Venezuela y la guerra fría

La clave del futuro del país está en la posición queadopte el Ejército, dividido a pesar de las prebendas otorgadas a la cúpula por los chavistas

Venezuela y la guerra fría
José Ibarrola
JAVIER FERNÁNDEZ ARRIBAS

De repente, el mundo ha retrocedido cuarenta años por la crisis en Venezuela. La crisis interna en un país latinoamericano: Cuba, Nicaragua, El Salvador, por ejemplo, era utilizada por los Estados Unidos y por la antigua Unión Soviética para dirimir sus graves diferencias y para lograr un adepto más a sus planteamientos para ganar peso político, diplomático, económico y comercial a nivel internacional y justificar posiciones internas. El objetivo era desacreditar al enemigo a nivel internacional y demostrar la fuerza propia y la capacidad de ejercer como líder mundial.

La Guerra Fría tuvo en vilo a la Humanidad como resultado de una pugna por el poder tras la Segunda Guerra Mundial que permitió emerger al régimen soviético como gran potencia internacional gracias a sus armas nucleares. La instalación de misiles en la isla de Cuba provocó la crisis más grave en los años sesenta. Moscú tuvo que retirarlos, pero no dudó en apoyar todo tipo de guerrillas centroamericanas para socavar los intereses norteamericanos en la región. Sin embargo, la carrera de armamentos planteada por el presidente Ronald Reagan y su guerra de las galaxias provocó la asfixia económica soviética y el colapso de la Unión Soviética tras la caída del muro de Berlín en 1989. La nueva Rusia que quedó tras los escombros del Pacto de Varsovia, con todos sus países del Este miembros de la Unión Europea y de la OTAN, era débil económica y políticamente y debía reconstruir su economía quebrada con parámetros de cierta democracia.

Han pasado los años; con Vladimir Putin, el petróleo y una gestión autoritaria, Rusia ha logrado recuperar su posición de gran potencia mundial con Siria como escenario para demostrar su decidida actitud de intervención sin escrúpulos ni miramientos al derecho internacional. Sus nuevos sistemas de armamento han hecho saltar muchas alarmas en Occidente. La crisis de Ucrania hizo saltar por los aires la cooperación entre Estados Unidos y la Unión Europea con la Rusia de Putin. Ni siquiera los estratégicos intereses energéticos de Moscú con países como Alemania sirvieron para atemperar la situación tras la drástica respuesta rusa de ocupar Crimea y promover los enfrentamientos en las regiones ucranianas con mayorías rusas. Las consiguientes sanciones occidentales a los intereses rusos, todavía en vigor, han sido respondidas por Moscú con todo tipo de injerencias para desestabilizar tanto a Estados Unidos, con las relaciones del presidente Donald Trump y su equipo con el Kremlin durante la campaña electoral, como a países de la Unión Europea como el Reino Unido con el 'brexit' o en las elecciones en Francia o Alemania con noticias falsas o en la crisis soberanista en Cataluña. Varios miles de millones de dólares, equipo informático, nuevas tecnologías de última generación y centenares de profesionales son utilizados por Rusia para su ofensiva contra los intereses occidentales. Hoy, nada más conocerse el reconocimiento inmediato del presidente Trump al autoproclamado presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, la reacción del presidente Putin ha sido tajante al advertir que cualquier actuación norteamericana en Venezuela tendría graves consecuencias.

Llueve sobre mojado porque el régimen chavista, encabezado por Nicolás Maduro, había conseguido involucrar a su país en la actual guerra fría para utilizar el respaldo ruso como herramienta para mantenerse en el poder. Por supuesto que el apoyo de Putin no era gratis porque Maduro ha emitido bonos en los últimos meses por valor de 130.000 millones de dólares que también han sido adquiridos por China. En este terreno, el petróleo venezolano y sus grandes reservas sirven para lograr apoyos que, en el caso de Moscú, van más allá del interés económico-comercial por la venta de armas y la celebración de maniobras militares que tuvieron como protagonistas a varios aviones rusos, bombarderos TU-160 con capacidades nucleares.

Trump ha dejado claro que contempla todas las opciones a la hora de asegurar el apoyo al opositor Guaidó, lo que podría interpretarse como una disposición a utilizar una intervención militar. Pero está claro que Venezuela no es Panamá, por ejemplo, donde la intervención norteamericana para derrocar al general Noriega fue un mero entrenamiento de los marines. Desde hace años, la preocupación internacional a la hora de barajar soluciones para acabar con la dictadura chavista se encontraba siempre con la prevención de evitar un enfrentamiento bélico que tendría graves consecuencias, sobre todo para el pueblo venezolano. En las últimas horas se habla de varios muertos por la represión de las fuerzas bolivarianas y de las milicias paramilitares que actúan bajo las órdenes de los servicios de inteligencia controlados por oficiales cubanos. La represión de 2017 se cobró casi dos centenares de opositores asesinados durante las manifestaciones y en la represión consiguiente. En estos momentos, la clave del futuro en Venezuela está en la posición que adopte el Ejército, dividido a pesar de las prebendas otorgadas a la cúpula por los chavistas.