Decadentismo de verdad

Ronald Firbank muestra su particular visión de España a través de una narración dominada por el universo católico

ANTONIO GARRIDO

LAS editoriales son empresas y nada pueden tener de románticas en los tiempos en los que nos ha tocado vivir. Una editorial debe ganar dinero para publicar buenos títulos, esta afirmación sí es correcta. La editorial Almuzara está dando ejemplo de preocuparse por la calidad de sus textos; bien, muy bien; además, diversifica su oferta, bien muy bien. Viene lo anterior a cuento de una nueva colección titulada 'Noche española' en la que se están editando visiones de España desde la óptica de autores extranjeros.

Max Nordau con 'Impresiones españolas' y Ronald Firbank con 'De las excentricidades del Cardenal Pirelli' son las primeras entregas. Me voy a detener en la magnífica obra de Firbank, decadente máximo, privilegiado que se editó sus libros sin depender de nadie, viajero inquieto, alcohólico, extravagante, homosexual y uno de los renovadores de la prosa en lengua inglesa.

El decadentismo es consecuencia del llamado 'mal del siglo', se extendió por Francia e Inglaterra y en España no pasó de bohemia de taberna, de miseria sin grandeza, de España Negra aunque, en lo literario, algo produjo de calidad relevante, ahí están 'Las Sonatas' brillando entre tanta vomitera de amaneceres. Entre los rasgos que corresponden a esta forma de vivir y crear quiero destacar los que más convienen a esta narración que conocí de la mano de Pérez Estrada.

Se admite que la sociedad en la que les toca vivir a los llamados decadentistas es una sociedad depravada y ellos son unos marginados pero muy especiales porque, pese a algunos planteamientos extremos, no pretenden cambiar el orden que les permite a algunos vivir en el lujo y, por placer, demorarse en lo más canalla. Existe una morbosa complacencia estética en la corrupción, en la crueldad, en la depravación, sin asomo de juicio moral porque el arte es el objetivo y no hay moral en el arte. Se acepta la permanente contradicción en la que vive el hombre y la estética está por encima de todo. La sensualidad es enfermiza y el erotismo decadente con sus dosis de masoquismo y sadismo.

Todo lo anterior lo encuentra el lector en grado eminente en esta breve narración que sigue teniendo a España y a Andalucía como lugares «extraños» en los que son posibles todos los sueños de Firbank, tan delicado de salud que lo mató un cambio de temperatura entre El Cairo y Roma.

Historia fragmentaria

Clemeza, trasunto, sobre todo de Sevilla, es el marco de una historia fragmentaria, hecha de cuadros exquisitos y absurdos, de lujo sorprendente. La narración tiene una trama muy débil, casi nada, con momentos de esplendor que se sitúan en un contexto de arte extraordinario. El Cardenal Pirelli es un «raro» que se dedica a hacer de su propia vida una obra de arte, rasgo propio del dandismo. Firbank conoce a artistas españoles del barroco y sus obras son el decorado grandioso de escenas como el bautismo de un perrito en la catedral, de una fiesta, de un paseo por los jardines. El universo católico y sus rituales son motivo de atracción y de asombro para el autor.

El Cardenal, consciente de su apostura, se viste con más que cuidada elegancia, todos sus movimientos son exquisitos, medidos, teatrales; esta palabra es clave. Es una prosa que crea como referente un gran espacio, un teatro en el que la lujuria, la gula y la envidia dominan la escena. Los informes contra el Cardenal llegan a Roma y el Papa se apresta a tomar medidas pero la locura del amor evitará el proceso. La muerte, en un acto de persecución amatoria, en un gesto de estética como no podía ser menos, es liberadora. El amor del Cardenal por uno de los seises de la catedral, el más travieso de todos, será la causa de su final.

Un rasgo de la escritura de Firbank es la incoherencia referencial y sintáctica de muchas de sus frases si nos atenemos a las normas respectivas; este rasgo, sin embargo, no resta nada a la belleza del estilo que es también maravillosamente extraño. Léase con toda la devoción adecuada, incluso a modo de oficio paganamente religioso.

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