Las villas de la Costa y de la Algarbía

Vista aérea del casco urbano de Casares./SUR
Vista aérea del casco urbano de Casares. / SUR

Tanto en el litoral occidental como en el valle del Guadalhorce aguardan pueblos con encanto, importantes vestigios históricos y un rico patrimonio natural

Javier Almellones
JAVIER ALMELLONESMálaga

Pese a ser dos de las comarcas más pobladas de Málaga, la Costa del Sol Occidental y el Valle del Guadalhorce albergan en su interior pueblos que todavía conservan su particular encanto, con ciertas reminiscencias andalusíes. Así se puede ver en las localidades que tienen menos población. Entre las que se encuentran en la Algarbía –nombre por el que también se conoce a la comarca del Guadalhorce–, destacan Pizarra, Almogía, Álora y Valle de Abdalajís. Las cuatro localidades están situadas en la zona más oriental del valle, de tal modo que hacen de transición entre la fértil vega y abruptas sierras calizas, como las de Huma o Abdalajís. Este singular paisaje no sólo es un atractivo en sí mismo sino que también ha influido en el desarrollo histórico de estos pueblos. Gracias a ello, conservan un importante legado monumental.

Por su parte, en la Costa del Sol, las tres villas menos pobladas son Benahavís, Manilva y Casares. Esta última, que vio nacer a Blas Infante, puede presumir de numerosos atractivos. El paraje natural de Sierra Crestellina, el canuto de la Utrera, la antigua parroquia de la Encarnación, los Baños de la Hedionda y los restos romanos de Lacipo son tan sólo algunos ejemplos.

BENAHAVÍS

Gastronomía. Pocos pueblos se identifican más con la gastronomía y la restauración que éste. De hecho, su amplia oferta de hostelería es hoy uno de los principales reclamos. A ello hay que unir tanto su importante amplia hotelera como sus campos de golf. Esta villa de la Costa del Sol, que no tiene litoral, tiene, sin embargo, otros atractivos importantes, como distintas edificaciones históricas o el singular paraje de las Angosturas, situado a un paso del propio pueblo.

Qué visitar: Castillo de Montemayor y las Angosturas del Guadalmina.

MANILVA

Viñedos. La cultura del vino ha resistido al desarrollo urbanístico en la localidad más occidental de la Costa del Sol. De hecho, en los últimos años han resurgido con fuerza sus vinos moscatel, que llevan años asociados a la imagen de esta villa malagueña. Además de su casco urbano, que está sobre una loma que divisa la costa, hay que recorrer su litoral para ver el núcleo de Sabinillas o el contraste que hay entre su antigua castillo dieciochesco y su moderno puerto deportivo.

Qué visitar: Antiguo castillo de la Duquesa e iglesia de Santa Ana.

ÁLORA

Patrimonio. Pocos pueblos pueden presumir de conservar un valioso castillo árabe y uno de los templos de mayor tamaño de la provincia de Málaga. Álora es uno de los que tiene ese privilegio. En su fortaleza, además de sus murallas y sus torres, se conservan el primer templo de la villa y un arco de herradura único en occidente. Pero, la villa tiene, además, otros atractivos, como su sierra de Huma y una vista privilegiada del paraje natural del Desfiladero de los Gaitanes.

Qué visitar: Castillo, iglesia de la Encarnación y convento de la Virgen de las Flores.

VALLE DE ABDALAJÍS

Aventura. La localidad de Valle de Abdalajís se ha convertido en un refugio para los más aventureros. Allí se pueden practicar deportes como la escalada, el montañismo, el senderismo o la bicicleta de montaña gracias a su espectacular sierra caliza. Con anterioridad, el municipio era conocido como capital del parapente, pero actualmente el vuelo libre y el parapente en la sierra del valle de Abdalajis están prohibidos legalmente por exigencias de la navegación aérea. Además, el pueblo cuenta con un interesante legado histórico que incluye hasta vestigios romanos de la antigua Nescania.

Qué visitar: La Peana, la ermita del Santo Cristo de la Sierra y el Museo Municipal.

PIZARRA

Paisaje. Desde el mirador del Santo se tiene una de las mejores perspectivas del Valle del Guadalhorce. Este balcón natural, que se encuentra en Pizarra, se ha convertido en uno de los símbolos de esta comarca. Eso sí, es sólo una excusa más para visitar este pueblo que se cobija a los pies de la sierra de Gibralmora. Una ermita excavada en parte en la roca y un completo museo histórico y etnográfico son algunos de otros motivos para visitar este municipio en cualquier época del año.

Qué visitar: El Santo, la Raja Ancha, el Museo Municipal y la ermita de la Fuensanta.

ALMOGÍA

Tradición. Éste es uno de los dos pueblos que da nombre a un estilo de verdiales, un folclore muy arraigado en sus habitantes. Pero, además de esa peculiaridad, Almogía es un pueblo con mucha historia, como se intuye al ver los restos de su castillo árabe o se recorre su casco antiguo, de indudables reminiscencias andalusíes. Su iglesia, sus ermitas y sus fuentes son otros atractivos de este municipio situado entre el barrio malagueño de Puerto de la Torre, el Valle del Guadalhorce y la Vega de Antequera.

Qué visitar: Torre de la Vela, ermitas e iglesia.

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