Eduardo Manzano desmonta los mitos sobre Al Andalus

A. P.COLPISA. MADRID

La historia de Al Andalus está plagada de tópicos. Ni hubo convivencia entre las tres culturas -un concepto moderno inexistente en la Edad Media- ni tampoco mestizaje. Esta es la tesis que mantiene Eduardo Manzano Moreno, autor del libro 'Conquistadores, emires y califas. Los Omeyas y la formación de Al Andalus' (Crítica), quien aduce que sobre esta etapa perdura una «visión idealizada».

Para Manzano, profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), los árabes dejaron vivir a los miembros de las comunidades cristianas y judías porque aportaban ingresos al fisco y era imposible eliminarlos. «Dado que la conversión forzosa al islam no podía ser utilizada de forma general, había que reconocer a esas comunidades. Cristianos y judíos podían vivir mejor o pero no en un plano de igualdad con respecto a los árabes», argumenta el autor.

Para el historiador, es falaz que durante el periodo de Al Andalus se produjera un mestizaje. No en vano, «la cultura árabe que se impone es tremendamente excluyente, sólida y homogénea, y lo mismo pasó después con la cultura cristiana, que era extremadamente monolítica».

Para reforzar su idea, Manzano arguye que las transferencias entre unas comunidades y otras fueron anecdóticas, como lo demuestra el hecho de que el número de arabismos que perviven en el español se limita a cuatro o cinco mil.

Fuentes del saber

«No suele haber un contacto que dé lugar a culturas nuevas. La gente en Al Andalus, cuando quería ir ampliar sus conocimientos, no iba a Francia ni a Italia, sino a Siria, Egipto o Irak, que era donde se encontraban las fuentes de su saber», argumenta.

La causa de todos estos malentendidos estriba en que el periodo de Al Andalus es visto con mucho romanticismo, «como un paraíso perdido o una civilización dominada por cantores, astrónomos, poetas y filósofos. Este libro -sostiene Manzano- intenta normalizar una etapa histórica y hacer comprender que cualquier periodo tiene su esplendor».

El especialista sostiene que la conversión al islam de la población de Hispania se hizo de forma pacífica, gradual y generalizada, un modelo que también se aplicó con la extensión del árabe. Frente a la convicción que se tenía hace años de que la lengua popular en Al Andalus era el romance y que el árabe sólo era hablado por las clases cultas, ahora ha quedado demostrado que esta creencia es infundada.