Torremolinos Now

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

El revanchismo suele ser terreno yermo, por tentador que resulte ajustar cuentas con el pasado. Ocurre también en política, sobre todo cuando el empeño por sepultar la gestión anterior impide desarrollar un proyecto propio. En Torremolinos, para marcar distancias, bastaba con mostrar un talante abierto al diálogo y la transparencia, cualidades que Pedro Fernández Montes nunca tuvo. José Ortiz, investido alcalde en 2015 tras dos décadas de mayorías absolutas del PP, entendió esta necesidad desde el principio, aunque el paso de la legislatura haya demostrado que su inicial afán conciliador escondía más impostura que convencimiento. Algunos gestos cercanos al despotismo han resquebrajado su trabajada máscara institucional, como si hubiera olvidado que gobierna en minoría o, peor, que accedió al cargo por demérito de su antecesor más que por virtudes propias. El nuevo centro peatonal es probablemente la primera medalla que puede colgarse por sí mismo, incluso cuando el resultado deja flecos preocupantes como el anacronismo de algunas fachadas descuidadas, la suciedad acumulada en el pavimento recién instalado o la invasión de terrazas que dificultan el paso en algunos tramos. Pero lo cierto es que, aunque le pese a nostálgicos y endeudados, el cierre al tráfico de vehículos ha resultado un acierto potenciado por el diseño de Salvador Moreno Peralta, que insufla vida a un espacio que llevaba años en caída libre hacia el deterioro y pone en evidencia, por comparación, la dudosa estética de varias plazas, fuentes y estatuas de Torremolinos, con su reguero de caspa todavía sin sacudir. Ahí está el Monumento al Turista, donado por Sandokán, o 'El rapto de Europa', cuya contemplación da ganas de apoyar el Brexit.

La peatonalización requiere ahora altura de miras para que el próximo Gobierno local mantenga la estrategia de regeneración urbana iniciada por el PSOE, que debe ampliarse a los barrios de forma urgente. Tampoco habría que dejar escapar el tren del edificio que fue propiedad de María Barrabino, con cuya adquisición por parte del Ayuntamiento se puede estar más o menos de acuerdo pero, una vez comprado, parece lógico integrar en la plaza Costa del Sol con un uso adecuado que sirva como reclamo turístico. Una oposición responsable lideraría estos detalles, desde la necesidad de buscar una solución para mantener limpio el centro hasta la propuesta de contenidos para la plaza, pero estamos a escasos cinco meses de las elecciones municipales. Sería mucho pedir.

 

Fotos

Vídeos