Venezuela y el caudillismo

Hoy más que nunca, con un país destrozado, con las tasas de delincuencia más elevadas del mundo, los venezolanos deben reflexionar para buscar salidas a esta situación

Venezuela y el caudillismo
Juan Manuel Ruiz Galdón
JUAN MANUEL RUIZ GALDÓNEconomista

Hablar de Venezuela para muchos españoles es hablar de nuestra historia. Según los datos del Padrón de Residentes en el Extranjero, Venezuela es uno de los países con mayor población española, aunque su número viene bajando en los últimos años mientras suben los venezolanos en España.

Es que, sin lugar a dudas, Venezuela formó parte de la organización político-administrativa de España en el pasado. Recordemos cómo en el Estatuto Real de 1808 Venezuela aparece como una provincia española, estableciéndose que sus habitantes tendrían los mismos derechos que los de la metrópoli y con dos representantes en las Cortes. Pero a pesar de esta igualdad entre ciudadanos y territorios, una buena parte de españoles que allí habitaban, sobre todo la clase más acomodada, no estaban satisfechos. Por ello, aprovechando la situación dramática que se vivía en la península a causa de la invasión francesa, se rebelaron contra su país, España. Era el comienzo de una guerra civil en aquellas tierras que finalizaría con la creación de la República de la Gran Colombia con Bolívar como presidente y con un territorio formado por la actual Colombia, Venezuela, Panamá y Ecuador, así como otras zonas limítrofes.

Pero la Gran Colombia, el sueño de Simón Bolívar, duró poco más de cinco años debido a los movimientos separatistas liderados por el general José Antonio Páez desde el territorio venezolano. De esta manera en diciembre de 1829 logran separar Venezuela de la Gran Colombia, el sueño de Bolívar, y se crea la nueva república de Venezuela, con una historia repleta de golpes de Estado, rebeliones y alzamientos, con una mayoría de presidentes militares que en ocasiones accedieron al poder por la fuerza de las armas.

Hoy conocemos la situación compleja que vive Venezuela, en la que comprobamos cómo una gran parte de países, entre ellos España, ha reconocido a Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional,  como presidente interino legítimo de Venezuela cuando creíamos que el presidente de dicha república era Maduro. Para poder entender este hecho debemos situarnos en las anómalas elecciones presidenciales venezolanas de mayo de 2018, resultados que no fueron reconocidos por numerosos países e instituciones internacionales, así como por los partidos de la oposición a Maduro. La no aceptación del triunfo de Maduro se basaba en la situación en la que se produjo el proceso electoral, con numerosos políticos de los partidos de la oposición encarcelados, entre ellos Leopoldo López, y con condenas a este hecho por numerosas instituciones internacionales, entre ellas las Naciones Unidas o la Unión Europea. Recordar las declaraciones de Franklin Nieves, el ex fiscal que acusó a López, señalando posteriormente que había sido presionado para presentar pruebas falsas contra él o las de la fiscal general Luisa Ortega Díaz denunciando presiones para acusar a López por las muertes de la manifestación del 14 de febrero del 2014. Asimismo, el Observatorio Electoral Venezolano había denunciado irregularidades en el proceso electoral como las del uso del carnet de la patria, consistente en un bono de bolívares para los que votasen a Maduro, la compra del voto, las del voto asistido por grupos afines a Maduro, la limitación del derecho de información a los medios de comunicación, e incluso la instalación de puntos políticos del partido de gobierno dentro de los centros de votación.

La Constitución venezolana establece que el candidato elegido tomará posesión del cargo de presidente de la República el 10 de enero del primer año de su período constitucional, mediante juramento ante la Asamblea Nacional. Pero para muchos juristas la no aceptación de los resultados electorales hacía que no existiese realmente un nuevo presidente en Venezuela, agravándose la situación por la ausencia de una toma de posesión ante la Asamblea Nacional. De esta manera, y acogiéndose de nuevo a la Constitución, debe ser el presidente de la Asamblea Nacional el que, en ausencia del presidente electo, deba convocar nuevas elecciones.

Hoy más que nunca, con un país destrozado, con las tasas de delincuencia más elevadas del mundo, sin capacidad de abastecimiento de productos básicos a su población, los venezolanos deben reflexionar para buscar salidas a esta situación. Esta crisis ya ha traspasado las fronteras venezolanas, convirtiéndose en un problema para la región, con millones de venezolanos desplazados que colapsan los municipios limítrofes, comenzando a generarse brotes xenófobos, generándose un problema geopolítico y económico en los que Rusia y Estados Unidos parecen tener intereses.

Antonio Gala decía que la dictadura se presenta acorazada porque ha de vencer y la democracia se presenta desnuda porque ha de convencer. Entre tanto, un Maduro acaudillado, al que solo le preocupa amordazar a cualquier opositor. Recientemente ha inhabilitado a Guaidó a través de un contralor, Elvis Amoroso, que no ha sido nombrado por la Asamblea Nacional, que es el órgano competente para ello. Pero en Venezuela ya todo vale.