Ecoreserva de Ojén: un paseo con ciervos y muflones en plena costa del sol

SUR realiza la visita en jeep que ofrece este espacio, un antiguo parque de caza de 82 hectáreas a los pies de la Sierra Blanca convertido en área de educación ambiental y refugio para cabras montesas, camaleones, jinetas o zorros

En la Ecoreserva los visitantes se convierten en observadores de lujo de la fauna local. /E.Miranda
En la Ecoreserva los visitantes se convierten en observadores de lujo de la fauna local. / E.Miranda
ROSSEL APARICIOMálaga

Sábado. 11.00 horas de la mañana. Varias familias esperan impacientes y puntuales una excursión en jeep en plena naturaleza en un día que se vislumbra soleado y caluroso. «¿Vamos a ver leones?», pregunta, tímido, Daniel -de dos años y medio-, el benjamín de la expedición, arrancando la risa de los presentes justo antes de subir a los vehículos descapotables. «Leones no, pero vamos a ver muuuchos animales. No te preocupes. Os va a encantar», advierte Antonio Calvo, gerente de Andalucía Ecotour y responsable del proyecto, que hará de excepcional guía en esta experiencia que combina tramos en 4x4 con senderismo suave. Minutos después de iniciar la marcha, una familia de muflones se acerca a dar la bienvenida a los visitantes obligando a hacer el primer alto en el camino. Sus ocupantes no dejan de disparar fotos, emocionados, con sus smartphones. «¡Qué bonitos son!¡Nunca los había visto tan cerca!», exclaman. «Vais a tener la oportunidad de hacerles muchas fotos, no os preocupéis, vamos a seguir», los tranquiliza Calvo arrancando de nuevo.

La escena se enmarca en la Ecoreserva de Ojén, un antiguo parque cinegético (de caza) convertido en reserva ecológica en plena Costa del Sol a apenas 1,5 kilómetros del pueblo de Ojén y a un salto de Marbella. La finca, que tiene una extensión de 82 hectáreas, está ubicada a los pies de la Sierra Blanca y se presenta como una oportunidad única para conocer numerosas especies de flora y fauna en un remanso de paz abierto al público desde hace un par de años. En este espacio se puede pasear con los animales e incluso darles de comer. A los pies de una torre de avistamiento de caza reconvertida en palomar, Calvo, impulsor del espacio, cuenta que, curiosamente, el germen de este enclave ecológico fue un aparatoso incendio registrado en la zona en 2012 que devoró 8.000 hectáreas de la comarca. «Nosotros ya queríamos arrancar esta iniciativa desde hacía tiempo pero no fue hasta ese momento cuando empezamos a dar pasos definitivos. El incendio marcó un antes ya que, con las tareas de reforestación y el trabajo de campo de las administraciones pudimos impulsar el proyecto de la reserva ecológica de este entorno», explica. Ahora tienen una concesión de diez años de explotación y un espacio que no cuenta con subvenciones públicas. «Afortunadamente sí que contamos con la colaboración de una red de voluntarios cuya labor está siendo determinante», indica.

En este recinto, además de fomentar la conservación de la Naturaleza custodiando la fauna autóctona, se desarrolla una importante labor de educación ambiental acentuando a los visitantes la importancia del respeto de los animales, del entorno, de la conservación de la tierra y del cuidado del medio ambiente en general. Entre las actividades que ofrecen además de las visitas y el voluntariado, también se encuentran las rutas de senderismo, celebración de cumpleaños o fotografía de naturaleza. Todo ello siempre con previa reserva.

El germen de la reserva ecológica fue, curiosamente, un incendio registrado en 2012 que devoró 8.000 hectáreas de la comarca

Prosigue la excursión. Unas curvas y desniveles después, los excursionistas bajan de los vehículos para continuar la visita a pie. En ese momento entra en escena la segunda gran sorpresa de la mañana: un majestuoso ciervo, bautizado por sus cuidadores como Paco, se acerca sin miedo alguno, con paso firme. El animal, que impresiona a primera vista por su tamaño, no duda en sumarse al grupo como uno más, sin el más mínimo recelo. Desde entonces los acompañará hasta que termine la excursión. «Paco sabe perfectamente que lo cuidamos y que la gente que viene con nosotros no va a hacerle ningún daño. Antes de acariciarlo presentaos, dejad que os huela la mano», recomienda el guía. Habitualmente Paco -de un año y medio, aproximadamente- comparte protagonismo en las visitas con otro macho, Príncipe, un ejemplar adulto de mayor tamaño e impresionante cornamenta que aún no ha hecho acto de presencia. «!Prínciiipeeeeee!», grita Calvo en numerosas ocasiones para invitarle a entrar en escena. «Hoy hace calor, estará refugiado en la sombra», indica justificando su ausencia.

El majestuoso ciervo 'Príncipe', uno de los principales reclamos de la reserva. El benjamín de la expedición, con uno de los camaleones acogidos. Antonio Calvo, con el ciervo Paco y dos de los niños que participan en la visita. / A. Nogués y R. Aparicio

Aún impresionados por la cercanía del ciervo Paco, llega el momento de conocer el amplio listado de animales que viven en la reserva. Además de los ciervos y los muflones, en el paraje hay jinetas, conejos, meloncillos, ejemplares de gato montés, tejones, camaleones, comadrejas, musarañas y aves rapaces. Hay más de 70 ejemplares de animales diferentes. Calvo muestra fotos y desgrana sus características a los excursionistas más atentos en ese momento a Paco que a sus explicaciones. Al finalizar la charla informativa, el grupo se dispone a conocer a Rommel, un zorro en rehabilitación que fue rescatado en Valencia y para el que construyeron un hábitat-recinto a medida para poder acogerlo. Rommel sí que se muestra escurridizo ante el grupo que se afana ambién en inmortalizarlo con sus móviles.

Sendero de las hadas

Con los jeep aparcados y tras desperdirse del zorro, los excursionistas se abrochan los cordones para adentrarse a pie en el bosque. El paisaje es hermoso. El paseo servirá para analizar de cerca las numerosas plantas propias del monte mediterráneo: pinsapos, quejigos, alcornoques, adelfas y un largo etcétera. Para entonces Paco sigue siendo el centro de atención del grupo. El animal marcha a su paso buscando los trozos de pan que Calvo ha repartido a cada uno de los miembros de la expedición.

Es un espacio ideal para estar en contacto con la naturaleza. Imagen de voluntarios participando en uno de los proyectos del recinto. / Facebook / Ecoreserva

En la recta final de la excursión los visitantes se adentran en el 'Sendero de las Hadas', una ruta botánica de una gran belleza y magia, ideal para disfrutar con niños.«Aquí queremos aportar a los visitantes los beneficios de la Naturaleza que nos puede ayudar en situaciones de estrés, de ansiedad, de duelo... Queremos que aprendan a conocer el espacio, los animales pero que también disfruten de la magia del bosque. Y esa magia o espiritualidad es precisamente la que impulsamos en este sendero que enamora al que lo pisa», explica el guía.

Tras casi tres horas de expedición, toca regresar al punto de partida y despedirse de Paco y del resto de muflones que aún los acompañan. Calvo sigue intentando sin descanso que aparezca una de las grandes atracciones de la ecoreserva: «¡Príncipeeeee!», «¡Muflooooón!», grita. Pide colaboración a los excursionistas que se suman a sus gritos, pero ni rastro del ciervo. Príncipe no aparece aunque, tras la experiencia vivida, solo parece lamentarlo el guía. Se marchan más que satisfechos: «Pues ya tenemos una excusa para volver: la próxima vez conoceremos a Príncipe», coinciden.