El viraje de Alemania

Merkel admite su excesiva rigidez durante la crisis con sus socios europeos al apostar por la inversión pública para frenar la recesión

Alemania se dispone a relajar la férrea ortodoxia económica de la que ha sido celoso guardián durante más de una década. Una disciplina en el control del gasto público que ha impuesto con mano firme a la Eurozona desde la última crisis y que, ahora que es ella quien está en aprietos, parece proclive a flexibilizar. De esa forma asume implícitamente una rigidez excesiva en el pasado con sus socios europeos que evita aplicarse a sí misma. El Gobierno de una Angela Merkel en retirada baraja un paquete de incentivos para dinamizar la economía germana, al borde de una recesión que el Bundesbank, su banco central, da por segura al prever la segunda contracción consecutiva del PIB en el actual trimestre. Así, debate un plan de inversiones públicas extraordinarias por valor de 50.000 millones de euros con cargo a la deuda y diversos incentivos fiscales, entre otras medidas para reactivar la locomotora europea, cuya pérdida de fuelle amenaza al conjunto de la UE en un contexto internacional adverso sobre el que planea la sombra de una crisis global. La abolición del 'impuesto solidario' para financiar la reunificación del país, anunciada el pasado miércoles, va en esa misma línea. Con ella, el Ejecutivo no solo pretende impulsar el consumo, sino trasladar un mensaje de confianza en el futuro con una demostración de que está dispuesto a actuar con todas las herramientas a su alcance para insuflar oxígeno a la economía. Alemania cuenta con el músculo financiero necesario para combatir una parálisis de la actividad. Su deuda, por debajo del 60% del PIB, le otorga un amplio margen de maniobra del que carecen otros países y que sería irresponsable no utilizar, llegado el caso, ante una situación comprometida. Aunque ello suponga incurrir en la contradicción de que el estandarte de la austeridad, ejemplificada en el déficit cero como objetivo y la contención del gasto, apueste ahora por los estímulos públicos en coyunturas críticas. La inversión pública constituye un arma eficaz para contrarrestar la parálisis de una economía si va dirigida a actuaciones que la modernicen y así lo permite la situación financiera. Bienvenida sea la rectificación insinuada por el Gobierno de Merkel si frena una crisis en Alemania que inevitablemente sacudiría al resto de la UE.