Es un camino mágico y sorprendente y a la vez es el camino que cada uno recorremos en la vida. La vida es un camino invisible. No sabemos qué sorpresa nos guarda ni qué disgustos o crueldades... Quizá esa sea también la pasión de vivir: descubrir cada día, paso a paso, lo que va a ocurrir.

¿Somos un misterio?

Sin duda. Yo creo que el mayor misterio del universo no son los dioses, sino el ser humano. Estamos en una fase de la evolución del ser humano, no la hemos concluido. Lo que pasa es que cada generación y cada tiempo cree que está en el final. Lo que late en la historia de 'Grimpow' es un poco esa inquietud, ese afán, ese deseo de llegar a descubrir ese gran misterio.

De abogado a escritor, ¿eso es un proceso alquímico?

Casi (risas). Es el resultado del fuego, de la lucha, de la quemazón.

¿De la quemazón?

La abogacía es una profesión difícil y yo siempre pensé que tenía que buscar algo más cercano a mi propio carácter, a mi propia naturaleza. Yo soy poco conflictivo y he tenido que mostrar una fortaleza en esa profesión que quizá estaba muy lejos de mi propio carácter. Cuando descubrí que podía contar historias, el niño que seguía vivo en mí empezó a empujar al abogado y acabó echándolo.

¿Y esa recreación del mundo medieval?

El mundo de la Edad Media es fascinante, porque fue una época en la que confluyeron una cantidad de elementos que en pocas otras se han repetido. Había caballeros, monjes, mendigos, brujas, hechiceros, castillos, la mitología, lo oculto, el fanatismo... Todo eso hace que sea un escenario fantástico para desarrollar una historia.

¿Diría que es un escenario de sombras?

En el primer enigma de 'Grimpow' se dice que en el cielo está la oscuridad y la luz. La Edad Media es una edad sombría porque se negó la esencia del ser humano, que es esa capacidad de curiosidad. Todo venía impuesto y eso genera oscuridad.

Y tras la oscuridad, la luz.

Hay otro símbolo en 'Grimpow' que es ese tránsito de la Edad Media a esa luz del Renacimiento, que es cuando los grandes genios de entonces vuelven a teorizar, vuelven a pensar, vuelven a descubrir, aunque eso les pudiera costar en algunos casos la hoguera, que no era poca cosa.

¿'Grimpow' se convertirá en película?

Estuve hace unas semanas en Nueva York y tuve una reunión importante. Hay un interés real por parte de productoras americanas en llevarlo al cine, pero estos procesos son lentos. Creo que tiene todavía un camino que andar por el mundo como libro. Va a depender de eso. En Francia sale en septiembre. En julio ha salido en Polonia, en Portugal, en Bulgaria...Pierdo la lista porque es larga. En total son 24 países los que lo van a editar. En Estados Unidos están terminando la traducción.

Menudo vuelco de vida.

La verdad es que estoy tranquilo. De alguna manera me he encontrado conmigo mismo. Cuando dejé la abogacía para escribir estaba dispuesto a renunciar al bienestar buscando esa tranquilidad. El niño empujaba también a la abogacía, al estatus social... a todo eso renunciaba ese niño un poco atrevido que intervino ahí.

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