El 'topo' de Mijas, 30 años escondido de Franco

Manuel Cortés fue el último alcalde republicano de Mijas. Durante tres décadas estuvo escondido para evitar su fusilamiento. Un libro recuerda ahora su trágica historia

TEXTO: ANTONIO M. ROMERO FOTOS: SUR. ARCHIVO
El 'topo' de Mijas, 30 años escondido de Franco /
El 'topo' de Mijas, 30 años escondido de Franco

EL viernes 28 de marzo de 1969, Manuel Cortés oía Radio Nacional de España. Entre las informaciones, se daba cuenta de la promulgación de un decreto del Gobierno que concedía la amnistía para todos los delitos cometidos durante la Guerra Civil. Cortés sabía que en ese momento se ponía fin a su cautiverio y a una historia que había comenzado treinta años antes. Su historia, como 'topo' para huir de quienes le querían fusilar por sus ideas socialistas y haber sido el último alcalde republicano en Mijas, impresionó al historiador alemán Ronald Fraser, que años después le entrevistó. Ahora, sus vivencias, las de su mujer, Juliana, y las de su hija, María, aparecen recogidas en el libro 'Escondido. El calvario de Manuel Cortés'.

El guión de la vida de Manuel Cortés es como una tragedia griega. Sus padres murieron cuando aún no tenía ni un año y fue el barbero del pueblo quien le crió. Aficionado a la lectura, quedó impresionado por las injusticias de su época. Estas circunstancias le hicieron tomar conciencia de la necesidad de mejorar el mundo. Por ello, participó en la refundación de la UGT y el PSOE de su municipio en 1930. Con la llegada de la República fue concejal y fue nombrado alcalde cuando el Frente Popular ganó las elecciones de 1936.

Vuelta a casa

Poco tiempo pudo ejercer, ya que tuvo que salir huyendo cuando Málaga fue ocupada por las tropas nacionales en febrero de 1937. Entonces, Manuel Cortés luchó en el ejército republicano en el Levante. Concluida la guerra civil decidió volver a su pueblo, donde llegó el 16 de abril de 1939. Entonces comenzó el segundo acto de su tragedia y una larga batalla.

Manuel Cortés llegó a su pueblo una fría noche a bordo de un taxi que le dejó a dos kilómetros de Mijas para no levantar sospechas. Su intención era entregarse a las nuevas autoridades, sin embargo, sus familiares le disuadieron al conocer que había orden de encontrarle y fusilarle.

En ese momento, Manuel decidió convertirse en un 'topo'. Su primera morada fue un agujero en una pared de una pequeña habitación en la casa de su padre adoptivo. Cuando no había peligro ocupaba esta pequeña salita con su mesa y su cama. Allí permaneció dos años y medio que se hicieron «muy duros». «Yo he hecho cara a la adversidad con hombría; pero, en esos primeros dos años, muchas veces estaba oprimido», relató a Fraser. Fueron meses que Cortés pasó leyendo los periódicos, esperando el perdón y meditando. Una de sus grandes obsesiones era llegar a Barcelona o al Campo de Gibraltar para huir al extranjero.

En esos momentos, sólo su mujer, su padre, una prima y su pequeña hija conocían su paradero. «De pequeña siempre estaba con miedo. Mi madre siempre me encargaba: Si alguien te pregunta, tú no sabes nada, no sabes nada. Yo así estaba muy asustada, sólo con que alguien me mirara, yo ya me pensaba que me iban a hacer preguntas», contó María. «Yo miro para atrás y digo, pero ¿será posible que todo esto nos haya pasado? Pues pasó y es cosa que no se puede contar, hay que vivirlo para saber lo que es», le relató Juliana al historiador.

Pasados los primeros años, Juliana pudo comprar una nueva casa en el número 5 de la calle del Pilar en Mijas. Cortés recorrió los 250 metros que separaban ambos inmuebles una noche vestido de mujer para no despertar sospechas. «Ir a la casa nueva fue como salir de presidio, ya que allí había más claridad», dijo el conocido como 'El topo de Mijas'. No fue su último escondite, en 1951 se trasladó al número 11 de esa calle. Cuando llegaba la noche y se cerraba la puerta, Manuel podía hacer vida familiar casi normal.

Liando esparto

Su vida transcurrió entre el trabajo liando esparto, escuchando la radio y, cuando podía, viendo la televisión «sobre todo, el ciclismo, y eso que no sabía montar en bicicleta, las películas y los toros». Durante su reclusión dejó el tabaco «por miedo» a la tos, se tuvo que sacar él mismo las muelas y su mujer o su hija fingían sus enfermedades para que el médico les recetase las medicinas.

Así hasta que en 1969 llegó la buena noticia. «Sentí alegría, claro, aunque ha venido tarde», afirmó Cortés, quien el 12 de abril de 1969 pisó por primera vez la calle para presentarse ante las autoridades de la capital, que le dijeron que no tenía ninguna causa pendiente con la justicia. Cuando esa tarde volvió al pueblo fue recibido como un héroe. Comenzaba entonces el tercer acto de su vida, que concluyó en 1991. Una reflexión de su pensamiento político: «La fe que tengo, no tanto en el socialismo, en la democracia, ésa no me ha faltado. Siempre he tenido fe en que al final triunfará la democracia».

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