Cuándo se le puede dar a los bebés la comida sin triturar

Pasar de la leche a una alimentación variada a base de purés implica un cambio importante, pero introducir los alimentos sólidos supone para los padres un verdadero trabajo de concienciación por el miedo, incluso terror, a que el niño se atragante. ¿Cuál es el momento idóneo?

Cuándo se le puede dar a los bebés la comida sin triturar
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Raquel Merino
RAQUEL MERINOMálaga

A veces el miedo a que los bebés puedan atragantarse con un trozo de pan, de fruta o con algunas legumbres, retrasa en exceso la introducción de los alimentos sólidos. Incluso no resulta extraño ver a niños de cinco o seis años comiendo purés ante la falta de costumbre. Pero, ¿cuándo es recomendable dárselos a los pequeños?

Un informe reciente de la Sociedad Valenciana de Pediatría, con recomendaciones sobre la alimentación en lactantes y preescolares presentado en el Colegio de Médicos, aconseja no retrasar la introducción de alimentos sólidos más allá de los 10 meses. De hecho, incide en «la necesidad de progresar pronto en la diversificación de las texturas, no demorando la introducción de alimentos no triturados más allá de los 8-10 meses» para evitar desajustes alimenticios en el futuro.

De hecho, retrasar la introducción de alimentos semisólidos y sólidos puede provocar problemas en la masticación y en la adquisición de buenos hábitos alimentarios. Algunos estudios apuntan a que no masticar o hacerlo mucho menos de lo que sería normal puede afectar a un crecimiento adecuado de la mandíbula y, como consecuencia, a que en el momento de salir los dientes definitivos no tengan el espacio necesario y se monten.

Además, el trabajo que realiza la lengua al masticar le da una movilidad necesaria para articular bien el lenguaje, con lo que tomar comida triturada o en puré puede acarrear problemas posteriores de pronunciación.

Por no hablar, de que si no se acostumbra a los niños a texturas y sabores nuevos, lo más probable es que les cueste mucho más comer ciertos alimentos como las frutas o las verduras en edad más avanzada.

Por ello, se aconseja ofrecer alimentos grumosos o aplastados con el tenedor, carne o pescado desmigados, fruta pelada y otros alimentos blandos que puedan comer ellos mismos con las manos a partir de los 6 ó 8 meses. Después se pueden incluir los primeros alimentos sólidos como tortilla, jamón york, queso, arroz o pasta, sin retrasarlo más de los 8 o 10 meses.

Hay padres que en estos momentos se estén echando las manos a la cabeza y preguntándose: ¿si no tiene todos los dientes?

Aún sin tener su dentadura, los bebés mastican con las encías. De hecho, se recomienda empezar a partir de los 6 meses porque antes los pequeños reaccionan ante un trocito o incluso ante un puré con grumos con el reflejo de extrusión, presente hasta los 4 ó 5 meses de vida. ¿En qué consiste? El niño expulsa con la lengua cualquier alimento sólido. El motivo: puro instinto de supervivencia.

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Indicadores de que el niño está preparado

Existen una serie de aspectos que pueden indicar a los papás cuándo su bebé está preparado para tomar alimentos sólidos. Entre otros, que tenga control de su cabeza para que la pueda mantener erguida; que se siente bien en una silla o trona; que ya no presente el reflejo de extrusión, de modo que sea capaz de llevar los alimentos al fondo de su boca y tragarlos; incluso cuando muestre interés por la comida, intente agarrarla y comience a observar con curiosidad a los demás cuando comen.

De todos modos, hay que estar preparados y, como en otras muchas facetas de los hijos, tirar de la paciencia. Introducir los alimentos poco a poco (a partir de los 6 meses pueden comer casi todo tipo de alimentos: carne, pescado, cereales, frutas y verduras); ofrecerles trocitos blandos y observar cómo se manejan; darles de comer con cuchara y de beber en vaso y dejar que manipulen los alimentos para que adquieran nuevas habilidades; no obligarles a que tomen más cantidad si se muestran saciados, y usra la lógica evitando los alimentos duros o redondeados de pequeño tamaño, como frutos secos enteros, aceitunas, palomitas, caramelos o zanahoria cruda en pequeños trozos, son algunos de los consejos que ofrecen los pediatras para hacer de este proceso una experiencia los más agradable posible tanto para los hijos como para los padres.

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