Aceite de oliva a precio de oro

La mala cosecha por la sequía dispara el precio de la botella hasta alcanzar los seis euros

TEXTO: RAQUEL RIVERA FOTOS: ARCHIVO
Aceite de oliva  a precio de oro

L A dieta mediterránea no está en su mejor momento. El producto estrella de la gastronomía española, el aceite de oliva, vive una situación dramática, después de la mala cosecha de esta temporada por la falta de lluvias. En cifras, esto supone una pérdida de casi 700.000 toneladas de aceite, lo que significa casi un 40% menos de la producción prevista para este año. Esta caída representa un varapalo para el sector olivarero andaluz, que produce más del 40% del aceite que se consume en Europa.

Las condiciones climáticas son las responsables de la crisis del sector. A las fuertes nevadas registradas hace dos años en Granada y Jaén hay que sumar la falta de lluvias de este verano, lo que ha provocado que la cosecha vuelva a estar bajo mínimos. «Este año se esperaba producir 1.400.000 toneladas de aceite, pero teniendo en cuenta que no llueve y que el fruto no ha crecido lo suficiente, nos quedaremos en 800.000, como mucho», confiesa el gerente de Hojiblanca, Antonio Luque.

Y una mala temporada se traduce en escalada de precios. Desde el pasado mes de noviembre, la botella de litro ha pasado de costar entre 4 y 4,5 euros a alcanzar los 6.

Las cooperativas aceituneras prefieren ser cautas y, aunque los datos de producción no son alentadores, confían en que esta situación sea coyuntural: «No podemos hablar de crisis, porque es algo temporal ocasionado por unas condiciones climatológicas adversas. No es una cuestión de estrategia de mercado o de comercio», insiste Luque.

Sin embargo, desde 1994 no se había contabilizado una subida tan acusada del aceite, que ahora vuelve a alcanzar niveles históricos. En tan sólo dos meses, su precio se ha encarecido un 20% y su coste por litro en origen ya ronda los 4,2 euros. Y seguirá subiendo mientras continúe la sequía que azota media península: «Hay un 50% de posibilidades de que la botella de aceite suba o baje. Está claro que si no llueve, seguirá el aumento, es la ley de la oferta y la demanda», subraya Luque. Aunque el nivel de las exportaciones aún no se ha visto afectado por la subida del precio, hay riesgo de que a la larga pueda perjudicar su comercialización: «En Europa el consumo se mantiene, pero donde se ha notado un leve descenso es en el comercio con Sudamérica y algunos países de Oriente Medio», reconoce.

Consumo

Las grandes empresas aceituneras optan por no caer en el pesimismo, aunque miran con lupa la reacción del consumidor, ante el temor de que las ventas caigan drásticamente. Precisamente las grandes superficies y los supermercados han emprendido la guerra de precios para no perder clientes.

«Han bajado las ventas desde hace un par de meses. Sobre todo se percibe en las marcas de mayor calidad. El consumidor escoge las más baratas y está atento a las últimas ofertas», asegura Mª Mar González, auxiliar de caja de un hipermercado de la capital.

Más preocupada se muestra Mª Carmen Sanz, dependienta de un supermercado de Málaga, que insiste en que el consumo cae por días: «Desde que subió el precio, las ventas habrán descendido cerca de un 30%. La gente compra las marcas más baratas y desplaza las más conocidas. Prefiere ahorrar».

Ante la incertidumbre en el mercado del aceite de oliva, se plantea la posibilidad de que se sustituya su consumo por otros grasos, como el orujo o el aceite de girasol. «Vemos cómo los clientes se llevan las garrafas de cinco litros de aceite de girasol. Algunos, incluso, prueban suerte con el orujo para cocinar, porque es mucho más asequible de precio y les sale más a cuenta», afirma Sanz.

El cliente no se decide. Hay quienes miran por el bolsillo por encima de la calidad, y otros que no están dispuestos a renunciar al buen sabor de la comida cocinada con aceite de oliva, y no les importa gastarse algunos euros de más. «Suelo utilizar el aceite de oliva para cocinar. Es más sano y natural que el de girasol. Compro la marca de toda la vida, aunque tenga que pagar un poco más», insiste Mª Carmen Rodríguez.

Otros consumidores prefieren apretarse el cinturón y optan por comprar las marcas más económicas, aunque su elección conlleve el consumo de un aceite de calidad inferior. Es el caso de Dolores Pérez. «Hay que mirar por la cartera, porque el aceite se ha convertido en un artículo de lujo y la economía familiar no da abasto».

Y mientras los comercios están muy pendientes y preocupados de cómo pueda reaccionar el consumidor ante el alza en los precios, las cooperativas aceituneras cruzan los dedos para que el mercado exterior no caiga en picado. Ante la duda, se plantean nuevas estrategias de mercado y seguir con las campañas de promoción del aceite de oliva.

Pero será la lluvia la que finalmente haga mover la balanza de los precios y marque el futuro que le espera al sector. «Lo que debemos hacer es mirar al cielo todos los días y rezar para que llueva cuanto antes», concluye Antonio Luque.