Toques de atención

La sensación generalizada es que la democracia está viva, pero no coleando

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Los analistas de la política internacional anuncian que la democracia sigue viva. El que en un principio era un peligro para las libertades y para el propio sistema democrático, Donald Trump, ha provocado precisamente un aumento de la participación en la última jornada electoral de Estados Unidos donde los demócratas recuperan la Cámara de Representantes pero no obtienen el control del Senado, con mayoría absoluta republicana. Para Trump esto supone un toque de atención que a todo el mundo se le antoja laxo: por ahora no podrá cumplir su sueño de levantar un muro en México, quizás deba publicar los datos de su situación fiscal y la posibilidad de que la Cámara plantee un 'impeachment', es decir, la hipotética destitución del presidente, quedaría anulada por su mayoría en la Cámara alta. Donald Trump ya ha dicho que estas elecciones le importan tres pimientos, porque la conclusión para él es que le sigue apoyando una cantidad de votantes que fuera de Estados Unidos se considera incomprensible. Si para alguien supone un verdadero toque de atención electoral es para el Partido Demócrata que, por no tener, no tienen estrategia ni candidato. Parece evaporada la idea un tanto alocada de que se postulara como presidenta la presentadora y actriz Oprah Winfrey. El precandidato de moda hoy por hoy es Beto O'Rourke que, pese a ser vencido por Ted Cruz en su territorio, parece contar con un apoyo importante por una parte del electorado demócrata. Por lo pronto, gente como Beyoncé, Spoon y Willie Nelson han mostrado su apoyo público a esta candidatura.

La impresión generalizada que queda de las elecciones americanas es que sí, la democracia está viva, pero no coleando. Sin una justicia eficaz y eficiente, la democracia sufre anomalías. En España estamos viviendo estos últimos días una peligrosa pérdida de prestigio y de credibilidad de nuestro sistema judicial. El Tribunal de Estrasburgo ha emitido una sentencia en la que considera que Otegi y otros cuatro condenados no tuvieron un juicio justo ni que cumpliera todas las garantías, condenando a nuestro país a indemnizar o resarcir de alguna manera a estos cinco condenados por la justicia española. Esto ocurre cuando Europa ve cada vez con peores ojos la situación de los dirigentes catalanes que instigaron la autoproclamación de la independencia, y que continúan en prisión preventiva sin haber sido sometidos a ningún juicio. Lo último, el escándalo del impuesto de las hipotecas puede revelarse en realidad como una victoria de la política, aunque suene un poco raro tener que cambiar las leyes para que los jueces le den la razón a Pedro Sánchez. La nueva ley que prepara el Ejecutivo es un breve alivio y una bofetada al Supremo: una de las más grandes que ha vivido la corta etapa democrática en nuestro país. La banca por su parte no debe preocuparse demasiado; lo que harán, con toda probabilidad, es inventarse una tasa para que al final el coste del impuesto recaiga en el consumidor.

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