El tiempo es ahora

El 'segway' es el medio de transporte preferido de los cruceristas después del propio crucero

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

El otro día, y por causas que no vienen al caso, me vi involucrado como público en una conferencia sobre el futuro. La impartía Marc Vidal, un conocido divulgador económico y experto en estas lides, uno de esos que saben de lo que hablan pero también saben cómo decirlo, un tipo que convierte sus discursos en sesiones colectivas de 'coaching', o sea, de entrenamiento emocional, como un pilates para la cabeza. Allí se nos enseñó un futuro bonito pero que daba un poco de miedo verlo. Para empezar, aquello no era el futuro. Como en la canción de Moloko: el tiempo es ahora. Ya estamos ahí.

En 2020 se presentará el desarrollo oficial de la tecnología 5G que provocará que cada uno de nosotros maneje más de 32 Gb de información al día. Dicen que será lo más parecido a llevar un cerebro humano en el bolsillo, una imagen que puede resultar asquerosa, muy Cronenberg. Nos hablaron de Sophia, el robot más listo del mundo y que ya concede entrevistas. En Youtube hay una muy buena con Will Smith donde vemos que, tal y como le pasa a muchas personas de nuestro entorno, a Sophia le han instalado un sentido del humor que irrita a la comunidad científica, que suele ser más tendente a desterrar incertidumbres que a alimentarlas. Es verdad que cuando se instala el terror no sirven de mucho los números. También es cierto que hay pocas evidencias de que los robots vayan a desembarcar en las costas para quitarnos nuestro trabajo: la pesadilla de ser sustituidos planea siempre en la cabeza. En realidad, los países más robotizados son los que tienen menos paro.

Dicen que el gran reto de la tecnología es la movilidad. En mi último viaje a Madrid he visto las calles llenas de 'juguetes' que se alquilan por minutos, todo eléctrico, señora: motos de diversas marcas, bicicletas con el amparo de un motor, patinetes electrocutados, coches de tres ruedas y por supuesto esos endemoniados 'segway' que se antojan ridículos y que son el medio de transporte preferido de los cruceristas después del propio crucero. Ayer ya en Málaga vi a un chico que usaba una moto de las que se alquilan por minuto y llevaba una mochila de repartidor, el colmo de la economía colaborativa. No es menos cierto que nos hablan avances milagrosos y luego al lado de casa hay gente agonizando en las urgencias de un hospital público. No sé si me explico: cuando llegue el Hyperloop no se habrán terminado las obras del Metro. Pero no nos desanimemos. Al final de la conferencia, como para compensar, el gran Vidal nos dijo que había cosas que un robot no podrá hacer y que por lo tanto serán las más valiosas. Pensamiento crítico, saber hacer preguntas, la ventaja humana de equivocarnos mejor que las máquinas, creatividad tecnológica. Al final la inteligencia emocional es lo más importante. Y eso no será en el futuro, sino en el ahora.