Teléfono de la vergüenza

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTA

Unos meses atrás, el parlamentario de Vox y juez en excedencia Francisco Serrano acudió a Marbella para presentar el libro 'Guía práctica para padres maltratados', del que es coautor, en un acto en el que estuvo acompañado por la presidenta de 'Despertar sin violencia', Carmen Sánchez. 'Despertar sin violencia' es una asociación que se presenta como defensora de las víctimas de malos tratos, y que cobra subvenciones como tal, pero que en realidad mantiene un discurso negacionista sobre esa realidad que afecta a miles de mujeres en este país y que en lo que va de año se ha cobrado ya cuarenta víctimas mortales.

Cualquier persona desinformada que hubiese asistido a ese acto habría salido con la convicción de que en España hay un serio problema de maltrato de las mujeres hacia los hombres, que impera un orden matriarcal que mantiene a los varones subyugados y que la condición de mujer lleva implícito un componente perverso que coloca a la población femenina en un plano de poder frente a una mayoría masculina desvalida.

Que un centenar de frikis aplaudieran con entusiasmo cada una de las barbaridades que Sánchez y Serrano lanzaron en aquel diálogo abierto, que por momentos parecía una competición de quién se atrevía con la teoría más absurda, con la frase más alocada, no tendría mayor importancia. Seguramente en todos lados, y singularmente en Marbella, debe haber público no sólo para un conferenciante que niegue la realidad de la violencia machista, sino también para quien lo haga con la teoría de la evolución o con la redondez de la tierra.

Lo que sí tiene importancia es que las instituciones que nos gobiernan hagan suyas estas teorías por una mera cuestión de necesidad política. La puesta en marcha, por parte de la Junta, de un teléfono 'contra la violencia intrafamiliar', como contrapunto al que ya existe contra la violencia machista, no es otra cosa que una cesión a quienes niegan la existencia de esa lacra. Se podrá justificar aludiendo a que hay hijos que maltratan a sus padres, mujeres drogadictas que matan a sus hijos o casos como el que se juzga en estos días en Almería, pero ningún suceso por escabroso que sea debería servir como coartada para dibujar una realidad ficticia mediante la utilización del viejo truco de convertir la anécdota en categoría.

La puesta en marcha de ese teléfono no busca resolver ningún caso que eventualmente podría producirse, sino relativizar un grave problema social que acumula más víctimas que el terrorismo, que obedece a una forma de pensar aún muy arraigada llamada machismo que se resiste a desaparecer y a la que Vox no quiere combatir, sino dotar de representación política.