Cómo hablar con los hijos de los secuestros de niños

Dibujo de Nacho Reyes Álvarez./
Dibujo de Nacho Reyes Álvarez.

CARLOS PAJUELO

La desaparición de un niño o de un adolescente es una de esas noticias que inevitablemente encogen el corazón porque es muy fácil ponerse en empatía con la angustia que madres y padres de esas criaturas están sintiendo.

Te recuerdo que durante el tiempo que educamos a nuestros hijos lo que hacemos día a día es darles lecciones de vida, lecciones para vivir, lecciones para afrontar lo que la vida nos depare.

La desaparición de Gabriel nos da una oportunidad para hablar con nuestros hijos e hijas sobre la maldad, porque existe la maldad y no educar en cómo actuar frente a la maldad es negar una realidad que se puede volver en contra de nuestros hijos.

Qué decirles

En primer lugar, pregúntales a ellos qué es lo que saben, qué piensan sobre el asunto, pregúntales cómo hubieran ellos actuado si un desconocido los aborda.

Diles que igual que existen muchísimas personas buenísimas hay algunas personas, pocas, que son malas con los niños.

Diles que es difícil reconocerles porque se hacen pasar por buenas personas, por eso es IMPRESCINDIBLE que les digas que no se habla con extraños. Es mejor que parezcan antipáticos y den respuestas del tipo, “lo siento no puedo ayudarlo, soy un niño”. Los adultos deberíamos entender que a los niños, desconocidos, no se les pide ayuda directamente, si necesitamos algo les decimos que avisen a algún adulto.

Diles que si esa persona insiste, salgamos corriendo. Y que si los agarran de la mano, griten.

Diles que esto no ocurre frecuentemente, que no es lo normal, que no deben tener miedo que lo que tienen que tener es precaución. El ejemplo de cruzar por un paso de cebra nos servirá para hacerles ver que si no ponen cuidado les pueden atropellar pero si ponen cuidado es muy difícil que te atropellen.

Diles que tengan esperanza, siempre hay que aferrarse a que puede haber un final satisfactorio. Esperemos a ver qué sucede y mientras esperamos según los valores que transmitas en tu casa pueden rezar, pueden hacer dibujos, escribirle una carta los padres que lo pasan mal, a los compañeros del colegio que lo echan de menos, hablarlo, etc.

Y cuando haya un desenlace, sea el que sea, contadles la verdad, adaptada a la edad de los niños. Y según como sea el desenlace reirán o llorarán. Déjalos que expresen sus emociones y acompáñalos.

Cómo decirlo

Con tranquilidad, con calma porque si lo transmites con angustia, angustiarás a tus hijos. Asustarlos no es una buena manera de educarlos, eso solo los convertirá en personas asustadizas, paralizadas.

Hay lecciones de vida que no nos gustaría tener nunca que dar, pero por mirar hacia otro lado, por callar el mal no deja de rodearnos, a nosotros y a nuestros hijos. Educa, es lo que hacemos padres y madres.

Y hagamos de la empatía, del apoyo, de la compasión, una manera efectiva no solo de dar consuelo a esa madre y a ese padre desesperados, sino también a nosotros mismos.

(Desgraciadamente nos llega la noticia de la aparición del cadaver de Gabriel, trágico final que trunca una vida inocente y destroza la vida de sus padres, familiares, amigos. Nuestra solidaridad y cariño con todos los que sufren esta perdida.)

 

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