Hamanes, el último lujo oriental de Granada

Bañeras de agua caliente en el Hamán Al-Ándalus de Granada./
Bañeras de agua caliente en el Hamán Al-Ándalus de Granada.

Los baños árabes se han convertido en una tentadora opción para combinar la visita a la ciudad con el relax y los tratamientos de belleza a buen precio

DAVID LÓPEZ

El 'hammam' o baño árabe ejerció un papel destacado en el mundo islámico medieval, como punto de encuentro y reunión, por un lado, y como epicentro de la cultura higiénica de Oriente Medio, por otro. El baño árabe, como tal, es una herencia de las termas romanas de Bizancio y Roma, cuyo legado absorbieron a través de las ciudades del norte de África. El Imperio otomano los popularizó y Europa, especialmente las regiones del este, los incluyó en sus planes urbanísticos. La Fundéu nos recuerda que la variante 'hamán' "goza de amplio uso y puede considerarse correcta", de ahí que sea el término al que recurriremos a partir de este momento.

Su estructura permanece invariable y se organiza en torno a tres salas que precede un patio de entrada. En la primera estancia, rectangular, fluye agua fría. La segunda, un cuadrado de grandes dimensiones con arcos de herradura, es el 'espacio templado'. Finalmente, la tercera cámara acoge las bañeras de agua caliente. En lo que respecta a su edificación, para asegurar un correcto aislamiento se empleaban muros de estuco y bóvedas de ladrillo con tragaluces que facilitaban la salida de los vapores. Por supuesto, el auténtico tesoro se ocultaba en el interior, pura filigrana decorativa: suelos de mármol, frisos pintados con asombrosas gamas cromáticas y lucernarios preciosistas. Un plus que no encontrarán en una sauna finlandesa, en el spa de un hotel de cinco estrellas o en uno de esos balnearios artificiales que tanto gusta proponer a los touroperadores.

Hamanes granadinos

No es la primera vez que hablamos de Granada y ensalzamos sus encantos para disfrutar de lo lindo durante una escapada de fin de semana, pero nunca os habíamos recomendado, más allá de sus monumentos y su gastronomía andalusí, una excursión de relax a alguno de los hamanes que consagra al placer del viajero la capital sureña. Para empezar, el Aljibe de San Miguel, en pleno centro (emplazado en San Miguel Alta 41, la catedral se halla a la vuelta de la esquina), despunta porque hay alternativas para todos los gustos y bolsillos: sesiones de baño, masajes musculares relajantes con aceites y preparados de chocolate, cereza, menta o naranja, aromaterapia con inhalación de esencias naturales y tratamientos de exfoliación con extractos vegetales. Un lujo oriental desde 23 euros (eso sí, los servicios que no escatiman en detalles pueden alcanzar un precio de 59 euros). Hay sesiones de noventa minutos hasta las diez de la noche y no cierra ni siquiera las jornadas festivas.

Los turistas foráneos suelen acudir al establecimiento que la cadena Hammam Al-Ándalus regenta en la calle Santa Ana (en el número 16, para ser exactos). La franquicia (que también dispone de amplios locales en Córdoba, Málaga o Madrid) abre todos los días del año y brinda un vasto catálogo de ofertas para estudiantes y grupos de más de diez personas. También se pueden adquirir bonos de baño para varias sesiones y la venta anticipada se premia con un 25% de descuento. Entre sus múltiples opciones, quien desee darse un capricho debería contratar el llamado 'ritual Al-Ándalus': baño en las salas de agua fría, caliente y templada; parada obligada en la estancia de reposo aromatizada; y un masaje kessa tradicional sobre una piedra caliente. Este último se realiza con un guante especial de fibra de algodón (el 'kessa' que le da nombre) y se utiliza una mezcla de jabón de uvas rojas que produce una espuma muy cremosa e hidrata generosamente la piel. Ideal para eliminar toxinas y relajarse durante quince minutos que pasan en un suspiro.

Posibilidad bien distinta es la que ofrecen los baños árabes de El Bañuelo (Carrera del Darro 31), una joya arquitectónica que perduró en el tiempo tras la Reconquista de los Reyes Católicos y hoy goza de los privilegios que otorga la consideración de bien de interés cultural. El edificio, ubicado frente al puente del Cadí, a pocos minutos de Plaza Nueva, data del siglo XI (esto es, del reinado zirí) y se benefició de un largo proceso de restauración que le ha devuelto su esplendor original. Conocido como el baño del Nogal, cuenta, entre otras peculiaridades, con un patio de bienvenida con una pequeña alberca y una sucesión de capitales visigodos y romanos procedentes de construcciones más antiguas. Por supuesto, todas las cámaras presentan las características claraboyas octogonales o en forma de estrella. El acceso es libre y se puede visitar en horario matinal (de 9.00 a 14.30) de martes a sábado.