30 años después: Allí fue Troya (y el Palmar)

La iglesia instaurada por Clemente Domínguez en un pequeño pueblo sevillano ha sido uno de los acontecimientos más sorprendentes de la historia reciente del país

MARIO VIRGILIO MONTAÑEZ
30 años después: Allí fue Troya (y el Palmar)

EN el segundo disco de Carlos Cano, 'A la luz de los cantares', de 1976, se incluía una canción, 'El milagro del Palmar', que ofrecía en clave esperpéntica, pero ajustada a la realidad, la historia de Clemente Domínguez, el obispo vietnamita y la orden de los Carmelitas de la Santa Faz. La canción, que algún lector insolente recordará, comenzaba con estos versos: «En un pueblo cercano a Sevilla pa más señas llamao El Palmar / ha ocurrío una cosa mu gorda: el milagro de la Santa Faz / que parece qu'a visto Clemente a la Virgen diciendo así: / 'qué moderna s'a güerto la iglesia mucho progresista corre por aquí / que hasta al Papa lo tienen drogao obispos marxistas d'esos de Lenín'».

Esta mezcla de cateterío y de reacción tridentina contra el todavía reciente Vaticano II es lo que ha caracterizado al fenómeno palmariano, coincidente, no se olvide, con la herejía que en Francia monseñor Lefebvre llevará hasta el cisma en 1988, y por lo tanto fruto de un momento que, en nuestro país, era el del desconcierto tras la feliz muerte del Generalísimo Franco y los nervios de la derecha ultramontana por los destinos del Estado.

La tierra de María Santísima lo es también de grandes heterodoxos, de locos de Dios y de pícaros, de herejes y santos de caminos tortuosos. La muy católica España es también la muy caótica, la tierra propicia para alucinados de toda laya, creyentes o pillos, que hicieron de la religión un circo de tres pistas. O de tres capillas o de basílicas de tres pistas. Quizás el caso de Clemente Domínguez sea, por cercano y estrambótico, y por haber llegado a convertirse nada menos que en Papa, sea el más elocuente de estas herejías y estos mesías que acuden como ladrón en la noche a arrebatar las ovejas de su redil. Y que conste, para evitar equívocos, que el firmante no se considera, en modo alguno, y a pesar de su formación, ni católico, ni apostólico, ni romano.

Un sainete sacro

Este sainete sacro se inicia en fecha tan lejana como el 30 de marzo de 1968, cuando en la localidad sevillana de El Palmar de Troya, cercana a Utrera, tres niñas afirman haber presenciado una aparición mariana, y el 15 de abril de 1970 Clemente entra en trance ante 30.000 testigos convocados por la anterior manifestación mariana. En 1974, Clemente crea la Orden de Carmelitas de la Santa Faz, y el 11 de enero de 1976, hace ahora tres décadas, es ordenado obispo, al margen de todo reglamento, por el obispo vietnamita (y hermano del presidente asesinado de su país) Pedro Martin Ngo-Din Tuc, que ya le había ordenado sacerdote el último día de 1971.

En mayo de su primer año como obispo, Clemente queda ciego como consecuencia de un accidente de automóvil. Y en 1978, a la muerte de Pablo VI, se proclama Papa, siendo Juan Pablo II por lo tanto representante de una falsa iglesia dominada por masones y comunistas. Curiosamente, hay páginas nazis en Internet que tachan al difunto Karol Woyjtila de masón y judío.

El caso es que la iglesia palmeriana, al menos hasta la muerte en marzo de 2005 del papa Gregorio XVII, pues tal nombre tomó el autoproclamado Papa, fue protagonista de diversos escándalos, contándose entre los más pintorescos el intento de linchamiento del falso Papa en Ávila en mayo de 1981 tras creerse que con unos secuaces pretendía robar reliquias de Santa Teresa de Jesús, o la asistencia de diversos sacerdotes de la Orden, entre 1990 y 1993, a hospitales tras herirse al intentar perforarse el glande con una argolla. Los caminos de ciertos Dioses son inescrutables. Y la financiación, en el caso del Palmar, mayoritariamente canadiense.

Esta iglesia de grandes fastos y representantes nefastos (son conocidas las francachelas del poco Santo Padre y sus acólitos en diversas tabernas hispalenses) quedó de manifiesto en su uno de sus primeros documentos, dirigidos a las primeras Cortes democráticas de 1977, en el que se decían cosas tales como «queremos decir, con valentía y con voz alta y potente, que la masonería es una invención satánica para intentar destruir la Iglesia. Nos, queremos recordar a todos los fieles, los innumerables mártires producidos por la terrible persecución marxista, comunista y socialista. Nos, otra vez nos vemos obligado a hablar de la Católica España; pues, esta Nación, sufrió terriblemente las horrendas persecuciones de los comunistas durante la diabólica 2ª República Española. Un día no lejano, elevaremos a los altares a los innumerables mártires de España, que fueron vilmente asesinados por los comunistas. El amor y la protección de la Santísima Virgen María, nos dio un Santo Caudillo, Francisco Franco, Jefe Supremo de la Santa Cruzada Española contra el comunismo. Nos, en honor a la verdad, hemos de decir que, los 40 años del carismático gobierno de Franco, ha sido la paz más bella y santa que España ha vivido. Amadísimos hijos, Nos, os anunciamos proféticamente, para que estéis preparados: España nuevamente caerá por un tiempo, y vivirá sujeta bajo la tiranía comunista».

Figuras variopintas

Dejemos en paz al Opus Dei, sea secta o no. La que sí lo es, y rarita, es la de la Iglesia Cristiana Palmeriana, que sigue en activo con un nuevo Papa. Aparte quedan figuras variopintas e igualmente vergonzantes como el Santón de Baza, Carlos Jesús o diversas figuras que también aspiraron a su propio culto, sin olvidar al inquietante cura de Málaga Don Hipólito Lucena, protagonista del episodio conocido como el de las 'hipolitinas' y del que muchos malagueños quieren seguir guardando el secreto y el silencio. Son, simplemente, escenas de esta Historia Sagrada de la Infamia.