Austria propone un impuesto para financiar la construcción europea

Sostiene que «no es normal» que la UE obtenga todos sus recursos de los presupuestos de los socios que la componen Primeras escaramuzas sobre la 'nueva' financiación

FERNANDO PESCADORCORRESPONSAL. BRUSELAS
Austria propone un impuesto para financiar la construcción europea

El primer ministro austriaco y presidente del Consejo de la UE por turno de Estado, Wolfgang Schüssel, resucitó ayer la tan vieja como controvertida idea de establecer un gravamen a escala europea para financiar la construcción comunitaria. Lo hizo ante el pleno del Parlamento Europeo, al presentar los proyectos e ideas que van a orientar sus actividades al frente de la Unión, durante el primer semestre de este 2006.

A la luz de las fatigas vividas el pasado diciembre por el Consejo Europeo, con motivo de la aprobación de las nuevas Perspectivas Financieras comunitarias para el periodo 2007-2013, Schüssel se declaraba convencido de la necesidad de poner a punto un nuevo mecanismo de autofinanciación. «No es normal, decía, que Europa obtenga todos sus recursos de los presupuestos nacionales de los socios que la componen».

El mandatario austriaco no explicitó hacia dónde Europa debería dirigir la cuchara recaudadora, pero consideró «absurdo» que, en nuestros días, las plusvalías extraídas de la especulación en Bolsa no estén tasadas. Se refirió también al transporte aéreo y marítimo aunque Austria, en el pasado, se opuso a la tasa sobre los billetes de avión propuesta por Francia.

Schüssel no es el primer responsable comunitario que habla del impuesto europeo. Se trata de una idea que aflora periódicamente para desvanecerse poco después, como el Guadiana, y que viene siendo motivo recurrente en los debates financieros de la UE desde hace ya tres lustros.

Lo reclamaba el belga Philippe Maystadt, siendo ministro de Finanzas, ya en marzo de 1992, cuando la Comisión puso sobre la mesa su primera propuesta de Perspectivas Financieras para el periodo 1993-1999. Antes, Jacques Delors lo había juzgado inevitable, debido a las mayores competencias asumidas por la Unión con el Tratado de Maastricht.

Los alemanes quisieron promover la nueva tasa durante su presidencia de 1994 (segundo semestre), para evitar la fuga de capitales a Luxemburgo.

La discusión

Gil Robles, siendo presidente de la Eurocámara, lo juzgó totalmente necesario en los prolegómenos de la discusión de las Perspectivas Financieras 2000-2006, denominadas en su día Agenda-2000 y estaba en la mente de los comisarios europeos que prepararon, en 2004, la primera propuesta de Perspectivas Financieras 2007-2013, pero sus ideas no llegaron a cristalizar. Más recientemente, el comisario Almunia ha revalidado públicamente su convencimiento de que la construcción europea necesita financiarse con un impuesto específico.

Los planteamientos de Schüssel responden, evidentemente, al anunciado debate sobre el presupuesto de la Unión Europea, que los jefes de Estado y de Gobierno de los 25 aceptaron acometer en 2008 o 2009, a demanda británica.

Posiblemente sea demasiado pronto para lanzar esta discusión en la Europa comunitaria. Pero Schüssel, firme abanderado de la moderación del gasto de la Unión Europea, podría hacer caso omiso de los tiempos, correr por libre y forzar la discusión ya durante su mandato al frente de la Unión.

De hecho el primer ministro luxemburgués reconoció que la aprobación definitiva de las nuevas Perspectivas Financieras, que están pendientes de negociación con el Parlamento Europeo, constituyen una de las prioridades de su mandato, junto con la crisis energética, la reflexión sobre los beneficios de Europa para la ciudadanía (prolegómeno de la recuperación del proyecto de Constitución), el empleo o las pequeñas y medianas empresas.

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