Tolerancia cero con los abusos sexuales

Padres, madres y tutores deben romper las burbujas de silencio, por el bien de sus hijos, amigos y allegados; por el bien de la sociedad y, si son cristianos, por el bien de la Iglesia

Tolerancia cero con los abusos sexuales
Gaspar Meana
Francisco J. Carrillo
FRANCISCO J. CARRILLOExEmbajador de la UNESCO y Académico

La Iglesia católica se ve sometida a una serie de escándalos sexuales que, contrastados individualmente, constituyen delitos. En toda instrucción judicial, existe la presunción de inocencia mientras no se demuestre lo contrario. En casos tan graves, el supuesto actor de tales delitos –sobre todo, al tratarse de víctimas menores de edad– debería ser inhabilitado cautelarmente y distanciado mientras se instruyen las causas. El Papa Francisco se ha pronunciado enérgicamente en favor de la «tolerancia cero» en estos supuestos, calificándolos de criminales. Curiosa y sorprendentemente, se ha desencadenado una ofensiva que venía larvándose desde hace algún tiempo contra Francisco el reformista. Un malsano equilibrio, y una inercia, han sido puestos en cuestión por el Papa de Roma. La contraofensiva puede temer algunas medidas más radicales, que no irían contra el Evangelio aunque sí contra algunos cánones del ordenamiento jurídico de la Iglesia contenidos en el Derecho Canónico. Pienso en la supresión del voto de castidad, que podría pasar a ser optativo, tanto para hombres como para mujeres consagradas. Pienso en el papel fundamental que la mujer debería jugar en las primeras filas de la Iglesia, abriéndose la vía al matrimonio de consagrados y de consagradas (algunos apóstoles estaban casados), y en María Magdalena, santificada por la Iglesia que la declaró «apóstola de los apóstoles». Pienso en la existencia de diaconisas y jefas-obispos de comunidades cristianas (según san Pablo) que, en un momento de la historia de la Iglesia, fueron suprimidas al tiempo que se impuso el celibato. (Y ahora se me ocurre pensar en Sigmund Freud). Que parroquias, diaconado, sacerdocio, obispado, arzobispado, cardenalato, cátedra de Pedro, nuncios y otras funciones eclesiásticas puedan ser asumidas por mujeres, sería un signo evangélico de los tiempos, sin duda, al menos para mi modesto entender. En otras iglesias (las orientales, incluso de obediencia a Roma, y los protestantes) la mujer casada juega un papel de igualdad incluso en los más altos niveles de decisión. ¿Por qué no? Esa igualdad es consustancial a la naturaleza humana que se manifiesta en sociedad. Las prohibiciones fueron productos de la historia.

Los padres, las madres, incluso los tutores tienen una gran responsabilidad. Son ellos los que, como ciudadanos de a pie y de cercanía a sus hijos (menores o mayores), son los mejores colocados para observar las eventuales alteraciones en el comportamiento de sus hijos y llegar a descubrir los efectos de los abusos sexuales. El ciudadano, cristiano o no cristiano, tiene que romper la conspiración de silencio y denunciar inmediatamente la supuesta situación de abusos sexuales, sea a sus hijos, sea a terceros. Se trata de unos gravísimos hechos que no sólo conciernen al 'interior' de la Iglesia sino a toda la sociedad civil. Tolerancia cero. Y cierto es el dicho del que calla, otorga. Padres, madres y tutores deben romper las burbujas de silencio, por el bien de sus hijos, amigos y allegados; por el bien de la sociedad y, si son cristianos, por el bien de la Iglesia. Y que el peso de la ley caiga sobre esta lacra que algunos suelen activar con alevosía y con sibilinos chantajes en el ejercicio anómalo de una acción educativa o pastoral.

Los mecanismos punitivos no son los mismos se trate o no de una sociedad democrática, con pena o sin pena de muerte (hay sociedades que en tales casos aplicarían la pena de muerte, prohibida hoy por el Catecismo de la Iglesia y por la legislación de muchos países). En tales casos, se tendría que disponer de una jurisdicción internacional o de un tercer país democrático. Soluciones existen. Es cuestión de buscarlas y encontrarlas. Jurisdicción civil, con todas las garantías procesales, como así lo va manifestando el Papa Francisco y como así lo contemplan las legislaciones de países democráticos. Para estos delitos no debería existir la prescripción.

Se trata de una prioritaria tarea de saneamiento, en donde la Iglesia tiene una parte de responsabilidad, no sólo en materia de abusos sexuales con niños y niñas. Hay que actuar con rapidez para atajar este mal. El Papa Francisco ya hizo el llamamiento a católicos y no católicos para hacer efectiva la tolerancia cero. Existe una contraofensiva en el interior mismo de la Iglesia contra Francisco. Padres, madres y tutores tienen que estar muy vigilantes. La mejor forma es hacer un acompañamiento de sus hijos en el interior de las familias, en colegios, parroquias, centros de ocio… con una indispensable acción educativa y formativa, que tan eficaz será en la prevención de violaciones forzadas o supuestamente consentidas. Sigue existiendo el falso pudor y la omisión en este tipo de educación sexual. Es fundamental no dejarla en manos de las redes sociales o del grupo de amigos y amigas. No es excusa justificarse por la falta de tiempo impuesta por el ritmo trepidante de la sociedad actual. Hay que saber empatizar con los hijos y ayudarles a educarse y a modelarse por ellos mismos. De no ser así, serán potenciales víctimas de 'manadas' y de mentes enfermizas. No hay que dejar sólo al Papa Francisco. Y, sobre todo, a las víctimas.

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