Tomen nota

Allá donde desembocan los ríos al mar grandes cantidades de hectómetros cúbicos, hacerlos llegar a tantas huertas españolas sedientas capaces de generar riqueza, empleo y bienestar, de manera exponencial

JOAQUÍN L. RAMÍREZ

Es un contraste verdaderamente sonado y algo llamativo ver como las encuestas de intención de voto van por un lado y la realidad del crecimiento constante del empleo y la economía por otro. El recentísimo acuerdo del Ministro de Hacienda y los representantes sindicales de los funcionarios del estado, que aumentará sus retribuciones en 8% en tres años, es un buen ejemplo de que la recuperación es una realidad. Terminaba Montoro su comparecencia, tras el anuncio de este aumento y su firma, llamado la atención al sector privado e invitando a empresarios, empresas y agentes sociales, a 'tomar nota'. Si suben los salarios, sube el consumo; si ello ocurre aumenta el empleo, Hacienda recauda más y el estado tiene más dinero para inversión, empleo y bienestar social. Se trata de una ecuación compleja, redonda y cuyas incógnitas se saben despejadas.

Si España empieza a funcionar bien es porque se ha puesto manos a la obra con las más adecuadas políticas económicas y sociales. Hay tajo por delante, hay que subir las retribuciones en general y de ello ya tira también el sector público. La importante subida del salario mínimo y el aumento previsto para los propios funcionarios va a ser -lo es- piedra de toque para generalizar una mayor liquidez para los ciudadanos. Hay que crear más empleo, llegar a los 20 millones de afiliados en la Seguridad Social a que aspira el Gobierno y superar esta cifra es algo que empieza a estar al alcance de la mano. Y las pensiones no tienen más secreto que el de una importante disminución de la tasa de paro y que los cotizantes lo sean en número suficiente para sostener el sistema y acabar con toda duda.

Hay que reforzar las exportaciones y la industria del automóvil, abundar en las empresas de nuevas tecnologías e innovación y el resto de las empresas productivas de todo orden con políticas fiscales y sociales que favorezcan su consolidación y nuevo establecimiento. La agricultura sigue siendo muy importante y actual, el agua es su punto débil; llevar a cabo el pacto hídrico es vital y, antes que desaladoras y sus agresivas consecuencias, hay que hacer llegar el líquido elemento allá donde se pueda sin causar daños a la naturaleza y con todas las garantías. Es fácil de decir, pero allá donde desembocan los ríos al mar grandes cantidades de hectómetros cúbicos, bien se pueden recoger en todo o en parte y hacerlos pasar por tantas huertas españolas sedientas y, sin embargo, capaces de generar riqueza, empleo y bienestar, de manera exponencial. Todo ello no es sino racionalizar nuestros recursos para obtener un mayor bienestar para todos.

El muy pujante sector turístico tiene ante sí el reto de conseguir batir de nuevo sus números, esmerarse en la consecución de mayor calidad de forma constante y desestacionalizar sus destinos. Por cierto, volver a situar nuestro huso horario en una hora menos traería más debilidades que fortalezas a nuestras playas en el verano, donde las horas del día son el mejor producto que podemos ofrecer. Que anochezca casi a las 10 de la noche no es preciosamente un inconveniente para las empresas y establecimientos y el tejido turístico de empleo, disminuir posibilidades no es una opción.

Si España es más rica también es más fuerte, más solidaria y con mayor empuje. Las políticas sociales y migratorias se verán favorecidas porque habrá más recursos disponibles. Incluso, cabe reseñar que el conflicto político catalán continuará disminuyendo su intensidad en forma directamente proporcional a la buena marcha de la economía, es un hecho, no pregunten por qué.

Aun a pesar de todo lo expuesto, los problemas no desaparecen, se solucionan unos y aparecen otros. Hay que ir a una fórmula de financiación autonómica, ya se sabe. Hay que afrontar la nueva oleada de autoafirmación de las lenguas regionales, su papel, su protección y su coexistencia con la lengua española, una de las tres más importantes del globo y a cuya riqueza e inmensas posibilidades no podemos renunciar ni en un ápice. Euskaldinizar Navarra contra toda lógica imponiendo una lengua que sólo habla menos del 5% de la población es uno de estos caprichos acaudillantes que hay que hacerse ver. Las trabas y nuevos requerimientos en Baleares para todo tipo de servidores públicos, médicos y resto de funcionarios o la pretendida llegada del bable a la oficialidad son dislates que no pueden tolerarse. En suma, hay muchos ejemplos de progreso y otros que no tanto. Y al fin, cabe decir que las movilizaciones en el día de la mujer trabajadora y sus justas reivindicaciones de igualdad ponen sobre la mesa, más que ninguna otra cosa, que ésta es una sociedad imparable.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos