Trump y el correoso Irán

ENRIQUE VÁZQUEZ

Hace exactamente quince días que el presidente Trump canceló un devastador ataque aeronaval contra objetivos iraníes y no vaciló en contar con su estilo contundente que cuando tomó la decisión sus aviones estaban ya a pocos minutos del espacio aéreo de Irán y sus barcos en posiciones de combate.

Conociendo al personaje se puede creer que algo concreto le movió y le evitó la comisión de un grave error porque la operación habría matado muchos civiles y habría sido catalogada de inmediato como lo que era: una clásica represalia ciega, inmadura, del todo insuficiente y apenas bien justificada por la conducta del adversario, cuyo pecado habría sido derribar unos días antes un dron, por definición no tripulado, y que, según un amplio consenso internacional, había violado el espacio aéreo iraní.

El tiempo del último sha de Persia, Mohamed Reza Pahlevi, terminó hace ya 40 años, con la revolución encabezada por el ayatollah Jomeini, fundador del régimen vigente. Sobra decir que el sha había alineado enteramente su política exterior y de seguridad con los intereses norteamericanos y cuando una revuelta social imparable acabó con su régimen Washington nada pudo hacer por evitarlo. Hoy, sus sucesores están ya abiertamente en el punto de mira del Pentágono y del propio Trump, por no hablar de Israel, que los tiene por el enemigo público número uno de su administración.

Irán -la vieja Persia de la historia regional- ha alcanzado una considerable dimensión política, técnica y militar en el área y su condición de país musulmán shií -no sunní, como la casi totalidad del islam medio-oriental- estable, dotado de una clase política de primer nivel , de ingentes reservas de petróleo y un programa atómico oficial y controlado por la ONU, es decir lo opuesto al de Israel que formalmente ni siquiera existe.

Todo esto sucede en el indeseado primer plano del complejo escenario estratégico de la inquietante región. El dúo Trump-Bolton (por John Bolton, su asesor de seguridad nacional y militante explícito de la línea dura) parecían resueltos a bombardear Irán en el contexto del derribo del dron, pero algo que no ha sido revelado en detalle paró el golpe inminente en una decisión que Trump, sin dar la menor pista sobre su conducta, se atribuyó en su condición inobjetable de comandante en jefe.

Alguien que podría ser Vladimir Putin, en buenos términos con las dos partes y cuya posición es de una equidistancia tradicional entre ambas, impidió lo que podría haber sido el principio de un conflicto fuera de control porque, de eso no hay duda, Irán habría respondido y alterado a fondo y para mucho tiempo el viejo y delicado statu quo regional. Sobra decir que el problema de fondo sigue en pie y los dedos en el gatillo de todas las partes.