Tres amigos

Juan Francisco Ferré
JUAN FRANCISCO FERRÉ

Tengo un amigo al que le gusta experimentar con su cuerpo y su mente. Ante las últimas noticias sobre epidemias, se precipitó a comprar el elixir del hombre-lobo y la carnaza sevillana. Tras ingerir altas dosis del fármaco infantil e infectos productos Magrudis, sintió que su cuerpo se sublevaba contra él. La mitad superior se le volvió lobuna y la mitad inferior gozosamente femenina. Ha empezado a pintarse las uñas de los pies de colores alegres y a peinarse el torso atendiendo a las nuevas modas en peluquería animal. La vida se parece cada vez más a una peli ochentera de Cronenberg, cuando creíamos que el canadiense filmaba pesadillas fantasiosas. Hoy estamos sometidos a experimentos que solo reconocemos cuando los efectos secundarios nos hacen atractivos para la televisión. Mi amigo ya se prepara para recibir en casa a las cámaras de Telecinco y Antena 3.

Tengo otro amigo tan vicioso que cada vez que su mujer lo deja solo, por viajes y asuntos de trabajo, en vez de ver porno como cualquier hijo de vecino, se dedica a leer libros de teoría francesa subidos a internet. No solo se empapa de Derrida, también se enfanga en Foucault y Deleuze, convencido de la necesidad de mantenerlos vivos por lo que pueda pasar. Mi amigo es un perverso de verdad y no uno de esos puteros baratos que solo usan los avances tecnológicos para hacer regresar el cerebro humano al tiempo de los Picapiedra. Me acuerdo de los Picapiedra ahora que Pedro y Pablo son nombres que suenan mucho en los medios y no es para quejarse de la convivencia doméstica en un entorno de dinosaurios veganos y vestuario femenino bastante primitivo. Estos Pedro y Pablo de los que escuchamos hablar con frecuencia tienen rostros de piedra y lenguas de madera y expresan menos con sus labios de lo que un sordomudo podría descifrar.

Mi mejor amiga pasa los días estudiando neurociencia y consumiendo series británicas. Ahora que viene el 'brexit', me dice, es el momento. Me explica que el funcionamiento de la conciencia humana no es tan distinto de la vida política. La conciencia actúa como una asamblea democrática donde el liderazgo solo aparece de manera temporal para controlar el desorden y tomar decisiones. Me comenta también 'Years and Years', una curiosa serie sobre futuros alternativos donde se habla de España. La España de 2027 es un paraíso global del matrimonio gay gobernada por un partido revolucionario de extrema izquierda. Y me pregunto si será esto lo que Sánchez, con su don profético, pretende evitar que suceda ya en 2019. Y si será esto, en definitiva, lo que Iglesias quiere acelerar, antes de que se le acabe el crédito. A juzgar por sus actitudes, cabría pensar que a los líderes políticos les preocupa más el futuro de España que su presente. No hay quien se lo crea.