Trabajamos con angustia

Es el momento de reflexión y diálogo. La clase política debe aceptar la evidencia de que existen problemas y actuar. El sistema sanitario tiene muchas cosas buenas pero otras tantas mejorables

Trabajamos con angustia
MIGUEL DÍAZ CASADO DE AMEZUAColegiado de Honor del Colegio de Médicos de Málaga

¿Cómo podríamos definir y cuán madura es una sociedad que permanece hierática ante las continuas agresiones físicas, verbales y psicológicas a los profesionales del Sistema Sanitario Público? ¿Por qué tenemos que soportar la frustración del usuario por su caótica gestión? ¿Ni siquiera merecemos el respeto inherente a ser persona hasta el punto de sufrir violencia? ¿Por qué hay que trabajar con angustia sabiendo que somos la diana de las iras por las carencias del sistema? ¿Cuántos guantazos más hemos de recibir para que se tomen medidas coercitivas acordes contra quienes abusan del mismo?  

Las agresiones a sanitarios están vinculadas, inequívocamente, a cuestiones educacionales. El usuario responsabiliza a la primera bata blanca que encuentra de las múltiples carencias del sistema en lugar de utilizar el medio legal establecido para reclamaciones y que, en modo alguno, pasa por golpearle: ni somos sacos de boxeo, ni sparrings de gestión de imprevistos, ni responsables de las promesas de mejora incumplidas por la clase política a lo largo del tiempo. Existe un desasosiego generalizado entre las personas que honran diariamente a una profesión única, que exige tener los sentimientos más nobles y los conocimientos y recursos más amplios para poder ejercerla. Nos entregamos a las personas 'de principio a fin', haciéndome eco del gran lema de nuestro Colegio, el Colegio de Médicos de Málaga, vocación de la que ha servido la Administración para imponer la pulsera de «todo incluido». Lamentablemente, en los últimos años, la sagrada relación médico-paciente ha transitado a una farragosa, incomprensible y perniciosa gestión burocrática y estadístico-informática que ruborizaría a nuestros grandes maestros.  

Y es que, realmente, nos gusta nuestra filosofía de vida: solo es capaz de sentir lo que significa ser médico/a quien vive por y para ello desde su vocación, amando la Medicina, estudiando diariamente con el fin esencial de obtener el bienestar integral de la persona y su familia bajo los prismas de la ética, sabiduría, evidencia científica y humanismo. Con estos mimbres, ¿qué otra profesión hay que sea tan satisfactoria? Y este tesoro será inalcanzable para quienes, desde un gélido despacho, insisten en convertir la Medicina en un consumer product al modo del fast-fashion o fast-food.

Numerosos y coincidentes son los posicionamientos de colegios profesionales, sindicatos, Asociación Basta Ya, colectivos, periodistas: a los trabajadores del Sistema Público de Salud les gustaría que se mejorase, y mucho, la situación actual. Y añado: ejercer en sanidad pública tal y como está hoy día no es saludable para los que la practican ni para los que la reciben.

La Administración saliente se mantenía enrocada en mantras de buen funcionamiento validando la mediocridad actual: escaso tiempo de atención en general y particularmente mínimo para pacientes crónicos, incapacitados y en cuidados paliativos; cupos masificados, agresiones, informática ineficaz, carteras de servicios dispares, cierres de consultas y camas, colapso de hospitales y centros de Primaria con ausencia de lo prometido, mínimas o nulas sustituciones, demora de pruebas complementarias o inaccesibles, contratos indecentes aumentando la temporalidad de médicos jóvenes al 130% en un año, éxodo de 1.200 médicos en la última década, listas de esperas, oposiciones sin cadencias ni resoluciones oportunas, brecha salarial…  

Gran avance para la Administración fue disponer de TV en la habitación hospitalaria en vez de haber presentado un plan ambicioso que hiciese regresar a quienes emigraron buscando condiciones laborales dignas porque las promesas de mejora que el colectivo profesional recibía resultaban ser columnas de humo que no dejaban ver ni respirar e hicieron desaparecer la ilusión de trabajar por y para esta comunidad. La paciencia terminó cuando se afirmó en septiembre del año pasado desde la Consejería que el presidente del Colegio Médico mentía (por extensión el colectivo de más de 8.000 facultativos y el personal del órgano colegial) en lo que a agresiones respecta.

Nuevos rumbos y aire fresco llega. Es momento de reflexión y diálogo. La clase política debe aceptar la evidencia de que existen problemas y actuar. El sistema sanitario tiene muchas cosas buenas pero otras tantas mejorables. Es necesaria la regeneración integral desde la base principal: diálogo, actitud y apuesta real por Sanidad. Los sanitarios estamos abiertos a prestar consejo pues somos los primeros eslabones de la función pública, a quienes nos exigen respuesta inmediata ante una emergencia o quienes convivimos con la salud y la enfermedad, con la vida y la muerte. Y a quienes, desgraciadamente, nos intentan ensartar con sombrillas de playa. Precisamos recursos humanos y técnicos suficientes que nos permitan ejercer con dignidad y recibir el salario justo conforme a nuestra responsabilidad. Es primordial que la sociedad conozca la situación real de la sanidad, virtudes y debilidades, educando en casas y escuelas la necesidad del buen uso del Sistema: los beneficios redundarán en ella misma. Tenemos la experiencia y los referentes: Grandes médicos vocacionales como mi padre, el Dr. Díaz Recio, conocían íntegramente a la persona porque podían dedicarle el tiempo oportuno. Su cultivada sabiduría y experiencia, sus historias clínicas intachables, su extremado humanismo: Medicina en estado puro. Hoy día, aquí, existen médicos como él. Solo es necesario que la Administración les facilite los recursos necesarios. Hace tiempo que aspiramos a dignificar la Sanidad, cuenten con nosotros.