Ultramemia

La elección de un grupo para un concierto jamás debería ser una decisión política

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Las dos veces con el mismo grupo. El año pasado ocurrió en Marbella y ahora ha pasado en Madrid. El flamante Ayuntamiento de la capital española, liderado por un señor que se está convirtiendo en algo cada vez más siniestro y que va a terminar siendo el malo de cualquier tebeo, ha cancelado la actuación del grupo de rap-rock Def Con Dos que tenía previsto celebrarse el día siguiente, hoy mismo si leen esto el viernes, en las fiestas de un barrio madrileño, Tetuán. El motivo de la censura es la acusación que recibió su cantante por un delito que al parecer es muy común, enaltecimiento del terrorismo, y que le llevó a ser condenado por el Tribunal Supremo en uno de los días más tristes para la libertad de expresión al que se ha enfrentado una buena parte de nuestra sociedad, porque si no fuera por las redes sociales esto es algo que sólo podría haber sucedido en este país hace 50 años. El consistorio madrileño, envuelto cada vez más en la tristeza, ha argumentado suspenderlo «no avalar actitudes que fomentan el odio». Lo dice un gobierno auspiciado por la extrema derecha. De acuerdo.

Eso ha pasado en Madrid y ahora un grupillo de aprendices solicita lo mismo en el Rincón de la Victoria. Allí, en este municipio de feliz literalidad, han hilado más fino aludiendo a la creencia de que «el público que atrae este grupo dista mucho del deseable». Lo dice un concejal de Vox, para quien creemos que resultará mucho más atractivo el público de Bertín Osborne o el de Siempre Así que el de un cantante de rap. Acabáramos. Porque al final, a todos se les olvida algo fundamental y es que elegir a uno o a otro grupo para un concierto jamás debería ser una decisión política y que hacerlo supone una retromanía y una injerencia lamentable. Si van de liberales, dejen que la gente escuche también la música que no les gusta.

El cantante de Def con Dos, César Strawberry, que mantiene activo un recurso ante el Constitucional, fue condenado por seis tuits que es verdad que pueden resultar asquerosos, incluido un chiste sobre Carrero Blanco que toda España se sabe de memoria y que a mí me contaron en el colegio junto a una retahíla de bromas macabras sobre mil acontecimientos, porque si hay algo sagrado en el humor es la capacidad de podernos reír sobre todo lo que nos pase. Hay que añadir que la censura política viene dada por unos mensajes que se escribieron en la esfera de lo privado, un territorio cada vez más pisoteado por los juicios paralelos y por las modas. Por esta manía de lo correcto que le ha dado a todo el mundo de repente, y que hace que censuremos libros y películas por acusaciones más o menos fundamentadas, a veces sobre acciones sucedidas a lo largo de su vida. Por tonterías o equivocaciones cometidas por personas imperfectas.