UE-Mercosur: Un acuerdo polémico y con futuro

El tratado será claramente beneficioso, en especial para los consumidores de ambas partes; mientras las instituciones nacionales y europeas serán las encargadas de compensar a los sectores perjudicados

UE-Mercosur: Un acuerdo polémico y con futuro
CARLOS MALAMUD Y FEDERICO STEINBERGINVESTIGADORES DEL REAL INSTITUTO ELCANO

Pese al tan repetido calificativo de histórico, el acuerdo alcanzado in extremis por la UE y Mercosur fue valorado de diversas maneras, algunas contradictorias, en las dos orillas del Atlántico. Aquí se ve cómo la política nacional se mezcla con los intereses sectoriales, los ganadores se solapan con los perdedores en un contexto de mucho ruido que lleva a situaciones no deseadas. Sin aún conocer la letra pequeña, ya se escuchan voces, a veces intensas y de gran dramatismo, acusando a los firmantes de entregar su futuro al contrario. Esto se ha oído, por ejemplo, en ciertas asociaciones de ganaderos y agricultores europeos, pero también en destacados grupos de la oposición política argentina, que pese a sus abismales diferencias coinciden en que el resultado final es desastroso.

¿Es esto así o hay un exceso de victimismo entre los hipercríticos del Tratado? Más bien lo segundo, especialmente si se considera que el acuerdo es fruto de una negociación de más de 20 años que ha terminado cerrando un complicado sudoku de intereses contrapuestos. De hecho, es una de las negociaciones más complejas en la que han trabajado las instancias comunitarias.

¿Por qué fue posible firmar el acuerdo ahora, después de tanto tiempo y tantas rondas negociadoras frustradas? Algunos elementos permiten explicar el desenlace, como la presencia de Donald Trump y sus críticas al libre comercio, al multilateralismo y a la alianza con Europa. Sus ataques a la Unión, incluyendo a Alemania, su defensa del 'brexit' y de los líderes opuestos al ideal europeísta y su cuestionamiento de la política de defensa europea y de la OTAN han llevado a muchos dirigentes de la UE a replantearse el vínculo transatlántico. Ante estos ataques a la cooperación económica es lógico mirar en otras direcciones, y más cuando la presencia china y la guerra comercial con EEUU suscita temores renovados. Tampoco debe olvidarse el papel de España, durante sus diversos Gobiernos, que siempre abogó por cerrar el acuerdo, como mostró el impulso final dado por Pedro Sánchez.

En América Latina, los recientes cambios políticos explican la actitud de los Gobiernos de Mercosur, allanando el camino y dando un nuevo impulso a la negociación. Sin el liderazgo de Mauricio Macri hoy no estaríamos donde estamos. Sus presidentes (especialmente los de Argentina, Brasil y Paraguay) tienen una actitud más positiva frente a la apertura económica que la de sus predecesores, próximos al proyecto bolivariano y con propuestas más proteccionistas. Desde esta perspectiva no es lo mismo un Mercosur liderado por Macri, Jair Bolsonaro, Mario Abdó e incluso Tabaré Vázquez que por Cristina Kirchner, Dilma Rousseff, Fernando Lugo y José Mujica, como ocurría en 2011.

Volviendo a las críticas queda claro que el acuerdo generará ganadores y perdedores, algo que debe contextualizarse. Desde la perspectiva europea, si bien la producción agrícola y ganadera salió mejor parada en otros tratados semejantes porque no hay nadie más competitivo en productos primarios que el Cono Sur, en términos netos el acuerdo será claramente beneficioso y serán las instituciones nacionales y europeas las encargadas de compensar a los sectores perjudicados. Ahora bien, si hay un ganador claro en todo esto son los consumidores de ambas partes que accederán a un mayor rango de bienes y servicios a precios más accesibles.

Según un estudio de la Universidad de Manchester el Tratado podría llegar a incrementar el PIB argentino un 0,5%, el brasileño un 1,5, el uruguayo un 2,1 y el paraguayo un 10%, mientras que la mejora del PIB europeo sería del 0,1%. Siempre es conveniente tomar estas estimaciones con cautela, pero no cabe duda de que este acuerdo de libre comercio, como los anteriores, permitirá aumentar la producción y la eficiencia a nivel agregado y generará ganancias netas en ambos bloques, que en algunos sectores serán especialmente elevadas dados los altos aranceles existentes. Cosa distinta es cómo se distribuirán esas ganancias y cómo se puede compensar a los perdedores, pero esto es responsabilidad de los mecanismos de redistribución interna en los distintos países.

Pese al alto valor tanto económico como geopolítico del acuerdo, el tema no está cerrado. Quedan varios pasos pendientes. El más importante, completar los detalles y redactar la letra pequeña que especificará los plazos de eliminación de las barreras comerciales y los productos de cada grupo. Además, el Tratado debe ser aprobado por el Parlamento Europeo en el capítulo comercial y por los Parlamentos nacionales en los apartados de diálogo político y cooperación, así como por los cuatro Parlamentos nacionales de Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay).

Un triunfo del kirchnerismo en las próximas elecciones presidenciales podría amenazar su ratificación por el Parlamento argentino, a tenor de lo manifestado por algunos de sus máximos responsables. En este caso, no sería descartable que los otros tres socios de Mercosur y la UE decidieran avanzar en solitario para no desperdiciar una oportunidad única como esta.