Los 'okupas' verdes

Un día las trajeron de otros países con climas templados y ya han hecho de Málaga su casa. Cotorras, hormigas, tortugas, peces y plantas han ganado terreno a la fauna y flora autóctonas. La Junta ha puesto en marcha un plan para controlar estas especies y, en algunos casos, erradicarlas

TEXTO:PILAR R. QUIRÓS
Los 'okupas' verdes

NADIE las ha invitado. Al menos formalmente. Pero ahí están. Y muchas incluso han sobrevivido al paso de los siglos ganando terreno a la vegetación y fauna autóctonas. Son las llamadas especies exóticas o invasoras porque, en algunos casos, hasta suponen una temida competencia por espacio y alimento con las especies autóctonas. No hay que ir muy lejos para ver cómo se distribuyen por la capital y por toda la provincia. Son más de una decena y, como casi siempre, la mano del hombre, trayéndolas desde todas las zonas del mundo, ha propiciado su descontrolada expansión.

Están más cerca de lo que se piensa. Y si la población de las palomas, totalmente oriundas, empieza a asustar a muchos municipios, entre ellos el de Málaga, no hay que olvidar a otras muchas aves que se están asentando en la capital, y sobre las que no se cierne la amenaza de ningún depredador, por lo que su multiplicación está más que garantizada.

Porque, ¿quién no ha escuchado alguna vez el canto insistente y rítmico de las tórtolas turcas? Y ¿qué buen observador no se ha dado cuenta de que hay una especie de 'loritos verdes' (cotorras argentinas o cotorras de Kramer) que vuelan como si estuviesen en su casa?

Un pequeño vistazo a los eucaliptos de la avenida Herrera Oria dan buena muestra de que las cotorras han conquistado este espacio. Están en un impresionante nido comunal, que pesa decenas de kilos. En él se alojan un buen número de parejas, ya que son unas aves muy gregarias. Entran y salen chillando despavoridas con un volumen ensordecedor. Es una gran colonia de cotorras argentinas. En pleno Centro de Málaga.

Afortunadamente, no hay ninguna casa justo al lado, pero no pueden decir lo mismo los sufridos vecinos de los alrededores del centro de salud del Limonar o los de Guadalmar, donde su distribución empieza a ser preocupante. También se pueden avistar en las inmediaciones de Tabacalera, bidones de la Campsa, el Parque, el paseo de los Curas, el hospital Materno, jardines de Pedro Luis Alonso, y en su punto de partida: la desembocadura del Guadalhorce.

Ellas son el fruto de la moda de las aves exóticas, que llegó a Málaga a finales de los años 70. Si Málaga fuese Soria, obviamente, no se habrían reproducido como lo han hecho. Pero en este fantástico clima subtropical, con inviernos suaves y veranos húmedos, las cotorras están como en su casa, según indican a este periódico los técnicos de la Delegación de Medio Ambiente.

Obviamente, ellas no han cruzado el charco solas, su expansión por la ciudad se debe a que sus dueños un día se hartaron de sus gritos y las soltaron alegremente, o bien porque ellas mismas encontraron la forma de escaparse. Pero el hecho es que si siguen multiplicándose como lo están haciendo actualmente, dentro de cien años estas aves de Argentina, Bolivia, Paraguay, Brasil y Uruguay podrían formar parte de los catálogos de aves de la provincia. Lo mismo acabará pasando con los guacamayos, cuya expansión es reciente.

Por eso, y tras un exhaustivo trabajo de campo, la Consejería de Medio Ambiente ha puesto en marcha el 'Plan Andaluz para el control de las especies exóticas invasoras' con el que pretende evitar la expansión en Málaga de las cotorras de Kramer, argentinas, guacamayos, y plantas como el ailanto, la acacia mimosa, la uña de león, la 'Dysphyma crassifolia', el plumero y el jacinto de agua. Entre los peces, se encuentra la carpa común, la gambusia y el carpín o pez rojo. También quiere poner a raya al galápago de Florida o el cangrejo rojo americano.

Sin embargo, la distribución de algunas especies invasoras como es el caso de las tórtolas, que llegaron volando desde Turquía, no es problemática, ya que están muy bien adaptadas y apenas compiten por alimento con otras especies.

Las invasión o colonización más preocupante es la del galápago de Florida, una especie introducida en Málaga en los años 80, que está conquistando los ríos de la provincia y desbancando al pobre galápago europeo 'Emys orbicularis', una pequeña tortuga verde que vive en los cursos fluviales de la provincia.

Contra los galápagos americanos sólo hay una solución: erradicarlos. Y para ello, la Junta empezará a eliminarlos de los espacios naturales protegidos como la desembocadura del Guadalhorce, donde le han ganado la mano a los galápagos oriundos. Su capacidad para adaptarse a este clima, muy parecido al suyo californiano, y su facilidad para adaptarse a la contaminación y a la presencia humana son dos de las bazas a su favor.

También es peligroso el cangrejo rojo americano, que aloja un hongo en sus branquias, al que sobreviven perfectamente, pero que está causando la muerte en tropel del cangrejo común autóctono 'Austropotamobius pallipes'.

Tampoco hay que desdeñar a la hormiga argentina, que ha logrado desplazar a la común española. Llegó, seguramente, con la importación de plantas, y ahora se erige como la dueña del territorio. En contra de la oriunda, la argentina trabaja todo el año -no tiene paralización invernal- con lo que cada vez va ganando más territorio a la autóctona, según subraya el jefe de Gestión del Medio Natural. Cuando una hormiga pequeñita le pegue un picotazo en la pierna, no lo dude, se trata de una hormiga argentina.

En cuanto a los peces, ni que decir tiene que la invasora carpa común es de difícil erradicación porque está tan integrada en el ecosistema que nadie diría que es extranjera. No obstante, no se han apreciado daños visibles ni competencia con otras especies. Y la gambusia, un pequeño pez introducido en Valencia a principios del siglo XX, tuvo suma eficacia: ya que al ser un predador de mosquitos acabó con el paludismo. Sin embargo, hace sombra a otro pez autóctono, el fartet, aunque éste no se distribuye por la provincia.

En cuanto a las plantas, la más invasiva es el ailanto, que se apodera de las cunetas de las carreteras y desplaza a la vegetación propia del monte mediterráneo. La uña de león es sumamente invasiva en las zonas costeras, y existe un programa para erradicarla del paraje natural de las dunas de Artola. También están ganando cada vez más terreno cerca de los ríos el plumero y el jacinto de agua. En concreto, el jacinto de agua es una gran planta colonizadora que invade los pantanos y canales como el de Panamá, donde ya han gastado miles de dólares y aún no han logrado erradicarla.

Con estos animales y plantas hay que tener sumo cuidado porque su suelta continuada en el medio natural puede provocar el desplazamiento de la flora y la fauna autóctonas. Y los biólogos lo tienen claro: que cada hábitat mantenga a sus especies.

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