Venezuela y Arabia Saudí

Guaidó y la oposición democrática venezolana no lograron el apoyo del Ejército de Venezuela. La presencia rusa en este país responde sin duda a que es uno de los grandes del petróleo

Venezuela y Arabia Saudí
FRANCISCO J. CARRILLOExembajador de la UNESCO y presidente de la Academia Europea

Algunos lectores se preguntarán por la relación entre Venezuela y Arabia Saudí. Ambos países son miembros de la ONU y se les reconoce su soberanía. Sin embargo, se están convirtiendo en referentes del retorno de la Guerra Fría y del forcejeo en el nuevo reparto de las áreas de influencia de las grandes potencias con sordina de fondo de la carrera de armamentos.

Hace unos días saltó la noticia de la llegada de dos aviones militares de transporte rusos al aeropuerto de Caracas. Según filtraciones dignas de crédito, los aviones transportaban material militar y «funcionarios» que iban acompañados del jefe del Comando Principal de las Fuerzas Terrestres de Rusia. Estas aeronaves aterrizaron en un Estado soberano que, teóricamente, tiene dos presidentes: el dictador Maduro y el reconocido por 50 países como «presidente legítimo», el presidente de la Asamblea Nacional democrática, Juan Guaidó.

A nivel de relaciones internacionales, la actual Venezuela recibe el apoyo estratégico de Rusia, China y Turquía en un amplio subcontinente que fue considerado tradicionalmente como área de influencia de los Estados Unidos. Hay que recordar que Venezuela es el primer comprador de armas de América Latina a Rusia y la llegada de esos aviones rusos responde a la ejecución de contratos firmados entre los dos países sobre material militar diverso, desde misiles hasta tanques. Se ha dicho que esos 100 consejeros  militares rusos tienen como misión el asesoramiento en el mantenimiento y operatividad del armamento producido por Rusia. (La presencia rusa coincide con la inhabilitación política del 'presidente' Guaidó a solicitud del dictador Maduro.) Hay un hecho cierto, de momento: Guaidó y la oposición democrática venezolana no lograron el apoyo del Ejército de Venezuela.

La presencia rusa en este país responde sin duda a que es uno de los grandes del petróleo, con Arabia Saudí. Responde igualmente a la política expansiva y de influencia del presidente Putin, echando un pulso a las otras grandes potencias, como fue el caso en sus reivindicaciones territoriales en Georgia, en su ocupación como hecho consumado en Crimea, en la dirección de la guerra de Siria y permanencia militar estratégica en este país, en sus constantes amenazas a los Estados Unidos y a la OTAN con apuntar sus misiles a capitales europeas si instalan baterías de misiles en países limítrofes con Rusia, que formaron parte de la URSS y del Pacto de Varsovia.

¿Es equivalente la presencia rusa en Venezuela con la instalación por la URSS en 1962 de misiles con cabezas nucleares en Cuba? No, pero podría llegar a serlo. La importante presencia económica y comercial de China en la región latinoamericana podría ser, si ya no lo es, un abastecedor de bienes de primera necesidad para el régimen de Maduro. Las leyes internacionales no dejan espacio de intervención al presidente Trump, a no ser que la seguridad internacional se vea seriamente amenazada. Pero las leyes venezolanas sí permiten, de momento, el cambio democrático por la oposición venezolana. El reto es de gran complejidad.

Por otra parte, pero interrelacionado, Arabia Saudí ya tiene muy avanzada la construcción de un reactor nuclear con fines de 'investigación', diseñado por Argentina (sin duda con luz verde de EE UU). Este sería el primer reactor nuclear de un programa de 16, con una inversión prevista de 80.000 millones de dólares. La Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) ha pedido a Arabia Saudí que aplique las «salvaguardias» y que el proyecto no se desvíe para uso de armamento nuclear. Los responsables saudíes han respondido que así será salvo si Irán construye la bomba atómica. Hay que recordar que la luz verde dada por el presidente Trump a la carrera armamentística abre un atractivo campo a este tipo de inversiones y transferencia de tecnologías a las grandes potencias en guerra fría comercial pero no menos caliente, así como a potencias emergentes. Baste recordar el viaje de Trump en 2017 a Arabia Saudí, en donde firmó contratos de armamento por 110.000 millones de dólares. La anunciada retirada de los Estados Unidos de Irak y de Siria quedaría 'cubierta' por el Ejército saudí, uno (si no el que más) de los más modernizados de la región medioriental y del Mediterráneo sur. El tablero de ajedrez en el Oriente Medio es, nunca mejor dicho, un barril de pólvora con estados fallidos, milicias al margen de los ejércitos regulares, terrorismo encubierto, Israel nuclear, Palestina acorralada, y con la Libia mediterránea en guerra con dos gobiernos y con fuerte presencia del terrorismo yihadista frente a las fronteras sur de Europa. El dato muy significativo es la presencia expansiva de Rusia, que llegó a Siria para quedarse con una importantísima base militar bañada por el Mediterráneo.

¿Podríamos preguntarnos a qué juega Arabia Saudí? Su enemigo declarado es Irán. En ello hay total coincidencia con Israel y la política de Netanyahu. Esta es una de las claves en el avispero del Oriente Medio. La otra clave es Turquía, miembro de la OTAN (y que apoya a distancia al dictador Maduro), y Egipto, con una población que roza los 100 millones de habitantes y con un potente poder militar. Todos buscan la hegemonía en la región sin excluir las repercusiones en el Mediterráneo. Futuro muy incierto, lleno de inestabilidad y nubarrones, con los palestinos en plena tormenta de arena.