LO QUE DE VERDAD IMPORTA

De la Torre, en el pleno en el que se decidió quitarle los honores a José Utrera Molina./
De la Torre, en el pleno en el que se decidió quitarle los honores a José Utrera Molina.

Parece que se pone más interés y pasión en asuntos históricos que en solucionar problemas actuales como el saneamiento o el tren a Marbella

Javier Recio
JAVIER RECIOMálaga

Muchas veces nos perdemos en debates que tienen muy poca trascendencia en la vida de la mayoría de los ciudadanos. Los plenos municipales de casi todos los pueblos y ciudades están llenos de ejemplos en ese sentido. Sin ir más lejos, esta semana el asunto más polémico en el Ayuntamiento de Málaga fue discutir si estaba justificado quitarle o no los honores al ministro franquista José Utrera Molina, fallecido recientemente. Escuchando a algunos parece que la historia de Málaga será diferente por mantener o quitar ese honor, como si nadie supiera ya que este hombre participó en un régimen dictatorial que por mucho que se quiera por desgracia ya no se puede borrar de la historia de España. Aún quedan unos 20 años, como dijo acertadamente Gregorio Marañón, para que la Guerra Civil y sus efectos posteriores dejen de estar de manera recurrente en la mente de muchos. Para algunos, lo de la medalla debía ser una cuestión de justicia y para otros, un mero acto de revanchismo. Seguramente, para la gran mayoría es algo que ya no tiene la menor incidencia en sus vidas, más que nada porque este hombre ya está muerto y no puede pasear medalla alguna con independencia de los merecimientos que pudo o no tener.

Viene esto a cuento porque esta semana una compañera de SUR in English comentó que una colaboradora de este medio en Nerja, curiosamente el lugar donde vivió y falleció Utrera Molina, recibió una llamada de una compatriota británica que estaba preparando sus vacaciones estivales y quería hacerle una consulta. Obviamente, no preguntó por la polémica y el pasado franquista de este personaje (hubiera sido algo ciertamente increíble), ni tampoco le interrogó si había muchos bares en las principales calles del municipio que molestaran sus futuros paseos vespertinos o si había que hacer mucha cola para entrar en la cueva de Nerja. Ni tan siquiera cuestionó si el precio del piso que iba a alquilar por Air BNB era desproporcionado. Simplemente le preguntó por algo que sí le iba a afectar de verdad: si el agua de la playa estaría limpia. Así de transparente. La buena señora había leído que las obras de la depuradora nonata de la localidad volvían a paralizarse y quería saber cómo afectaría a la calidad de las aguas de la playa. Obviamente, la interlocutora, con todo el dolor de su corazón, le dijo la verdad. Que hay días que la playa parece la propia depuradora. Después de tantos años, ni PP ni PSOE, los partidos gobernantes en Madrid, aguantan un debate en serio sobre este particular sin que se avergüencen de ello. Sin duda están más cómodos hablando de medallas u otras cosas en las que no se les puede poner colorados por su inacción.

En el lado contrario de la costa, en la occidental, también es necesario poner la lupa en lo que realmente es importante. La Junta de Andalucía avanzó que el POT, el Plan de Ordenación del Territorio de la Costa del Sol que diseña Fustegueras, también conocido como 'Fustigueras', no iba a reservar espacio para que el tren de alta velocidad (o de cualquier velocidad) llegara hasta Marbella, pues preveía un metro ligero. Sin duda una decisión que tenía trascendencia para la movilidad de la zona española más castigada en el ámbito ferroviario, que no es otra que la Costa del Sol. La Consejería utilizó un señuelo para que esta decisión pasara inadvertida. Apostaba por liberar de peaje la actual autopista, algo que sin duda agradecerían los miles de conductores que pasan por sus vías. Todo magnífico, salvo por un pequeño matiz: esta decisión no compete a la Junta, sino al Gobierno, que es el que tendría que pagar el dinero a la concesionaria. Lo que estaba en manos de la Junta era reservar espacio para otra autovía o para el ferrocarril. Y eso no lo había hecho. Afortunadamente no se picó el anzuelo y se vio obligada a rectificar de inmediato un día después. Sabía lo que se le empezaba a venir encima. Porque la gente no es tonta. Porque la ansiada llegada del ferrocarril a Marbella, que si nos creemos lo que dijo ayer el ministro Íñigo de la Serna parece que empieza a vislumbrarse, es de esos temas que importan de verdad...

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