La rotonda

Vorágine con v

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Hemos dejado perplejos al mundo y a nosotros mismos. No hay país en este planeta que produzca la cantidad de noticias tan variadas y distintas en una vorágine sin igual apenas en unas horas. Vamos al ritmo de los nuevos tiempos, que están marcados por las redes sociales, no lo olvidemos, especialmente por Twitter. Vamos al ritmo de darle con el dedito al cristalito del móvil para refrescar la cuenta y que te aparezcan en un instante 30 tuits diferentes cada uno con una noticia o/y un insulto o/y decenas de faltas de ortografía. Quizás por esas bullas, IU de Málaga ha pedido a la Diputación que solicite para García Lorca el Premio Novel de Literatura a título póstumo, o sea, con V y no con B. Yo culpo a Twitter, aunque ¿le echo la culpa simplemente por ser un hecho?... Que no vean la que han liado los intrépidos dominadores de la red mezclando hecho con h y echo sin h, un lío digno de cuando lleguen los participantes de Supervivientes de la isla. A ver cómo les explica Jorge Javier (o quien sea) que ha habido en estos días una moción de censura, caída de un presidente y de un gobierno, nombramiento de otro presidente y otro gobierno, al tiempo que Zidane se cabreaba y se iba, dejando al Real Madrid sin entrenador, y Florentino, que con lo único que parece que no se queda es con la obra del metro de Málaga (bien por Sando, empresa malagueña), se lanza a través del móvil (siempre aparece este 'invento del demonio', como lo definió genialmente el inolvidable y añorado Antonio Garrido) y localiza a Lopetegui, y a 48 horas de nuestro debú mundialista lía un cirio descomunal, tanto que hasta Urdangarín, que esa misma mañana ha recibido 'otra notificación', queda en segundo plano. Pero además, ese mismo día, el nuevo ministro de Cultura se da cuenta de que se le olvidó decirle a Pedro Sánchez, que es el nuevo presidente del Gobierno, que tuvo que pagar casi 218.000 euros que defraudó a Hacienda por aquello de utilizar una sociedad interpuesta para amortiguar sus pingües ingresos, una cosita normal, que ya saben todos lo que ganamos los periodistas, y Màxim Huerta, el ministro más breve no de la democracia sino posiblemente de la historia de España, tuvo que decir adiós no sin antes ir a París para ver a Nadal ganar otro Roland Garros. Menos mal que nos queda Nadal. Porque mientras, Puigdemont se querella contra una empresa malagueña por llamarse Pig Demont. Casualidades de la vida, incluido el bisoñé del simpático cerdito que anuncia jamones, pero no chorizos. Total que Huerta tiene tiempo otra vez de sustituir a Ana Rosa en la tele y llega otro ministro de Cultura nuevo. Entre una dimisión y un nombramiento hacía falta un cese, que es intransitivo, pero el intransigente Rubiales, que no quiere que le tomen el pelo, decide echar a Lopetegui (no hechar, sino echar, otra vez el lío para no pocos tuiteros) buscando sus cinco minutos de gloria... En medio de la trifulca, lo único bueno es que un malagueño es el seleccionador, Fernando Hierro... Y por aquí siguen las cosas, sin que el nuevo presidente hable con los periodistas, preocupados por la jauría de Màxim, y preparando a los que vengan de 'Supervivientes', si es que a estos les interesa lo que pasa. Echamos de menos un hecho, porque ahí hay un hombre que dice ¡ay! Lo dicho, lo que no aguante la España de Torra y Rufián, nadie lo hará... Con h.

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