El violín

El extranjero

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

Las fotos de las manos de Pedro Sánchez se han mostrado a modo de radiografía de lo que es el nuevo Gobierno, el nuevo presidente, la nueva España. Dos manos limpias y fuertes capaces de darle a la manivela atascada que habían dejado las manos blandas de Rajoy, acostumbradas a la vida muelle del poder. Las manos de Sánchez son las manos del hambre (de poder), las manos de la energía que prometen no volver a pasar hambre. Y con él la famélica legión, naturalmente. Para empezar, Sánchez, que parece haber nacido para el cargo y que tal vez por eso hasta ahora se lo veía desubicado y errabundo, se ha encaminado a París y a Berlín y ha sacado a bailar a Angela Merkel, la chica con dinero pero poco agraciada que en estos momentos estaba apalancada en un rincón de la verbena europea. Sánchez y el perfecto bailarín de claqué que es Macron van a formar con la jefa alemana un trío necesario en la muy necesitada Unión Europea.

Por todas partes se ha leído que Pedro Sánchez ha ido a salvar a la soldado Merkel. Es una forma de verlo, porque a quienes se pretende salvar es a los europeos en general, a este continente que ha padecido dos devastadoras guerras civiles en el siglo XX y que pretendía purgarse de ese afán cainita por medio de una política común. La UE no es una utopía sino una vacuna. Frente a los nacionalismos del XIX, la xenofobia y el autismo -tan beneficiosos en estos momentos para Asia, USA y Rusia- el proyecto europeo es la única salvación para el viejo continente. Esos son los hilos que deben atar las manos de Sánchez. Su perra Turca, las gafas de sol y sus carrerillas por los jardines de la Moncloa, como las mismas fotos de sus manos, se quedarán en la anécdota, el marketing y la propaganda, pero los nudos que aten o desaten esas manos no serán baladíes. Estamos en una curva de la Historia donde todo importa y en la que los acontecimientos se deslizan a una velocidad insospechada hace muy pocos años.

Alguien escribió alguna vez que «Europa es un violín sonando en la noche por las calles mojadas». Bueno, pues las manos de Sánchez pueden tocar ese violín como las de un pedigüeño rascatripas o como las de un virtuoso. De momento va por los salones europeos alegrando las soporíferas cumbres. Y que no se piense que eso solo vale de puertas afuera. El enfurruñado Torra espera con su carraca dentro de una semana. Y la melodía europea puede desentonar mucho con su música, tan parecida a la de Manolo el del Bombo, por mucho que le duela (a Manolo). Es verdad que el photoshop ha librado de manchas las manos presidenciales -la verruga de Maxim Huerta, el churrete del presidente de la diputación valenciana o el sabañón del alto cargo de la Junta que robaba a su suegra-, pero de momento se han decidido a coger el violín por el traste. A ver qué nos toca.

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