VA A TENER RAZON EL HOMBRE

NIELSON SÁNCHEZ-STEWART

La verdad es que no sé en qué contexto Napoleón dijo aquello de que cuando China despierte... en un discurso, en una sobremesa, en una sesión de la Academia Francesa, mientras asistía a las reuniones para redactar el Código Civil, dirigiendo algún ataque, montado en su caballo blanco... Es un pensamiento digno de un genio porque día más o día menos, se acuñó hace doscientos años y hay que reconocer que en aquel entonces, el gigante asiático quedaba muy pero que muy lejos. Si hubiese estado más a mano, el corso habría pretendido invadirla, sin duda. Ni Alejandro, audaz él, había llegado. El Ganges, que también era remoto, se constituyó en un valladar infranqueable. La impedimenta en la edad del hierro era importante. Lo cierto es que la frase pasó la historia pero nadie le ha hecho mucho caso. Hemos presenciado de manera algo indiferente una de las transformaciones más importantes de la humanidad. Se acaba de morir un director de cine que nos hizo asomarnos a la vida de un ciudadano que nació en la Ciudad Prohibida y que terminó apretando tuercas en una cárcel fábrica después de haber tonteado con los japoneses en un reino fantasma y haber vagado sin saber qué hacer durante su ajetreada existencia. Hemos visto como los comunistas se hicieron con el poder absoluto después de arrojar a quienes pensaban de manera distinta a una islita donde aún subsisten gobernados por una señora, allí es nada cuando hace pocas décadas les vendaban los pies para que no les creciesen y no pudiesen huir.

Un ex primer ministro francés, además ministro de varias cosas, mejor intelectual que político, digo yo, escribió un libro hace más de treinta años que tituló robándole la frase al emperador: Quand la Chine s'éveillera... le monde tremblera. Sabía de lo que hablaba porque había estado no pocas veces en misiones diplomáticas y comerciales en el antiguo Celeste Imperio. Acababa de aparecer por allí el presidente de los Estados Unidos, ése de tan mala fama pero de tan brillante actuación internacional. Unos años después, don Alain escribió otro ensayo, La tragédie chinoise, en el que trató de poner las cosas en su lugar y no asustar demasiado al personal pero en 1997 escribió el tercer capítulo, definitivo, La Chine s'est éveillée.

Impertérritos hemos observado los cambios en el comercio minorista de nuestras ciudades, auspiciado por los propios locales que a la primera ocasión ya no te dirigen a los grandes almacenes de siempre sino a "los chinos" que en su bazar omnicomprensivo te vende desde sábanas hasta bolígrafos pasando por toda clase de utensilios domésticos y complementos para todos los gustos. Pero si analizamos despacio la incursión notaremos dos diferencias fundamentales entre la situación de los inicios y la que impera en el día de hoy. Los precios, que antes eran muy atractivos y ahora se han nivelado con lo que puede adquirirse en las tiendas tradicionales, y, más importante aún, el horarios de los establecimientos. De un 24/7 que permitía acercarse para la solución de cualquier imprevisto a la hora menos pensada, se ha pasado al normal, con cierres los fines de semana, a las horas de comer y por la noche. Me dicen que esto es fiel reflejo de lo que sucede en el continente del cual provienen estos simpáticos inmigrantes. Los cuellos Mao quedaron para los museos, se han bajado de las bicicletas y se montan en lujosos automóviles que, por su número, provocan embotellamientos colosales a pesar de que hay calles con más pistas que la suma de las principales de cualquier ciudad europea. Y que nadie se interesa por la política siempre que les dejen vivir como les da la gana. Aquel gobierno se movió mejor que el nuestro y consiguió que les devolviesen la colonia que ahora se queja porque lo de un país dos sistemas está cambiando.

A la ministra de, entre otras cosas, Turismo se le ha ocurrido una genialidad: fomentar el turismo chino con más vuelos y menos visados. Además, ha venido el presidente del gigante probablemente para evitar que el nuestro lo visite. Por otro lado, un científico amenaza con alterar los ADN y no hay día en que no nos machaquen con lo de la guerra comercial. Sabemos más de China que de nuestra propia casa.

En Marbella recordamos a los principales enemigos de España, Napoleón y el Almirante Nelson bautizando con sus nombres a dos edificios. No sé si es ignorancia, provocación o paradoja.

O un tributo a la clarividencia.

 

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