Calle Ancha

En tiempos del alcalde Lizarza

FRANCISCO MOYANO

Es Marbella una ciudad en la que existen unas cuantas asignaturas pendientes cronificadas; da la sensación de que no seamos buenos estudiantes y no logremos el debido aprovechamiento. Una de esas materias con apariencia de insuperables es el Plan General de Ordenación Urbana. Cuando podemos esperar que el documento se encuentra ultimado, acostumbra a surgir algún contratiempo (seguramente podría utilizarse el término 'vicio oculto') que nos hace retroceder al eterno plan de los años ochenta. Cabe esperar que la actual modificación o nueva redacción esté progresando adecuadamente y definitivamente consigamos el aprobado o, a poder ser, el sobresaliente. El asunto de los planes de ordenación nos lleva hasta los años sesenta del pasado siglo, siendo alcalde de la ciudad don Antonio Lizarza Iturrarte, el 'alcalde discreto', quien nunca quiso hablar públicamente sobre su periodo al frente del Ayuntamiento. Uno de los históricos en la fundación de la asociación Amigos de la Música, a punto de cumplir los cincuenta años de existencia. En 1964 el Ayuntamiento presidido por Lizarza encargó la redacción de un Plan General de Ordenación y uno Parcial de interés inmediato correspondiente al Casco Urbano de la ciudad. El avance de este documento se encontraba a disposición de la corporación en el mes de diciembre de aquel año. Ante la obligatoriedad de que todos los miembros de la corporación se pronunciasen sobre el avance y aportasen las posibles modificaciones, se encargó un informe pormenorizado a la Comisión de Turismo, Obras y Ordenación Urbana. Tuvieron conocimiento del informe, deliberando ampliamente sobre su contenido, en la sesión plenaria de enero de 1965. Adoptaron una serie de acuerdos. En cuanto al avance del plan general, acordaron aclarar sobre el arbolado y señalar las zonas donde no existía pero que se iba a exigir su repoblación. Es extendieron bastante más en las modificaciones del Plan Parcial. Decidieron adaptar al plan el proyecto que se había redactado el año anterior para la construcción de un Paseo Marítimo; se hacía necesario delimitar las zonas del mismo que se encontrarían abiertas al tráfico rodado y cuáles quedarían exclusivamente peatonalizadas. Fue en la sesión plenaria de noviembre de 1964, cuando la corporación tuvo conocimiento de la carta recibida del Director General de Urbanismo, comunicando la posibilidad de la concesión, según decisión del Ministro de la Vivienda ( José María Martínez Sánchez-Arjona), de una partida de dos millones de pesetas (actualmente serían unos doce mil euros) como subvención de las obras del ansiado Paseo Marítimo. El pleno acordó remitir al ministro una carta de agradecimiento por la ayuda prestada. Resulta curioso que fuese el Ministerio de la Vivienda el que concediese la citada cantidad y no el Ministerio de Obras Públicas que, en aquel momento, presidía Jorge Vigón Suerodiaz. Acordaron igualmente contemplar en el Plan el desarrollo viario del campo de fútbol ( el 'Francisco Norte') añadiendo dos accesos más y prolongando el existente al sur hasta conectar con la calle Virgen del Pilar. El plan contemplaba dos zonas deportivas, una al sur y otra al norte del cementerio de San Bernabé, donde entonces existía un campo de tiro. Decidieron los munícipes la ampliación del equipamiento deportivo al sur y la supresión de la zona norte. El campo de tiro lo destinaban a paseo y jardines y facilitaban el acceso a la plaza de toros mediante la doble circulación de la carretera de Ojén y el desdoblamiento de la misma en el tramo entre la plaza y la cañada pecuaria. Desviaban unos metros la vía señalada de este a oeste, al sur del Albergue, para evitar la reducción de la superficie de la Huerta de Leganitos que en aquel tiempo había sido cedida a la Dirección General de la Guardia Civil para la construcción de una Casa-cuartel y sus correspondientes viviendas. Se preocuparon por delimitar convenientemente la zona dedicada a la actividad económica, con poca ambición, porque consideraban que la única industria que se podría establecer en Marbella era de pequeña envergadura. El paso del tiempo les ha dado la razón. De igual forma aludían en varias ocasiones a la arboleda, con la obligación de proceder a la repoblación; una preocupación «ecológica» ya existente entonces, aunque parezca algo exclusivo de los tiempos actuales. Aquellos planes, General y Parcial, cumplieron con su cometido, pero resultaron muy modestos, sin previsión del enorme crecimiento que la ciudad iba a experimentar en las décadas posteriores. Esta es una historia de los tiempos del alcalde Lizarza.

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